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Marchas contra el Gobierno dejaron al descubierto dos bandos en el corazón del petrismo, ¿son compatibles?

Tras las marchas del domingo todos los escuderos del presidente Petro comenzaron a publicar mensajes en redes sociales y en ellos fue evidente una división que se acentúa entre un grupo abierto al diálogo y la concertación, y otro de radicales e inflexibles que se atrincheran en un supuesto golpe blando y atacan a la sociedad.

  • Por un lado, hubo quienes que reconocieron las señales del mensaje tras las marchas y le apuestan a seguir un camino de concertación. Por el otro, sobresalen los radicales, que desconocen la legitimidad de las movilizaciones y atacan a la ciudadanía. FOTO: COLPRENSA/ARCHIVO/REFERENCIA
    Por un lado, hubo quienes que reconocieron las señales del mensaje tras las marchas y le apuestan a seguir un camino de concertación. Por el otro, sobresalen los radicales, que desconocen la legitimidad de las movilizaciones y atacan a la ciudadanía. FOTO: COLPRENSA/ARCHIVO/REFERENCIA
23 de abril de 2024
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Las multitudinarias marchas que se registraron este domingo en contra de la gestión del presidente Gustavo Petro pusieron al descubierto una contrariedad que se daba por superada desde hace más de un año, cuando del gabinete salieron –en un periodo de apenas dos meses–, figuras como Alejandro Gaviria, Cecilia López o José Antonio Ocampo.

Si bien en ese entonces se trató de una ruptura entre sectores más técnicos y radicales, así como un quiebre en una coalición de gobierno que a la postre mostró su fragilidad, lo que se evidencia ahora es una sutil, pero cada vez más notoria fisura en el corazón del petrismo. Se trata de una fractura que podría llegar a amenazar los propios cimientos del ‘Gobierno del cambio’, ¿por qué?

Las reacciones, lecturas y reflexiones de la numerosa movilización que se registró en varias ciudades del país terminó por decantar dos marcados bandos en el Ejecutivo: aquellos que, aun de forma tenue, reconocieron las dimensiones del mensaje, admitieron que hay problemas y que urge comenzar a tomar medidas.

Y otros que, tercos y radicales, le restaron cualquier tipo de legitimidad a las marchas, las enmarcaron en todo menos en una iniciativa ciudadana y se limitaron a hacer señalamientos que terminaron por enrarecer aún más el caldeado ambiente político. Se trata del mismo sector que otrora pedía no criminalizar ni satanizar ninguna protesta social.

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En ese segundo bando bien podría enmarcarse el propio Petro. Aunque este domingo aseguró, con un dejo de ambigüedad, que “el Gobierno buscará caminos de entendimiento” y que siempre han “estado abierto al diálogo”, aprovechó su tribuna en la red social X (antes Twitter) para restarle importancia en número a las marchas, insistir en que hay un “golpe blando”, advertir que la “derecha” quiere burlar las elecciones y que fue el odio –y no el descontento, ni la decepción–, el derrotero de la calle.

Incluso, este lunes fue más allá y en una extensa diatriba el jefe de Estado llegó a decir que “hay un sector de la gente” que lo “quiere muerto”, al tiempo que compartió videos de unos cuantos que –por supuesto en hechos reprochables, pero de los que no está exenta ninguna manifestación–, protagonizaron escenas que atentan contra la democracia, como un féretro que simbolizaba su fallecimiento.

Lo cierto es que en su mensaje el mandatario se comparó con los falsos positivos; atribuyó a los medios de comunicación una supuesta campaña de desinformación y mentira, y reclamó que “una enorme olla de corrupción no se aguanta el gobierno y quiere romper el pacto democrático”.

“Sé que hay un sector de la gente que me quiere muerto y que es la misma que aplaudió que mataran 6.402 jóvenes y se creyó el cuento que eran guerrilleros. Claro que la escucho y me asusta que lleguen al poder de nuevo. Ellos no quieren diálogo, solo frenar las reformas ‘per se’ y sacar el presidente”, declaró el mandatario, quien agregó que está dispuesto a dialogar, pero “sin ser ingenuos”.

Primer anillo del presidente

La lectura que el propio Gustavo Petro le dio a la situación terminó por darle gasolina a sus más irrestrictos seguidores que, envalentonados por el mandatario, quisieron desconocer las proclamas de las calles y lanzaron mensajes erráticos.

En esa primera línea de defensa sobresalió un mensaje del director de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), Daniel Rojas Medellín, quien sugirió sin más que parte de quienes marchaban eran narcotraficantes descontentos con las incautaciones de droga realizadas por el Gobierno.

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“Muchas toneladas incautadas tienen molestos a algunos que hasta salen a marchar un domingo lluvioso. Están súper indignados”, manifestó Rojas.

En el mismo sentido se pronunció otro funcionario del primer anillo del presidente, el exsenador Gustavo Bolívar, hoy director de Prosperidad Social, quien dejó entrever que parte de los que marcharon, en lugar de estar descontentos con el Ejecutivo, en realidad estaban manipulados, al tiempo que defendió que no hubo heridos, ni muertos.

“Cuando miles de personas se movilizan en libertad, diciendo lo que les da la gana (independiente de si están manipulados o conscientes) es porque estamos gobernados por un demócrata. Ni un herido, ni un muerto. Distinto a cuando gobernó la derecha: muerte y represión”, sostuvo Bolívar.

A ellos se sumó el exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, que aunque reconoció que la marcha “fue masiva”, la enmarcó solo como de “derecha” y hasta llegó a decir que quienes marcharon “gustan de gobiernos en los que la violencia sexual contra los niños aumenta y se protege a pedófilos”.

Desde el propio Congreso se escucharon voces de ese calibre. El representante Santiago Osorio, de la Alianza Verde y el Pacto Histórico, indicó que quienes marcharon son parte del “pasado” y que la propia marcha“es un insulto a la inteligencia de los colombianos. “La oposición que hoy está citando a esas marchas ha tenido la oportunidad, a través del Congreso de la República, de legislar a favor o en contra de las diferentes reformas”.

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Frente a la actitud puntual del jefe de Estado, el periodista venezolano Marcos Morin Aguirre –hoy corresponsal de La FM de RCN en el vecino país–, alertó por las similitudes entre el comportamiento del primer mandatario y el régimen del fallecido Hugo Chávez que hoy tienen en jaque la democracia en Venezuela.

“Hace 20 años, cuando estaba gobernando Hugo Chávez y comenzó a ver movilizaciones masivas de la oposición en contra de sus políticas, llegó a tomar esa misma actitud: atacar a la prensa por divulgar la información de lo que ocurría en las calles. Se crearon unos colectivos –se llamaban círculos bolivarianos–, que agredieron a periodistas y políticos. Y también se habló justamente de lo que era un golpe blando. Chávez utilizó esa expresión para referirse a las distintas protestas, asegurando que tenían un carácter subversivo y que querían derrocar su gobierno”, manifestó Morin a este diario.

Según el comunicador, el tema escaló y el entonces mandatario venezolano escaló hasta el Congreso, que como el colombiano “tenía una gran cantidad de participación de la oposición” y desde entonces comenzó “el cerco a las libertades democráticas de Venezuela (...) con la llegada de Nicolás Maduro se agrava aún más la situación”.

Reconocer y ceder

Pese a la persistente actitud confrontacional de Petro, en la avalancha de comentarios que desataron las marchas hubo lecturas dentro del propio Ejecutivo que parecieron tomar distancia de lo dicho por el jefe de Estado.

La exjefa de gabinete y hoy directora del Departamento Administrativo de Prosperidad Social, Laura Sarabia, atinó al señalar que reconocía la dimensión de la movilización y que ahora el Gobierno debe avanzar en la reflexión y la autocrítica.

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“Hoy debemos tener la grandeza de reconocer que muchas personas se movilizaron, que lo hicieron con todas las garantías y pudieron expresar su descontento. Esta es una semana que como gobierno debemos afrontar en reflexión y autocrítica”, declaró.

Lo propio hizo el ministro del Interior, Luis Fernando Velasco, que al término de una reunión de alto nivel con funcionarios y miembros de la bancada del Pacto Histórico admitió que hablaron de marchas y que “fueron importantes”. Incluso, respondió indirectamente a Petro, quien habló de la debilidad de las movilizaciones en al menos 18 sitios.

“Fueron unas marchas importantes No soy tan irrespetuoso cuando veo a miles de personas marchar por varias y decir que fueron unas marchas débiles”, declaró el titular de la cartera política.

Precisamente, desde el Congreso también hubo voces que, desde la autocrítica, reconocieron el valor de las marchas. “El deber de nuestro Gobierno es escuchar la inconformidad y las críticas de la ciudadanía y la oposición. Debemos explicar lo que injustamente se malinterpreta o no se entiende. Corregir lo que se ha hecho mal. Dialogar para buscar un acuerdo nacional. Así se construye la democracia”, manifestó el senador Iván Cepeda.

A su turno, la senadora María José Pizarro, pese a que dijo que había un sector que aún se resistía al Gobierno, admitió que ser inquilinos en Casa de Nariño implica “trabajar con otros sectores políticos y sociales para concertar el alcance de las reformas. Seremos entonces también fuerza de diálogo, ese que proponemos hace décadas”.

El propio Petro hizo un mea culpa en uno de sus mensajes y, aunque no deja de ser incierto su alcance, aceptó que “El Gobierno debe ejecutar más y comunicar, hablar mucho más en las regiones y dialogar con la clase media”.

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¿Ruptura definitiva?

Si bien las diferencias hacen parte del qué hacer político, no dejan de ser sorpresivas e inusuales las lecturas tan diametralmente opuestas que diferentes bandos del petrismo dieron a las marchas. “Esa perspectiva tanto de Sarabia como de Velasco básicamente lo que está mostrando es que están dispuestos –por lo menos en el discurso–, a escuchar y están entendiendo que hay algo que no está funcionando bien, y que quizás es momento de sentarse a replantear cosas”, explicó la politóloga María Alejandra Arboleda, consultora de comunicación política y análisis de opinión pública.

En ese sentido, Arboleda llamó la atención por un presidente que se sigue aislando de sectores de este calibre y apuesta por radicalizarse en sus posturas. “Sus creencias y sus sesgos no le permiten abrir el espectro para llegar a esos grandes consensos, tan importantes en un ejercicio democrático. Es un presidente que cada vez está más encerrado y aislado en su Twitter”.

Sin embargo, el profesor Juan Pablo Milanese, del programa de Ciencia Política de la Universidad ICESI, aseguró que, más allá de fracturas, se trata de diferencias internas que se presentan en cualquier Gobierno, sin que ello implique rupturas irreconciliables. “Todos los gobiernos tienen diferencias internas. Muchas veces no se ven, pero siempre existen y este caso no es la excepción. Hay coyunturas (como esta) que las hacen más visibles”.

Lo cierto es que por diferencias similares, que se trataron internamente, pero que irremediablemente saltaron a la palestra pública, salieron del gabinete funcionarios como Alejandro Gaviria, Ocampo y, más recientemente, Jorge Iván González, exdirector del Departamento Nacional de Planeación (DNP).

Justo hace ocho días, el presidente sorprendió al llegar a un acuerdo con la bancada del Partido Liberal en el Senado, lo que permitió destrabar su reforma pensional. Dialogó, cedió y llegó a acuerdos. Esa postura pareció flor de un día y hoy nuevamente el país está abocado a un mandatario que parece no estar abierto al disenso y que no le apuesta a la concertación. Apenas va medio año de mandato.

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“No conviene un Petro convocando solo a las calles. Un presidente tuitero, y polarizando, con discursos de odio de clases, de diferentes tipos de odios. La gente quiere, y eso se vio no solamente en la marcha de ayer, gobiernos más moderados y que ofrezcan soluciones”, precisó Arboleda.

En ese mismo sentido, a propósito de las marchas del 1 de mayo –con las que Petro espera revertir y contestar a las manifestaciones de este domingo–, el profesor Milanese advirtió de la inconveniencia de orientar la democracia hacia el lado que más llene plazas. “Es una medida difusa e imprecisa de ‘quien tiene las mayorías’. Además, a través de las marchas no se delibera. Solo se muestra apoyo o rechazo a algo y eso puede hacer escalar la espiral de polarización”, concluyó.

¿Qué esperar del 1 de mayo?

El próximo 1 de mayo, cuando el país conmemora tradicionalmente el Día del Trabajo, Petro pidió tarima propia para responder a las movilizaciones de este domingo. Sin embargo, el asunto no cayó bien en un sector del movimiento sindical. Una facción de la Confederación General del Trabajo (CGT) calificó como “profundamente rechazable e inaceptable” que el mandatario quiera apropiarse de un espacio de los trabajadores:

“Desde la CGT oficial, autónoma e independiente, no estamos de acuerdo en que el presidente esté en el Día del Trabajador”, dijo a EL COLOMBIANO, Jorge Iván Díez Vélez, vicepresidente de la CGT y secretario de la CGT Antioquia. Para el profesor Milanese, la apuesta del Gobierno es equiparar las marchas de la oposición y seguramente “lo va a lograr, por un lado porque es un ‘fecha emblemática’. Segundo, porque tiene que responder a lo que pasó. La pregunta es cuanto más lo puede sostener, porque movilización se va desgastando”, explicó.

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