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El “club” de los extraditados que podrían morir de viejos en USA

Las peticiones de excarcelación para Miguel Rodríguez Orejuela (“el Señor”) y “Simón Trinidad”, así como el retorno al país de “Kiko Pobre”, pusieron la lupa sobre los capos veteranos que podrían terminar sus días encerrados en celdas de Estados Unidos.

  • De izquierda a derecha: Miguel Rodríguez Orejuela (“el Señor”), Juvenal Palmera Pineda (“Simón Trinidad”), Diego León Montoya Sánchez (“don Diego”) y Dairo Úsuga David (“Otoniel”). FOTOS ARCHIVO
    De izquierda a derecha: Miguel Rodríguez Orejuela (“el Señor”), Juvenal Palmera Pineda (“Simón Trinidad”), Diego León Montoya Sánchez (“don Diego”) y Dairo Úsuga David (“Otoniel”). FOTOS ARCHIVO
hace 1 hora
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En el ocaso de su vida, el capo Miguel Rodríguez Orejuela pasa sus días atrapado en dos purgatorios: el de la demencia vascular, que deteriora su cerebro de manera acelerada; y el de una cárcel en Estados Unidos, en la que lleva más de dos décadas pagando por sus crímenes.

El otrora jefe del cartel de Cali ha sido noticia recientemente, por cuenta de un pedido de clemencia de sus familiares y representantes jurídicos. Dado que ya tiene 82 años de edad, y que su mente está disvariando por una enfermedad cognitiva, le solicitaron al juez que vigila su expediente que le conceda la excarcelación y le permita pasar el resto de los días con sus dolientes.

El temor de los allegados es que sufra el mismo destino de su hermano Gilberto, quien murió en 2022 en una celda de Carolina del Norte, a sus 83 abriles, pagando una pena de 30 años por sus ofensas a la sociedad estadounidense.

En sus días de gloria, cuando sus apodos de “el Señor” y “el Ajedrecista” ocupaban los titulares de la prensa, los Rodríguez Orejuela comandaron un imperio criminal de dimensiones globales.

El cartel de Cali corrompió instituciones estatales a granel, incluso la campaña presidencial de Ernesto Samper en 1993; dominó rutas de cocaína hacia Estados Unidos y Europa; se enfrentó a sangre y fuego a la organización de Pablo Escobar Gaviria; contrató bandas y ejércitos privados para estar en la cima del narcotráfico en los años 80 y 90.

Ahora, “el Señor” no es ni la sombra de aquel poderoso capo, y hace parte de los criminales colombianos sentenciados a penas tan altas en EE.UU., que lo más probable es que envejezcan o mueran sin volver a su país natal.

El encierro de “Simón Trinidad”

Otro miembro de ese “club de extraditados” veteranos también fue noticia la semana pasada: Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda, antiguo integrante del Secretariado de las Farc, más conocido como “Simón Trinidad”.

Su alias regresó a la luz pública por cuenta de un error de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), que el 29 de abril lo designó como víctima en el expediente que investiga el exterminio de los miembros de la Unión Patriótica.

Incluso el presidente Gustavo Petro se pronunció sobre esa designación en un trino: “La historia desconocida de personas como ‘Simón Trinidad’ e ‘Iván Márquez’ consiste en que también fueron víctimas. Sufrieron con sus familias la persecución y el genocidio sobre la Unión Patriótica, con 5.038 militantes desarmados y asesinados por una alianza entre militares, extrema derecha y los peores narcotraficantes de entonces”.

Agregó que “la reacción de muchos perseguidos fue tomar las armas. Y es ahí donde aparecen las historias de ‘Simón Trinidad’, preso en EE.UU. sin que ningún gobernante de EE.UU. haya decidido amnistiarlo a pesar de ser un firmante de paz”.

Sin embargo, al día siguiente la JEP expidió un comunicado que reversó la decisión, atribuyéndola a “una equivocación humana” que mezcló dos archivos, por lo que Juvenal Palmera ya no está en la lista de víctimas. “Simón Trinidad” es responsable de masacres, atentados terroristas, extorsiones, narcotráfico, tomas guerrilleras y otros horrores documentados en los 90.

Fue capturado en Ecuador en 2004 y extraditado a EE.UU., donde lo condenaron a 60 años de cárcel por el secuestro de tres contratistas militares estadounidenses. A la fecha, ha pagado 22 años, ni siquiera la mitad de la sentencia. En múltiples oportunidades sus deudos y los negociadores de las Farc solicitaron su repatriación, sin éxito.

Hoy tiene 75 años de edad y lo más probable es que el final de sus días lo sorprenda en la celda extranjera.

Cadenas perpetuas

A los casos de “el Señor” y “Simón Trinidad” se suman un listado de capos que rondan los 50 años de edad, en promedio, y quienes por el monto de su pena de EE.UU. se enfrentan a la vejez en prisión. A menos, claro está, que su cooperación judicial con las autoridades sea tan valiosa, que les otorguen una rebaja mediante la famosa Ley 35 (reajuste a la sentencia), algo que por ahora no ha ocurrido.

Entre ellos está Dandeny Muñoz Mosquera (“La Quica”), exjefe de sicarios del cartel de Medellín, condenado a 10 cadenas perpetuas desde 1992, tras ser arrestado con una identidad falsa en Nueva York. Su hija Diana Katherine Muñoz contó en el programa Los Informantes que los primeros 18 años de la pena fueron en un confinamiento solitario, sin recibir un rayo de sol, y que hoy pernocta en una cárcel de California.

“La Quica” insiste en que no participó en los crímenes que le endilgaron, como el magnicidio de Luis Carlos Galán y el bombazo al avión de Avianca que dejó 110 muertos (ambos en 1989).

Con cadena perpetua también están encerrados Luis Carlos Quintero Cruz, Miguel Vélez y Bernardo Antonio Vásquez, tres sicarios del cartel de Medellín que en 1986 mataron al piloto Barry Seal, un exsocio de Pablo Escobar que era informante de la DEA y la CIA.

Lo acribillaron en Baton Rouge, EE.UU., y fueron detenidos antes de huir del país.

Es importante aclarar que, según el acuerdo binacional vigente, la justicia norteamericana no puede aplicar una pena superior a 60 años a los extraditables colombianos, pero en estos casos particulares, en los que a los criminales los arrestaron en suelo de EE.UU., esa norma no aplica.

Capos de todas las orillas

En la lista de los capos veteranos que envejecerán en esa nación figuran Dairo Antonio Úsuga David (“Otoniel”) y Daniel Rendón Herrera (“don Mario”), cofundadores del cartel narcoparamilitar Clan del Golfo. Están respondiendo por penas de narcotráfico, de 45 y 35 años, respectivamente.

A ellos se suman dos exjefes del cartel del Norte del Valle, los hermanos Diego León y Eugenio Montoya Sánchez (“don Diego” y “don Hugo”), que están pagando 45 y 30 años por narcotráfico y cargos asociados.

Otro miembro de la misma estructura ilegal, Carlos Arturo Patiño Restrepo (“Patemuro”), recibió 40 años de sentencia.

Y Daniel “el Loco” Barrera, cabecilla de la Junta Directiva del Narcotráfico, está pagando 35 años.

Entre los paramilitares que todavía están presos en Norteamérica, el de la pena más alta es Diego Murillo Bejarano (“don Berna”), de 31 años y tres meses por narcotráfico y por haber sido inspector general de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y comandante de varios frentes, como el Cacique Nutibara y el Héroes de Granada.

Le sigue Henry de Jesús López Londoño (“Mi Sangre”), quien fue socio de las AUC y del Clan del Golfo, y está purgando una sentencia de 31 años por narcotráfico.

La mención de estos nombres evoca épocas aciagas de la historia colombiana, no muy distantes en horror de las que hoy padecen todavía algunas comunidades en Cauca, Valle, Bolívar, Chocó, el Nordeste de Antioquia y el Catatumbo, por cuenta de nuevos capos que los reemplazaron.

Todavía no hay respuesta de la justicia estadounidense al pedido de Miguel Rodríguez Orejuela. Actualmente está en la cárcel de Big Spring, Texas, y de sus 30 años de condena le restan por cumplir dos.

¿Le llegará un traslado a tiempo, antes de que su mente olvide incluso los miles de crímenes que patrocinó?

“Kiko pobre” y los narcos antiguos que regresaron a colombia

Hace dos meses y medio regresó a Colombia, de manera silenciosa y sin agitar a la prensa, un antiguo narcotraficante del cartel de Medellín. Se trata de Fabio Enrique Ochoa Vasco, conocido en el bajo mundo como “Kiko Pobre” o “Carlos Mario”.

Había sido capturado en Venezuela en 2009 y extraditado a EE.UU., donde lo condenaron a nueve años de celda. En sus días de crimen, perteneció al ala del cartel que lideraban, desde el municipio de Itagüí, los capos Fernando Galeano (“el Negro”) y Gerardo Moncada (“Kiko”). Ambos fueron asesinados por órdenes de Pablo Escobar en la cárcel La Catedral de Envigado (1992), lo que puso en fuga a “Kiko Pobre” durante un par de años.

Tras la muerte de Escobar en 1993 y el subsiguiente desmantelamiento del cartel, Ochoa Vasco siguió exportando cocaína en asocio con otras organizaciones, como las AUC.

EL COLOMBIANO, con base en fuentes judiciales, pudo establecer que “Kiko Pobre” se encuentra de nuevo en Medellín, a sus 65 años de edad, y manejando un bajo perfil. Otro de su generación que alcanzó a retornar es Fabio Ochoa Vásquez, con quien suelen confundirlo, no solo por ser su homónimo, sino porque también integró el cartel de Medellín.

El menor del Clan Ochoa volvió a Colombia en diciembre de 2024, tras pagar tres décadas de encierro en EE.UU. Hoy, a sus 69 años de vida y sin asuntos pendientes con la justicia, reside en Antioquia, disfrutando del negocio de caballos de la familia.

En circunstancias similares está uno de sus exsocios en el cartel, Carlos Enrique Lehder Rivas, quien estuvo preso en Norteamérica por 33 años y regresó a la tierra natal de 75, en marzo de 2025.

Los procesos que tuvo en Colombia ya precluyeron, por lo que deambula con libertad entre Bogotá y Medellín. Uno de los casos más enigmáticos de estos retornos fue el de Griselda Blanco Restrepo, considerada la precursora del tráfico de narcóticos hacia EE.UU. en los años 70, en especial en Florida y Nueva York.

La llamada “Viuda Negra” fue arrestada en 1984 en esa nación, y aunque en principio la condenaron a 60 años, obtuvo una rebaja posterior de la pena y apenas pagó 20. En 2004 la deportaron y durante ocho años vivió sin llamar la atención en Medellín.

El 3 de septiembre de 2012 fue asesinada por sicarios en una carnicería, a los 69 años de edad, y el crimen nunca se esclareció, al igual que muchos de los que ella cometió. Entre los retornados también están los excomandantes paramilitares extraditados en 2008 y sentenciados a penas menores a los 30 años, algunos de los cuales obtuvieron rebajas posteriores por cooperación judicial.

A este grupo pertenecen Salvatore Mancuso (“el Mono”), Rodrigo Tovar Pupo (“Jorge 40”), Hernán Giraldo Serna (“el Taladro”), Carlos Jiménez Naranjo (“Macaco”), Hebert Veloza García (“HH”) y Francisco Zuluaga Lindo (“Gordo Lindo”).

Algunos de ellos están pagando penas pendientes en Colombia, otros están libres y en procesos de paz con el gobierno de Gustavo Petro, que no avanzan.

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