Aunque muchos en Guatapé tienen la esperanza de que no se cumpla la predicción de un fenómeno del “Superniño” los próximos meses, las autoridades locales están alistando un plan B con el fin de atraer a los turistas si se seca la represa, que es su mayor atractivo.
Por lo pronto, el espejo de agua todavía permanece casi al tope debido a que Empresas Públicas de Medellín (EPM) ha realizado un llenado preventivo frente a los que se avecina, pero de llegarse a cumplir el pronóstico del Ideam que habla de una certeza del 80% de ocurrencia de un Niño de alta densidad, con los picos más altos entre septiembre y noviembre, ello implicaría que los niveles del embalse puedan bajar al extremo y poner en jaque la economía local que depende en un gran porcentaje del turismo.
El otro desafío es mantener el suministro de agua en el sistema de acueducto, que de por sí ya es deficitario para atender una población permanente de 9.000 habitantes en días normales y de casi 30.000 en los fines de semana cuando no cabe ni un alfiler por las calles del pueblo.
La experiencia de años anteriores hace temer que un “Superniño” podría reducir la presa a un 50% o hasta menos de su capacidad y tener consecuencias catastróficas para una actividad que, como el turismo, le reporta al municipio hasta un 92% de sus ingresos. Si no hay agua, bajan también las diversiones náuticas, que suelen ser las que más atención concentran.
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Por ello, la Alcaldía está diseñando un plan de contingencia que busca atraer visitantes y mantener a flote la llamada “industria sin chimeneas”, mitigando los efectos de una eventual emergencia a instancias del Consejo Municipal de Turismo, de la Secretaría de Turismo y de una mesa sectorial.
“La idea es potenciar atractivos que no dependan del malecón, dándole más fuerza al turismo cultural (zócalos y viviendas tradicionales), al turismo rural y al ecoturismo. También se busca promover el turismo religioso en los monasterios de monjes y monjas benedictinas”, explicó el secretario de Turismo, Edison Jaramillo.
Todo comenzaría dándoles impulso a las fiesta municipales que se celebran entre septiembre y octubre, las cuales se trasladarían a las inmediaciones del malecón. Pero igualmente están programando un torneo nacional de Fútbol 7 para el noveno mes del año, en el que esperan unas mil personas entre participantes y acompañantes.
De forma adicional, el 26 de septiembre llevarán a cabo la Media maratón de Guatapé y en caso de que las cábalas se cumplan y la represa se vacíe harían eventos de rally, camper cross y motocross. Como quien dice están obedeciendo al dicho de que “si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada”, como reza el coro del tema que canta Willie Colón. Esto último depende de que EPM, que es quien maneja la represa, expida las respectivas autorizaciones de uso del terreno que se convertiría en pista.
En cuanto al turismo cultural, la intención es comenzar a vender paquetes más enfocados en las calles pintorescas con casas de zócalos coloridos que igualmente le dan renombre internacional a este municipio del Oriente antioqueño.
Y en otro frente, también experiencial, la idea es promocionar el tour del cacao y del café, aprovechando una tradición cultivada por fincas que están en la vereda Ciprés, a unos 30 minutos del casco urbano y límites con San Rafael.
“Allí los visitantes pueden conocer la historia, el proceso de siembra y producción del café y el cacao. Son iniciativas de familias locales que han adaptado sus cultivos y fincas para el turismo rural”, apuntó el secretario Jaramillo.
Para el ecoturismo, Guatapé tiene innumerables charcos, cascadas y áreas naturales esplendorosas que gustan a la gente que busque tranquilidad.
También tiene potencialidad para el turismo religioso, pues en su territorio queda el bellísimo monasterio Santa María de la Epifanía, de los monjes y monjas benedictinos.
Este lugar, a solo unos diez minutos del parque principal, cuenta con una capilla en la que celebran misas muy concurridas, hospedaje para retiros espirituales y almacén de productos religiosos.
El fantasma que quieren conjurar
Con todo lo anterior, los guatapenses quieren alejar el fantasma de una nueva crisis económica local, como las que sufrieron hace dos y hace seis años.
En 2024 y poco antes, durante la pandemia, los veranos feroces llevaron a la presa a menos de un 40% de su nivel útil para producir energía, con repercusiones también sobre la apariencia del embalse.
En aquellos tiempos, poco quedó del paisaje coqueto que invita a tomarse fotos desde el malecón con la represa, los barcos y los negocios que venden productos típicos como fondo.
En su lugar emergió un paisaje volcánico lleno de montículos color ocre que no invitaban a ir a los visitantes que normalmente acuden desde diferentes partes del país y el exterior. En vez de turistas lo que se veían eran paleros sacando tierra de las orillas.
En abril de 2024 un artículo de EL COLOMBIANO dio cuenta de que el turismo en Guatapé se redujo en un 33% y cientos de establecimientos comerciales quedaron vacíos.
También, de acuerdo con el mismo informe periodístico, la mañana del 19 de abril el operador del sistema energético XM reportó que el nivel de agua en los embalses del país estaba en promedio en un 28,56% y el de El Peñol-Guatapé se veía igualmente moribundo con un 32,79%.
La ocupación hotelera, que suele mantenerse en esta zona por encima del 90% en fines de semana, festivos y temporadas, bajó al 60%, pero definitivamente los que más padecieron fueron los lancheros que solventan con recorridos por la represa, y los vendedores de cachivaches y ropa.
Ya algo muy parecido había sucedido entre 2020 y 2021, cuando otra sequía combinada con la pandemia por el covid-19 redujo el turismo a su mínima expresión.
Javier Antonio López es dueño desde hace cerca de cinco años del restaurante La Casona, localizado a todo el frente del malecón. Recuerda la última de estas sequías, que ocurrió justo en el segundo semestre de 2024, como la más dura. Muchos negocios quebraron y tuvieron que cerrar porque no devengaron mayor cosa, de forma que no aguantaron los costos de los arrendamientos.
Fue el caso del restaurante El Toro, que salió de su local tras tenerlo inactivo durante un año completo; hace unos cinco meses Javier lo reabrió. También desaparecieron otros establecimientos dedicados a la comida, como Los Colores y Mi Casita.
Javier se vio a punto de sucumbir, pero resistió consumiendo sus ahorros y después endeudándose. Sin embargo, de cinco o seis trabajadores que mantenía en los días de lleno en La Casona se quedó apenas con dos.
“Me tocó cubrir muchos puestos personalmente: fui mesero, cocinero y entrador (el que atiende en el mostrador y maneja la caja registradora”, comenta.
La otra estrategia fue que de noche cerraba el local y en las afueras instalaba un puesto de comidas donde vendía menús parecidos y comidas rápidas a precios que fueran asequibles para los habitantes del mismo pueblo.
“Al vender más barato para los habitantes del pueblo, las ventas se dispararon y no me sentí tan afectado. Hay que mirar las situaciones difíciles como una oportunidad”, dice.
Por fortuna, según afirma, después las cosas se fueron normalizando con la llegada de las lluvias, arribaron de nuevo los turistas y vino el desquite que le permitió montar su segundo negocio.
Nelly Margarita López, otra comerciante que devenga su sustento de un puesto callejero donde vende productos varios como sombreros, pavas, ponchos y artesanías, localizado en frente de los restaurantes de Javier, se lamenta porque si hay mucho invierno el negocio se daña, pero si hace mucho calor también.
Asegura que en la anterior sequía la facturación se le redujo en más de la mitad y durante la pandemia incluso disminuyó su trabajo a dos días a la semana porque simplemente no había clientes o los que se animaban eran desconfiados con cualquier contacto humano por temor a que se les pegara el bicho.
Fue la época en que se tuvo que ir a vivir con familiares con el fin de paliar la escasez entre todos porque aún con las ayudas que les mandaba la Alcaldía no hubieran sobrevivido cada uno por su cuenta; posteriormente consiguió un “apartamentico barato” que pudiera pagar con los exiguos ingresos.
En el caso de doña Miriam, vecina del puesto de Nelly Margarita, uno pensaría que la cosa fue peor porque aparte de que la caseta suya duró como medio año con la mercancía estancada –vende imanes alusivos a Guatapé y la Piedra de El Peñol, igual que otros artículos–, su esposo también tiene una motochiva y por tanto estuvo de manos caídas ante el colapso del turismo en la pandemia y en 2024.
Es paradójico pero asevera que no pasó necesidades debido a que poseían ahorros que pudieron ir consumiendo; sin embargo, cuando se le plantea la posibilidad de que se presente otra emergencia por el verano y posiblemente más grave que las anteriores, exclama: “¡Dios quiera que no!”.
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Con esa creencia firme en la voluntad divina, acepta que no se está preparando de ninguna manera, refugiada en la posibilidad de que no se concrete la amenaza, como ya ha ocurrido en ocasiones previas en que se han anunciado sequías y terminan siendo temporadas de lluvia hasta con ocurrencia de inundaciones.
Javier ve con buenos ojos que la Alcaldía esté previniendo y pensando en hacer eventos deportivos en la arena para dinamizar la economía si acaso se merma el embalse, porque “si se seca la represa hay que inventar otra cosa”. Él mismo ya comenzó a activar una estrategia de diversificación consistente en atender a trabajadores de obras y del hospital La Inmaculada.
“Si la represa se seca será difícil, pero no nos ponemos a llorar o miramos cómo aprovechar la oportunidad para hacer alianzas y buscar clientes”, recalca.
Bloque de preguntas y respuestas:
- ¿Por qué Guatapé prepara un plan de contingencia por el fenómeno de El Niño?
- Las autoridades buscan proteger la economía local ante la posibilidad de que el nivel de la represa baje considerablemente por la sequía, afectando el principal atractivo turístico del municipio.
- ¿Qué pasaría con el turismo si baja el nivel de la represa de Guatapé?
- Las actividades náuticas disminuirían o podrían suspenderse, lo que impactaría hoteles, restaurantes, comerciantes, lancheros y demás negocios que dependen del turismo.
- ¿Qué porcentaje de la economía de Guatapé depende del turismo?
- Aproximadamente el 92 % de los ingresos del municipio están relacionados con la actividad turística.