Al igual que Medellín en los años 90, Palermo, la capital de la isla italiana de Sicilia, estaba acorralada por el poder criminal y sanguinario de la “Cosa Nostra”, al mando de Salvatore “Totó” Riína (1930-2017). La mafia desafió a la institucionalidad desatando una escalada terrorista que tuvo su pico máximo en 1992 cuando dos carros bomba acabaron con las vidas de Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, magistrados que habían llevado a los tribunales a 300 mafiosos italianos.
La mafia encontró a su más férreo opositor en el alcalde de la ciudad en esa época Leoluca Orlando, abogado y catedrático, quien recogió las banderas de Piersanti Mattarella, presidente de la región de Sicilia asesinado por la mafia en 1980. Leoluca fue alcalde entre 1985...