<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Síguenos en:
Antioquia | PUBLICADO EL 28 junio 2022

Dos hombres rescatan histórico mural de Pedro Nel Gómez en la Universidad de Antioquia

La obra data de 1969 y es obra de Pedro Nel Gómez. Es ícono de la cultura.

  • Los restauradores trabajan sobre andamios y taburetes. Así se ve la obra. FOTO edwin bustamante
    Los restauradores trabajan sobre andamios y taburetes. Así se ve la obra. FOTO edwin bustamante
  • Jairo Mora restaurando la obra de Pedro Nel Gómez. Foto: Edwin Bustamente.
    Jairo Mora restaurando la obra de Pedro Nel Gómez. Foto: Edwin Bustamente.
  • Los restauradores trabajan sobre andamios y taburetes. Así se ve la obra. FOTO edwin bustamante
    Los restauradores trabajan sobre andamios y taburetes. Así se ve la obra. FOTO edwin bustamante
  • Jairo Mora restaurando la obra de Pedro Nel Gómez. Foto: Edwin Bustamente.
    Jairo Mora restaurando la obra de Pedro Nel Gómez. Foto: Edwin Bustamente.

El mural siempre estuvo ahí: las mujeres desnudas, el hombre de ciencia que detalla las suturas de un cráneo humano. Con el tiempo, sin embargo, los colores palidecieron y la pátina conquistó la pintura. Entonces aparecieron pequeños agujeros entre los personajes. Las figuras angulosas se volvieron indescifrables. Pero desde hace dos semanas, dos hombres apacibles, pacientes, se sientan junto a él desde las 6:30 de la mañana, cada día. Con pinceles, de cara a la pared, han ido arreglando las imperfecciones, las heridas que dejó el paso de los años. El mural tendrá una vida.

La historia comienza en 1969. Para ese momento, con la ciudadela universitaria recién levantada, Pedro Nel Gómez fue invitado a pintar sobre una de las paredes de la biblioteca. Su respuesta fue un fresco enorme, de más de 40 metros de longitud. El hombre ante los grandes descubrimientos de la ciencia y la naturaleza es el nombre con que bautizó.

La obra pone de manifiesto las contradicciones de la humanidad. Por un lado aparecen hombres elegantes, de ciencia, con aire de aristócratas. En el otro costado, en cambio, hay mujeres desnudas, de piel cobriza, que descansan frente a un arroyo. También aparecen mineros, hombres que se inclinan para sacar oro con sus bateas. Está el conocimiento racional, de los científicos, además el empírico, el de los que se ganan la vida agitando una batea.

El tiempo pasó y los personajes comenzaron a palidecer. A pesar de que el mural ya ha sido restaurado dos veces, desde 1984 no se le hacía mantenimiento. Y los años no son los únicos que le hicieron daño.

Alguna vez le tiraron una bomba de pintura. En sus extremos, contrariando al arte mismo, alguien hizo grafitis. Estaba desportillado por golpes, que dejaban espacios blancos, desprovistos de pintura. Para remediar esa decadencia inevitable, la universidad se dio a la tarea de restaurar la obra. Armando Montoya, consultor del Museo Abierto de la U. de A., dijo que el trabajo dejado por Pedro Nel es vital porque se concibió a la par de la construcción de la ciudadela universitaria. “Él fue uno de los artistas más importantes, uno de los muralistas más grandes de América Latina. Por eso es tan valioso”.

Jairo Mora restaurando la obra de Pedro Nel Gómez. Foto: Edwin Bustamente.
Jairo Mora restaurando la obra de Pedro Nel Gómez. Foto: Edwin Bustamente.

El rescate

Son dos los hombres encargados de recuperar la obra de arte. Desde hace dos semanas, Héctor Rivas y Jairo Mora llegan a la universidad desde muy temprano. Antes de las 7:00 están ya de cara al mural, encaramados en un andamio o sobre un taburete. Comenzaron de izquierda a derecha. Lo primero que hicieron, contó Héctor, fue limpiar la pared, que estaba recubierta por la pátina. Para ello utilizaron un detergente especial que no deteriorara más la pintura.

Después comenzó un trabajo de paciencia. Con pinceles delgados retocaron las figuras femeninas, los arroyos. “Pintamos cada uno de los puntos malos, dándoles color de nuevo. Lo que hacemos es respetar el estilo del artista, que se vea como él originalmente lo pintó, también dejamos una huella. Es como decir ‘aquí estuvo el restaurador’”, relató Héctor.

El trabajo tiene una particularidad. El mural está junto a un espejo de agua, que a algunas horas del día refleja los rayos del sol. Para restaurarlo, Héctor y Jairo tienen que usar botas pantaneras. Caminan por el espejo de agua, haciendo pequeñas olas que chocan contra los muros. Como el trabajo es de filigrana, pasan horas de pie, de cara a la pared, sin muestras de entusiasmo por el mundo fuera del mural. Pero cada tanto llega un estudiante, un profesor o cualquier curioso a hacer preguntas. “Nos distraemos por horas, pero pasan los estudiantes y nos preguntan cosas. Nos ha llamado mucho la atención el interés tan grande que hay en la obra, la manera en que la valoran”, precisó Héctor.

Otro agravante para la situación del mural fue precisamente el espejo de agua. Para hacerle mantenimiento, solían echarle cloro, que salpicaba a la pared. El cloro fue corroyendo la pintura y dejó heridas que, hasta ahora, parecían indelebles.

La jornada de los restauradores va hasta el final de la tarde, cuando la oscuridad hace difícil el trabajo. El cálculo es que en dos semanas habrán finalizado su labor y la Universidad de Antioquia gozará de nuevo la obra colorida, repleta de detalles y contradicciones, de colores que, luego del arreglo, aspiran a la eternidad .

Miguel Osorio Montoya

Comunicador Social-Periodista de la UPB. Redactor del Área Metro de El Colombiano.

.