Resta poco más de un mes para las elecciones legislativas del próximo 8 de marzo y, a medida que se acerca la hora cero, no dejan de acentuarse las movidas y estrategias de todo calibre con tal de asegurarse un escaño en el Parlamento. En medio de las correrías y la búsqueda de apoyos, en la contienda se siguen abriendo paso cuestionados personajes que buscan incidir en el proceso.
Una de las movidas que más ha llamado la atención fue la reaparición pública de Samuel Santander Lopesierra, conocido como ‘El Hombre Marlboro’, quien nuevamente dice presente en la escena político-electoral. Desde su terruño –La Guajira–, “Santa”, como es conocido, acompaña activamente una campaña al Congreso: la del actual representante Juan Loreto Gómez, del Partido Conservador.
No es un apoyo cualquiera. Lopesierra es señalado de supuestamente haberle entregado recursos por el orden de $400 millones por debajo de cuerda a Nicolás Petro Burgos con destino a la campaña del hoy presidente Gustavo Petro en 2022; sin embargo, la investigación señala que, al parecer, el hijo del primer mandatario se habría quedado con esos recursos.
“Santa” es un reconocido personaje en la región Caribe, específicamente en La Guajira, donde fue conocido en los años 90 como el zar del contrabando de licor y cigarrillos. Por cuenta de su expediente criminal, fue extraditado en 2003 a Estados Unidos y liberado el 16 de agosto de 2021.
Ese protagonismo que ganó en el mundo de la ilegalidad, y particularmente en el del contrabando, lo hizo merecedor de su apodo de ‘El Hombre Marlboro’, pues se le consideraba como uno de los contrabandistas con más poder de acción criminal hasta su detención y extradición en 2003.
Tras 20 años desde su extradición, su nombre volvió a ser protagonista por el escándalo de Petro Burgos, y de él se sabe que es un expolítico que dio un salto a la ilegalidad para conseguir millonarias rentas a través del contrabando de cigarrillos, lavado de activos y tráfico de estupefacientes, delito por el que purgó la pena en Estados Unidos.
Si bien “Santa” intentó participar en las elecciones regionales de 2023 y buscó llegar a ser alcalde en Maicao, el Consejo Nacional Electoral (CNE) anuló la aspiración por cuenta de su condena. Ahora, pasados casi tres años, “Santa” nuevamente le apuesta a incidir en una contienda. “Yo no niego a mis amigos”, defendió el representante Juan Loreto Gómez.
“Santander Lópesierra es una persona que considero cercana. Es conocido por mis padres desde hace muchos años. No tuve nunca la oportunidad de conocerlo en los momentos en los que tuvo la dificultad legal, pero llegó con la idea de poder integrarse a la sociedad. El pueblo no lo puede rechazar, porque quien paga sus errores no puede ser rechazado, porque si fuera de esa manera, entonces mejor que le den pena de muerte”, señaló de forma vehemente Gómez en diálogo con EL COLOMBIANO.
Gómez, quien es oriundo de Barrancas y fue mencionado en el escándalo de presuntas irregularidades de contratación en el Instituto Nacional de Vías (Invías), hace dupla al Congreso con el también representante Wadith Manzur. Mientras Gómez pretende conservar su escaño en la Cámara, Manzur quiere dar el salto y llegar al Senado. Sin embargo, el candidato a senador no es un aspirante cualquiera.
Manzur fue salpicado por Olmedo López, exdirector de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), en el escándalo de corrupción relacionado con la compra de carrotanques por $40.000 millones justamente en La Guajira, en cuyo contrato se habrían configurado presuntos sobrecostos para hacer pagos a varios políticos.
“Este tema de los carrotanques va más allá de los vehículos. Toca a aforados, para darte solamente un nombre, el presidente de la Comisión de Acusación, Wadith Manzur, es uno de los beneficiados de todo este proceso (...) se vendió”, dijo López en mayo de 2024.
Frente a los cuestionamientos de su dupla, Gómez –al igual que en el caso de ‘El Hombre Marlboro’–, dijo no ser policía judicial para acusarlos. “No tengo este funciones de policía judicial. Wadith ha sido mi compañero, fue compañero de mi mamá. Me identifico en lo personal con él por ser una persona cercana y amigo, pero si tiene algún tipo de deuda con la justicia, será la misma Corte Suprema quien se encargará de eso y hay algo que existe que es la presunción de inocencia”.
Gómez es hijo de María Cristina Soto, excongresista de La Guajira que renunció en 2022 por cuenta de una investigación de la Corte por supuesta corrupción electoral.
En el caso de “Santa”, Juan Loreto Gómez se apartó de las críticas y defendió su respaldo. “Es un ciudadano que está respaldándome en el proceso. Sí, es cierto que él me está apoyando totalmente. Yo no niego a mis amigos”, insistió. Cuestionado sobre semejante respaldo, el actual congresista agregó: “Hoy tenemos un presidente que tuvo un indulto, ¿por qué no lo cuestionan? No podemos tener doble moral. Él pago su condena, no tiene ningún tipo de deuda con la justicia”.
Según fuentes enteradas del tejemaneje político en La Guajira que accedieron a hablar bajo el anonimato, la dupla Gómez-Manzur tendría montado todo “un distrito electoral” en La Guajira, con influencia en municipios como Maicao, El Molino, Hatonuevo, Riohacha, Barrancas, Dibulla y Albania. Es decir, la mayoría de la región.
Ante los cuestionamientos por presuntos apoyos por parte de autoridades municipales de esas poblaciones, Juan Loreto Gómez negó cualquier tipo de respaldo y advirtió que los alcaldes que se presten para ello estarían participando en política. “Para hacer esos señalamientos se necesitan pruebas. A mí me señalan de tantas cosas, pero igual tengo estabilidad emocional y la moral tranquila”.
No obstante, ante la pregunta de cómo estaba financiado su campaña, Gómez se negó a rendir cuentas y sostuvo que en el informe que debe presentar por ley ante las autoridades estará todo el detalle de sus gastos. “Es un tema propio del debate electoral”, precisó.
La reapareción de “Santa” evidencia cómo, en la recta final de la campaña, la disputa por el poder legislativo en La Guajira vuelve a entrelazarse con viejas figuras, lealtades personales y sombras judiciales que tensionan la legitimidad del proceso electoral.