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Niños montaron cultivo de café en las laderas de Bello y sueñan con exportarlo

Niños del enorme asentamiento, ubicado en la parte alta del municipio de Bello, aprenden del oficio y ya sueñan con exportar a Italia, Bélgica y Estados Unidos para lograr su sustento.

  • De a poco el proyecto iniciado en esa zona de ladera de Bello ha empezado a dar frutos, aparte de la ganancia de que los chicos estén por fuera de la mira de las dinámicas nocivas del sector. FOTOS Julio César Herrera
    De a poco el proyecto iniciado en esa zona de ladera de Bello ha empezado a dar frutos, aparte de la ganancia de que los chicos estén por fuera de la mira de las dinámicas nocivas del sector. FOTOS Julio César Herrera
  • Los niños escogidos del proyecto son formados en el proceso del café, desde la siembra hasta la comercialización. FOTO Julio César Herrera
    Los niños escogidos del proyecto son formados en el proceso del café, desde la siembra hasta la comercialización. FOTO Julio César Herrera
  • Los niños escogidos del proyecto son formados en el proceso del café, desde la siembra hasta la comercialización. FOTO Julio César Herrera
    Los niños escogidos del proyecto son formados en el proceso del café, desde la siembra hasta la comercialización. FOTO Julio César Herrera
hace 1 hora
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La finca de la familia Patiño es como cualquier otra parcela cafetera: la casona se alza sobre una montaña dándole una vista increíble, los cafetales dominan el paisaje, el zumbar de los abejorros acompaña la jornada, el secadero queda justo al lado de la vivienda y hasta un perro negro busca calentarse con el sol matutino que ya pone a sudar.

Sin embargo, el ambiente campesino lo interrumpe un eco de un grosero “trap” a todo taco salido de una cantina; el reflejo de los techos de zinc y el ruido del forzado motor de un motocarro aterrizan al visitante. La finca de los Patiño no está en el Suroeste sino justo al lado del barrio Nueva Jerusalén, uno de los asentamientos irregulares más grandes del Valle de Aburrá.

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Pero hoy no vamos a hablar de lo que habitualmente sucede en esta zona del municipio de Bello, vamos a hablar mejor de esa “ilusión” que –a punta de café y valores– está creciendo en la finca de los Patiño. Una ilusión que se está volviendo foco de esperanza para los niños y jóvenes de Nueva Jerusalén, para que no caigan en malos pasos.

Aprender jugando

Si uno se pone medio filosófico–medio poeta, el café y las personas se parecen mucho. Pelechan en sitios improbables y su crecimiento a veces depende de anhelos y esperanzas. Así lo deja ver el proyecto que involucra a siete niños y jóvenes con una finca cafetera de la zona, donde aprenden todo lo que una verdadera familia caficultora pueda enseñarles del tema.

En uno de los patios de la vivienda la mirada curiosa de los menores de edad atiende con especial atención cada una de las enseñanzas que don Walter Patiño les prodiga con paciencia. Él les explica por qué el grano colombiano gusta tanto, por qué esa fruta de color rojo ha labrado el futuro de este país y por qué se podría volver en una opción para sus vidas.

Los niños y jóvenes hacen parte del proyecto Coffee Conciencia, otra de las ideas con la que la Fundación Conciencia –dirigida por el líder social Cristian Guzmán– busca arrebatarle chicos a los malos pasos en los que podrían caer en Nueva Jerusalén ante la falta de oportunidades.

Según Guzmán, el proyecto nació porque se empezó a ver con los niños la necesidad de fortalecer el valor tan especial que tiene el café, herencia de nuestros ancestros y abuelos. Se espera que al final de su formación ellos decidan si quieren montar su propio cafetal, convertirse en guías cafeteros de la zona o incluso iniciar su carrera como baristas.

“Se nos ocurrió empezar a generar conciencia en los niños, a mostrarles que el café puede convertirse en una oportunidad y también en una iniciativa de negocio. Convocamos a 20 niños y jóvenes; y de ellos seleccionamos 7 que mostraron mayor interés y compromiso. Los estamos formando en todo el proceso, desde la siembra hasta la comercialización”, explicó Guzmán. En síntesis, muchos los llamados, pero pocos los elegidos.

Los niños escogidos del proyecto son formados en el proceso del café, desde la siembra hasta la comercialización. FOTO Julio César Herrera
Los niños escogidos del proyecto son formados en el proceso del café, desde la siembra hasta la comercialización. FOTO Julio César Herrera

Pero más allá de enseñarles a estos chicos las bondades del café, lo esencial es su formación en valores para que así sean no solo ciudadanos productivos en el futuro, sino hombres y mujeres de paz y liderazgo.

“Con ellos trabajamos con la metodología ‘Aprender jugando’. Aquí se juega, pero también se aprende de valores, de trabajo en equipo y de sana competencia. Pero además les enseñamos que la mejor forma de aprender es enseñar. Por eso todo lo que aprenden deben multiplicarlo. Ellos son el primer grupo y su responsabilidad es replicar el conocimiento una vez culminen”, destacó.

¿Y cómo es un buen café?

Una de las jóvenes beneficiarias es Mariana Velásquez, quien desde hace aproximadamente tres años hace parte de la fundación. Mariana es una jovencita muy peculiar, tiene una mirada intensa con la que registra todo y pese a su figura de apariencia frágil, posee una personalidad arrasadora que más de uno –sobre todo los tímidos– anhelaría. Es una muchacha vivaz y berraca que no le da pena preguntar sobre lo que no entiende ni decir lo que piensa.

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Ella comentó que el proceso comenzó a finales de diciembre y desde entonces, ella y sus compañeros han estado metidos en los cafetales de los Patiño aprendiendo a cultivar el café, a saberlo seleccionar y sobre todo a aprender a tomarlo porque, según dijo, un buen café no se toma con azúcar.

–¿Y cómo es un buen café?

–Un buen café tiene un sabor que no se comparará nunca con esos que le venden a uno en cualquier panadería. ¿No? Ni sabía siquiera que acá en Nueva Jerusalén había cultivos de café. Yo pensé que la capacitación iba a ser en la fundación, pero nunca pensé que íbamos a venir a la finca a ver cómo se recolectaba y cómo lo preparaban. Y vea, estando acá no sabía que iba a aprender tanto ni a meterme tanto en el cuento, compartió.

Unión de voluntades

Parte esencial del proceso la encabeza el señor Walter Patiño junto a Claudia, su familiar. Él es un cafetero de la vereda Potrerito, vecina a Nueva Jerusalén, quien, siendo la tercera generación de su familia, mantiene viva la vena cafetera bellanita.

Don Walter no es ningún advenedizo en la materia, con su marca Bello Café ha ganado premios gracias a la calidad de su producto. Eso sí, él, más modestamente, se define como un soñador.

La llegada de don Walter y Claudia a la Fundación Conciencia pareciera una de esas conjunciones universales del engranaje cósmico. Por un lado, él observaba cómo la esencia campesina bellanita se ha ido diluyendo con el paso del tiempo, pues de 160 familias caficultoras en seis veredas, hoy apenas quedan 117.

“Los jóvenes hoy no ven el campo como una opción de vida, sino como una tradición por mantener y ya. Siembran sin pasión, y sembrar solo un fruto no tiene sentido”, explicó.

De otro lado, don Walter –en su generosidad– dice que no vale la pena dejar este mundo sin haber compartido los conocimientos para que le sean útiles a los demás.

“Mi interés en el proyecto nace de una necesidad tanto de la Fundación como de nosotros: aportar a la sociedad. La fundación ya viene haciendo un trabajo claro y establecido, pero yo siento que las marcas como Bello Café también tienen que aportar. Y estos muchachos necesitan oportunidades y si como sociedad no le damos alguna, pueden terminar en malos caminos. Por eso estoy muy contento de ayudar a que los chicos arranquen con su propio proyecto y ayuden a sus familias”, dijo.

Don Walter todavía recuerda ese 15 de diciembre cuando el proyecto comenzó a andar. “Eso fue en un evento en un centro comercial. Yo ya tenía la idea como de ofrecer mis conocimientos, pero no había podido acercarme a la fundación. Ese día que vi a Cristian le dije: ‘Hermano, tengo una idea’. Le expliqué mi propuesta y le ofrecí hacer un piloto. Él fue muy receptivo y días después fue y miró el asunto y le vio el potencial. Después de vacaciones vinieron los chicos y empezamos a empaparlos del tema del café. Les dije a los muchachos: ‘Ustedes van a ser los ‘misioneros’ para que se pegue más gente’. Y ellos han sido muy juiciosos, ninguno se ha echado para atrás”, recordó.

Según Patiño, la idea no solo es impartir el conocimiento técnico del café sino transmitirles a los chicos ese amor que él siente por el grano.

Los niños escogidos del proyecto son formados en el proceso del café, desde la siembra hasta la comercialización. FOTO Julio César Herrera
Los niños escogidos del proyecto son formados en el proceso del café, desde la siembra hasta la comercialización. FOTO Julio César Herrera

“Yo les digo que más que hacer un café, que lo puede hacer todo el mundo, destaquen en las cosas importantes. Les digo que saluden, que miren a los ojos a la gente, que cuenten la historia del café. Yo era muy tímido. En el campo le decían a uno que no hablara cuando llegaba visita. Pero descubrí que me encanta enseñar porque a medida que enseño, aprendo. Y ver a estos muchachos motivados es muy gratificante. Ellos también me enseñan porque esto va subiendo de nivel, porque parte del aprendizaje también es botar el miedo y arriesgarse”, explicó.

Desde la sede de la Fundación hasta la finca de don Walter hay que recorrer un tramo de unos 20 minutos en el que se nota la transformación del territorio. Se pasa de las angostas callejuelas –muchas de ellas aún en piedra y tierra viva– hasta los linderos de la finca donde arranca un sendero rodeado de matas de café y otros frutos que dan ese aire rural a la zona. No por nada los niños y los jóvenes le dicen a este sector La Tierra de los Abrazos.

“Le dicen así porque es el sitio donde uno se saluda de abrazo, pero también porque es el lugar donde se sienten seguros, acompañados y escuchados. Donde cada abrazo se convierte en un recordatorio de que no están solos y de que su historia no los define, lo hacen sus sueños”, explicó Daiferson RestrepQueda o, director de Proyectos de la Fundación Conciencia.

Él es quien estará junto a los chicos durante su proceso de formación cafetera. Junto a don Walter y Claudia, es el tutor de los muchachos en estas enseñanzas que podrían extenderse por más de dos meses pues la idea es que conozcan desde la siembra hasta el proceso de tostado del café, así como los procesos de preparación del grano y como aprovechar los demás subproductos.

Restrepo contó cómo la vena de la descendencia campesina brota en estos chicos con la rápida asimilación del conocimiento que les imparten. “Ellos quieren seguir en ese trayecto del campo, quieren ver que hay otras posibilidades, que no es solo arar la tierra o trabajar bajo el sol, sino que hay muchas más dinámicas. Claro. Y por eso son muy receptivos y muy entusiastas”, detalló.

Mientras que don Walter y Claudia se encargan de la formación cafetera de los chicos, otras empresas aliadas como D’Lito Café les imparten los conocimientos en los temas de barismo y de otras formas de usar los derivados.

“Con De D’Lito, les mostramos que la cáscara –que antes era considerada desecho o se convertía en abono– ahora se usa para hacer extractos para cocteles y sales aromáticas. Y con la empresa AVE, Aeroponía Vertical Eficiente, estamos innovando en lo que sería el primer café hidropónico. Los aliados ven en los chicos esa oportunidad, ese entusiasmo, y por eso se vinculan fácilmente con la fundación”, dijo.

Ya tiene marca propia

Pese a que la formación podría rondar los dos meses, la idea es que los muchachos sigan yendo a la finca porque la conexión finca–fundación–transformación no se debe dejar pues hay inquietudes que van surgiendo.

De a poco el proyecto ha empezado a dar frutos, aparte de la ganancia de que los chicos estén por fuera de la mira de las dinámicas nocivas del sector.

Restrepo comentó que la participación en el proceso desde la siembra tiene muy entusiasmados a los chicos y más con la salida de las “cerezas” del café que –y con su propio esfuerzo– se han empezado a convertir en un producto completamente terminado bajo el sello Coffee Conciencia.

“El nombre lo dice todo: conciencia en la siembra, en la sostenibilidad, en no contaminar, y en los buenos valores”, destacó Patiño.

Según Guzmán, aunque la bulla ha sido poca, Coffee Conciencia ya tiene en la mira a exportadores de Estados Unidos, Bélgica e Italia, donde han solicitado muestras del producto para su posterior comercialización.

Muy seguramente si la marca tiene éxito, los chicos se motivarán más al ver los primeros réditos económicos de su arduo esfuerzo, pero ahí será esencial su formación en valores, pues –contrario a lo que tristemente quieran vender las redes hoy– no todo en este mundo y esta vida es el afán por la plata. Por eso, el objetivo es claro: que el mundo conozca no solo el café, sino el proceso social que hay detrás de este producto Made In Nueva Jerusalén, visibilizando un territorio que necesita oportunidades y a la vez formando jóvenes capaces de liderar procesos que sigan cambiando vidas.

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