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Movilidad | PUBLICADO EL 28 marzo 2019

Así es moverse en vehículos eléctricos por el Aburrá

Este tipo de movilidad toma más fuerza. Tres historias de personas que dejaron sus vehículos de gasolina.

  • Así es moverse en vehículos eléctricos por el Aburrá
  • May se mueve con tranquilidad por las calles del Aburrá. Se pasó a la moto eléctrica por compromiso ambiental. FOTO Julio Herrera
    May se mueve con tranquilidad por las calles del Aburrá. Se pasó a la moto eléctrica por compromiso ambiental. FOTO Julio Herrera
  • Así es moverse en vehículos eléctricos por el Aburrá
  • May se mueve con tranquilidad por las calles del Aburrá. Se pasó a la moto eléctrica por compromiso ambiental. FOTO Julio Herrera
    May se mueve con tranquilidad por las calles del Aburrá. Se pasó a la moto eléctrica por compromiso ambiental. FOTO Julio Herrera
Víctor Álvarez Correa y Mateo Robledo Yepes

Nadie sabe quién inventó la rueda, pero se han encontrado hallazgos de modelos que datan desde 3.350 años a. C. A partir de ese momento, el hombre ha buscado formas más eficaces para movilizarse diferentes a sus pies. Con el tiempo llegaron los carruajes tirados por caballos, los vehículos de combustión a partir de componentes fósiles y, ahora, la electricidad, parece ser el norte de la movilidad, una forma más eficiente y limpia para permitir el transporte más allá de la capacidad natural.

“La movilidad eléctrica hoy no es una decisión a tomar, es un escenario a enfrentar. Los vehículos eléctricos son una realidad y una solución viable que técnicamente es más eficiente, ambientalmente más amigable y económicamente mejor”, manifestó Juan Manuel Alzate, líder de innovación de Celsia.

Aunque todavía existen barreras para la entrada de estos modelos al parque automotor, como el precio de los automóviles, hay otras que se han borrado —como las dificultades asociadas a cargar el vehículo eléctrico, puesto que es similar a como se hace con el celular—, explicó José Fernando Isaza, jefe de la unidad de transacciones, transmisión y distribución de energía de EPM.

Hay donde cargar

En Medellín, según datos oficiales, circulan alrededor de 500 vehículos eléctricos. Según Isaza, con las estaciones de carga pública se tiene la capacidad para suplir la demanda de 5.000 o 5.500 vehículos, es decir diez veces más.

Actualmente EPM tiene 19 ecoestaciones en el Valle de Aburrá y Rionegro de dos tipos: carga rápida y carga lenta. La primera opción demora unos 20 o 25 minutos para completar la carga y la segunda dos horas aproximadamente. Adicional a estas hay otra empresa, Celsia, que presta el servicio de carga y, a diferencia de EPM, lo hace por ahora, de forma gratuita. Tienen 11 estaciones en Colombia y cinco están en el Valle de Aburrá.

Alzate destacó que se presentan avances significativos, pues entre el primer y segundo semestre de 2018 la demanda de electricidad de las estaciones de carga incrementó casi un 60%. “Empezamos a ver los primeros pasos de ese incremento exponencial de energía eléctrica”, comentó

Según Isaza, con la apuesta que está haciendo la Alcaldía de Medellín, de la mano de algunas empresas privadas, por el uso e incorporación al sistema de movilidad de taxis eléctricos, hay un compromiso de EPM por la ampliación de la red para que no sea un limitante. “Lo que tratamos de hacer es brindar todas las facilidades para los actores del ecosistema con el fin de que los clientes no tengan un limitante para la toma de sus decisiones de incorporarse a una movilidad limpia”.

May se mueve con tranquilidad por las calles del Aburrá. Se pasó a la moto eléctrica por compromiso ambiental. FOTO Julio Herrera
May se mueve con tranquilidad por las calles del Aburrá. Se pasó a la moto eléctrica por compromiso ambiental. FOTO Julio Herrera

Movilidad interurbana, reto

Ambos expertos coincidieron que en la ciudad la capacidad y la red de estaciones de carga va por buen camino. Señalaron que las personas con vehículos eléctricos solo hacen uso del servicio público como oportunidad o necesidad inmediata, pues el 90% de la carga de los vehículos se hace desde las mismas casas con sistemas de adaptación a la red que prestan ambas compañías.

Sin embargo, también ambos están de acuerdo con que la conexión de puntos de servicio entre ciudades todavía es una falencia. “Es un círculo vicioso, no hay redes aún que conecten entre regiones porque todavía no hay flotas de vehículos que las usen”, puntualizó Isaza y agregó que por ahora la compañía inaugurará en los próximos meses una nueva estación para completar 20 en el Valle de Aburrá.

Alzate por su parte comentó que, aunque no existe una red de carga de vehículos entre ciudades en el país, hay varios proyectos que están contemplando la posibilidad con rutas tentativas en las que podría estar Medellín - Cartagena, Cali - Medellín, Barranquilla - Bogotá y Bogotá - Cali. Esto, según el experto, a medida que se dé un despertar más progresivo de la demanda y la tecnología.

Aunque todos los vehículos tienen un cargador de emergencia, parecido al de un computador común, que permite que el automóvil sea cargado en cualquier sitio del país, el tiempo de espera puede ser mayor y llegar a tardar hasta un periodo de 16 a 42 horas. Una barrera que según los consultados también está siendo superada por los mismos fabricantes, pues ahora los vehículos nuevos tienen una autonomía de 300 a 500 kilómetros, factor que permite que el desplazamiento se dé en trayectos más largos con la duración de la carga.

Revisar la normativa

Alzate cree que se deben implementar políticas públicas en el país como, por un lado, la regulación a la importación de un único estándar de carga. En el momento, existen tres protocolos, tres mangueras con geometrías diferentes para cargar los vehículos, lo que hace más difícil la expansión de la red.

Por otro lado, señaló que se deben revisar la regulación y normatividad respecto a detalles técnicos de instalaciones eléctricas de estaciones de carga en la que, según él, se podrían eliminar las barreras que incluyen sobrecostos por la garantía de la instalación. Pero, agregó, esto va a ser tan sencillo como usar un microondas en la casa y para poner el electrodoméstico no hay que pagar de más como sí sucede ahora con las estaciones de carga.

Le presentamos algunas experiencias de personas que se decidieron por la electricidad como alternativa de transporte limpia, sin abandonar la opción del vehículo.

en definitiva

El país y la región se preparan para abrirle paso a la movilidad eléctrica. Aún existen barreras, sobre todo en los precios de los vehículos y en la conexión de redes de carga entre ciudades.

Contexto de la Noticia

radiografía modelo atractivo para el país

Colombia se ha convertido en el sitio más atractivo de América Latina para promover la movilidad eléctrica, aseguró Isaza argumentando que “nuestro parque de generación de energía es muy limpio. Cerca del 70% es hidráulico, lo que hace que la producción sea amigable con el medio ambiente y que tengamos todo el potencial de seguir haciendo estos proyectos”, destacó. En este punto coincide Alzate, quien puntualizó que la energía colombiana tiene poco componente de combustibles fósiles en su producción, por lo que “las emisiones indirectas son muy bajas. Somos un país hidro dominado en electricidad y esto permite que no se expulsen contaminantes en los lugares donde está circulando el vehículo, ayudando al problema que enfrenta, por ejemplo, el Valle de Aburrá.”

Soy feliz en mi carro eléctrico”

Tomar la decisión de tener un carro eléctrico fue para Manuela Carrasco (foto) sencillo. Acepta que buscaba uno de gasolina, pero cuando conoció las ventajas que le daba moverse en un vehículo que no fuera de combustión, no lo dudó.

El precio es más alto que el de uno con motor de gasolina, pero el mantenimiento, el valor de la carga, que es muy inferior, el no tener pico y placa y contribuir con el medio ambiente, minimiza esa diferencia”, comenta la estudiante universitaria.

Son cinco meses que lleva con un automóvil eléctrico y no se arrepiente. Tiene una especie de transformador en el parqueadero del edificio en el que vive y cuando no lo carga ahí lo hace en una de las estaciones de EPM o Celsia, que existen por toda la ciudad.

“Es cierto que el tener una autonomía de la batería limitada es difícil y me hace planear mejor mis recorridos, estar pendiente de los niveles de carga, pero uno se acostumbra”, relata.

Según, Manuela en cargas se gasta, en promedio, 60.000 pesos mensuales. Un carro similar, haciendo los recorridos que suele realizar, le representaría no menos de 130.000 pesos.

Recorre el Valle de Aburrá. “Me decían que los carros eléctricos no subían la lomas, pero lo hacen como cualquier otro. Me siente feliz con él y sobre todo porque estoy poniendo un granito de arena para mejorar el aire”, dice plenamente convencida.

Raúl Ávila, profesor de Economía en la Universidad Nacional, comentó, en enero pasado a EL COLOMBIANO, que la experiencia de usuario pareciera ser una de las prioridades para ganar atractivo hacia este tipo de vehículos.

“Carros que se conectan a internet, que tiene capacidad de autoparqueo, pero que también son amigables con el medio ambiente serán mensajes que terminen por calar en la cabeza de los consumidores”, explica.

Manuela carga el carro cada noche, va a su universidad, regresa a casa, sale con su novio y los fines de semana se reúne con sus amigos.

“No extraño la moto de gasolina”

Para Maye Álvarez, las motos han sido más que un estilo de vida, la manera de transportarse de manera fácil y económica.

Haciendo parte de un medio de comunicación enfocado en temas de movilidad eléctrica conoció un mundo que le era desconocido: el de los vehículos que no utilizan gasolina.

Así, en 2017, decidió dejar su moto de gasolina y comprar una eléctrica, con la motivación de ahorrar costos y contribuir con la calidad del aire. “Pago 700 pesos por carga y cada carga son 70 kilómetros de autonomía. Todos los días me muevo del municipio de Caldas a Medellín, y eso son 30 km, es decir, no me gasto ni los 700 pesos, eso es como 15.000 pesos al mes”, comentó.

En los casi dos años de usar su moto eléctrica, una tipo scooter con una velocidad máxima de 60 kilómetros por hora, solo la ha tenido que llevar al taller porque le entró agua a unos circuitos. De resto, ni cambios de aceite (este tipo de vehículos no lo usan) y ni siquiera para cambiar llantas. “Le hago mantenimientos preventivos, es lo único. El motor es sencillo. Se debe tener cuidado con la batería”, dijo.

Maye agrega que el Soat para estas motos es inferior a 180.000 pesos, mientras para una moto de combustión promedia los 420.000 pesos. “Tampoco pago impuesto de rodamiento”, acota.

La rutina de un viernes para esta joven empleada de EPM, comienza a primera hora del día, saliendo de Caldas en la mañana para luego llegar al edificio Inteligente de Medellín. De ahí, a eso de las 3:00 p.m. se va a Envigado para clase de especialización y luego a Sabaneta, donde su mamá. Luego, de nuevo a Caldas y todo eso con una sola carga en su moto.

Para cargarla, explica, lo hace en el parqueadero de su unidad, y paga a la administración un excedente por la energía que usa. “Los fines de semana, le saco la batería y la llevo a cargar a mi casa” apunta y acepta que no extraña la motocicleta de gasolina, aunque sabe que la movilidad eléctrica aún está en proceso de avance y falta mucho por desarrollar.

CambiÓ su carro por una bici

Un reciente viaje a España le cambió al abogado Juan José Correa su percepción de la movilidad en Medellín.

Hasta ese entonces, como la mayoría de ciudadanos de esta contaminada urbe, se desplazaba en carro de su casa en la Loma del Esmeraldal a su lugar de trabajo. También, acepta, dependía del automóvil para visitar a sus padres, amigos o ir a un centro comercial. “En España me di cuenta que la gente se mueve en bicicleta o transporte público. El carro allá, y en muchos países europeos, no representa estatus para la gente, como sí sucede en Colombia”, apunta. Al llegar del viejo continente, a finales del año pasado, y ser testigo de la contaminación del aire en Medellín, Juan José reflexionó sobre cómo podía contribuir con un mejor ambiente. Así, luego de investigar sobre la mejor manera de ser usuario de la movilidad sostenible, decidió subirse a la bicicleta eléctrica. Averiguo durante dos meses estilos, precios, rendimiento y marcas. “Algunas personas me decían que era complejo moverse en bici, que la topografía no ayudaba y que era peligroso por la agresividad en las vías”, anota. Las cuentas de Juan José justificaron su decisión: “en mi carro, al año, con gasolina y Soat son 7 millones de pesos. A la bici lo único que le cambio es la pastas de frenos”, concluyó.

Las bicicletas de pedaleo asistido cuentan un motor eléctrico que solo funciona cuando se pedalea, por eso tienen una velocidad máxima de 25 km/h y no cuentan con acelerador. Su potencia no supera los 350 vatios. La carga de estos vehículos puede oscilar entre cuatro y seis horas, y se puede hacer en un tomacorrientes de 110 voltios. Hace unos meses, la Universidad Ces implementó un programa de préstamo de estas bicicletas para facilitar los desplazamientos hasta su sede y contribuir al ambiente. De acuerdo con datos de expertos de EPM, una carga puede costar 200 pesos en un estrato cuatro, incluso menos, porque el kilovatio cuesta 500 pesos, y la potencia de estos vehículos es de apenas la tercera parte.

Víctor Andrés Álvarez Correa

La primera entrevista que hice, a los 8 años de edad y con la ayuda de mi padre, fue al futbolista Andrés Escobar. Desde ese día no he dejado de hacer preguntas, ni de amar el periodismo. Soy egresado de la Universidad de Medellín.

Mateo Robledo Yepes

Una vez me dijeron que era un buen conversador y me lo creí (para bien o para mal). Me gusta hablar de política, astronomía, teatro y superhéroes.

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