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Libertad a tendero señalado de guerrillero por seguir órdenes de grupos ilegales

Tras 7 años de prisión domiciliaria, un juez absolvió a un campesino imputado por el delito de rebelión. Así se resolvió su libertad.

  • El frente Bolcheviques del Líbano perteneciente al ELN operaba en límites de Herveo con el Páramo de Letras, zona en la que Vladimir tenía su tienda. FOTOcolprensa
    El frente Bolcheviques del Líbano perteneciente al ELN operaba en límites de Herveo con el Páramo de Letras, zona en la que Vladimir tenía su tienda. FOTO colprensa
05 de diciembre de 2023
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A Vladimir* lo señalaron de ser guerrillero por intentar salvar su propia vida. Su pecado fue tener una tiendita en una zona estratégica para los actores del conflicto armado que llegaban con fusiles a pedirle favores, y lo mejor era no negarse, porque sabía que se enfrentaba a una desaparición, un atentado, o peor, un asesinato inmediato.

Pero ese destino que no pudo evitar llevó a que lo marcaran como insurgente y que la Fiscalía, a la ligera, le imputara el delito de rebelión. Vladimir tuvo que esperar 7 años encerrado en casa por cárcel hasta que un juez por fin lo dejó en libertad y declaró que fue una víctima de la violencia y de la justicia.

La tienda de Vladimir, campesino de hace 50 años en la vereda Damas Bajas, estaba ubicada en Herveo, Tolima, cerca a un río y a las vías que conectan con el páramo de Letras. Hasta allá bajaban armados los guerrilleros del Frente Bolcheviques del Líbano pertenecientes al ELN, para que el tendero les diera víveres o les guardara municiones. Vladimir accedía a cambio de que respetaran su vida.

Pero la Policía de la zona concluyó que esas actividades del campesino supuestamente hacían parte de una red de apoyo criminal y que él estaba encargado de suministrar víveres, hacerle inteligencia al Ejército, guardar armamento y ser un informante para el ELN. Así quedó radicado en el escrito de acusación que le hicieron a Vladimir, cuando lo capturaron el 16 de diciembre de 2016. Un día antes, las autoridades le hicieron un allanamiento a su casa campesina y en ella encontraron material de guerra que contenía 150 cartuchos calibre 5.56 milímetros y 5 proveedores metálicos para fusil de uso privativo de las Fuerzas Militares.

Para los agentes fue suficiente material para culpabilizar a Vladimir, eso sin siquiera tener en cuenta su contexto, por lo que la Fiscalía le imputó el delito de rebelión. Sin embargo, Vladimir sabía que no era un guerrillero y no aceptó los cargos. La respuesta fue darle casa por cárcel mientras se resolvía su juicio.

Dos años después de su captura, la justicia comenzó a escuchar a los testigos para resolver de fondo sobre la libertad del campesino. El 26 de noviembre de 2018, un juez escuchó los testimonios que presentó la Fiscalía, entre ellos varios uniformados de la Policía y dos guerrilleros del mismo frente que ya habían sido condenados por rebelión. Esos testigos hablaron en contra de Vladimir y apuntaron a que era un insurgente más.

Y el 21 de febrero de este año, se logró escuchar a la contraparte, a los testigos de Vladimir. La defensa llevó ante el estrado del juez a varios campesinos de la vereda, quienes aseguraron que conocían al tendero desde hace 50 años y aclararon que “no fue solamente a Vladimir, a todos nos toca convivir con lo grupos y los bandidos”, se lee en la sentencia.

Luego de escuchar ambas partes, el juez que llevó el caso determinó que la Fiscalía no fue lo suficientemente clara para demostrar la pertenencia de Vladimir al grupo insurgente puesto que el material probatorio que presentaron, entre ellos algunos informes de inteligencia de los uniformados, solo servían como una mera orientación en el caso.

Es decir, que los policías que sirvieron como testigos del ente investigador solo se refirieron a sus informes sin siquiera tener conocimiento directo de los hechos, puesto que esos documentos se construyeron a raíz de relatos de terceras personas, incluso bajo el anonimato.

Así mismo, para el juez no fue suficiente que encontraran municiones en su casa, pues ni siquiera encontraron elementos visibles que lo vincularan directamente con el grupo guerrillero. E hizo referencia a que, según la acusación, Vladimir le estaba guardando armas a alias Gabriel, integrante activo del ELN, pero no era lógico porque el guerrillero vivía a escasos 80 metros de Vladimir y ahí fue donde encontraron las armas.

Antes de leer su sentencia, el juez se dedicó a rechazar una por una las pruebas que presentó la Fiscalía. Y es que otro de los puntos que destacó el juez es que los testimonios solicitados por la defensa coincidieron en que Vladimir residía en esa región, que era un hombre trabajador y que no tenían ninguna queja sobre él y mucho menos que era un integrante del ELN.

Incluso, se escuchó el testimonio de Walter*, un integrante del grupo subversivo condenado, quien aseguró que conocía a Vladimir porque pasaba por su finca, pero nunca estuvo en contra del Gobierno.

Con todo eso, el juez rechazó la solicitud de la Fiscalía para condenarlo por rebelión y explicó que la tarea era demostrar que Vladimir quería derrocar al gobierno, pero lo único que probaron “fue el sufrimiento de las personas que viven en el campo, los cuales se encuentran a merced de grupos armados al margen de la ley, quienes se convierten en la autoridad en dichas zonas, y dadas esas circunstancias cualquier solicitud de aquellos se mira como una orden de obligatorio cumplimiento”.

Así las cosas, el Juzgado Penal del Circuito de Fresno optó por rechazar la solicitud del ente investigador y absolver de todo cargo a Vladimir*.

*Se cambiaron los nombres por seguridad de la fuente.

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