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Antioquia | PUBLICADO EL 15 junio 2020

Marea difícil para los barequeros del río Cauca

Práctica es herencia de los Nutabe. Tradición sigue sin futuro claro tras dos años de crisis de Hidroituango.

  • El barequeo ha sido una actividad tradicional en las comunidades aledañas al río Cauca. FOTO Esteban vanegas
    El barequeo ha sido una actividad tradicional en las comunidades aledañas al río Cauca. FOTO Esteban vanegas
  • Los mineros ancestrales extraen solo las cantidades de oro que requieren para la subsistencia diaria. FOTO julio césar herrera
    Los mineros ancestrales extraen solo las cantidades de oro que requieren para la subsistencia diaria. FOTO julio césar herrera
  • El barequeo ha sido una actividad tradicional en las comunidades aledañas al río Cauca. FOTO Esteban vanegas
    El barequeo ha sido una actividad tradicional en las comunidades aledañas al río Cauca. FOTO Esteban vanegas
  • Los mineros ancestrales extraen solo las cantidades de oro que requieren para la subsistencia diaria. FOTO julio césar herrera
    Los mineros ancestrales extraen solo las cantidades de oro que requieren para la subsistencia diaria. FOTO julio césar herrera
Por MARIA PAULA HERNÁNDEZ B.

Solo cuando el agua rozó las patas de su cama a mitad de la noche, Eugenia Gómez entendió que no había vuelta atrás. Esa tarde había sido su última vez barequeando en el río Cauca, y esos instantes los últimos que pasaría en su casa en la playa Guayacán, la de toda la vida en Ituango, donde habían trabajado sus abuelos y donde ella había criado a sus dos hijos. Guardó las esperanzas hasta el final, “es una creciente más”, porque la verdad era difícil de creer: aguas abajo un muro gigante represaba el río Cauca y sus aguas inundaban todo para siempre.

Echó a correr montaña arriba con su familia, sus vecinos, seis perros y diez gallinas que alcanzó a rescatar. Nada más. “Los marranos y los gatos se nos perdieron”. Eran las once de la noche del 28 de abril de 2018 y no se veía nada. Eugenia recuerda la oscuridad, el sonido de la lluvia y el temor porque, junto a ellos, las culebras y otros animales salvajes huían del río que no paraba de crecer.

Se refugiaron bajo un árbol esa noche y permanecieron allí sin comida durante cinco días. Y aunque aquella vez fueron rescatados por lanchas del Dapard, la Cruz Roja y personal de EPM, la sensación de estar a la deriva no terminó. La represa inundó playas de los municipios de Sabanalarga, Peque e Ituango, entre otros, en las que por siglos estas comunidades practicaron la extracción artesanal de oro. Y sin barequeo, la única opción fue irse a buscar otro futuro.

“Durante un tiempo estuvimos en un refugio habilitado en el coliseo de Ituango y ahora estamos en un refugio humanitario por nuestro movimiento Ríos Vivos en Toledo”, dice Eugenia, quien ahora trabaja tejiendo mochilas con otras mujeres también desplazadas por la hidroeléctrica. “Las mujeres hemos sido especialmente afectadas. El barequeo era la única fuente de ingresos de muchas madres cabeza de familia que no tenían que rendirle cuentas sino al Patrón Mono, como solíamos llamar al río. Con hijos pequeños, no hay forma de jornalear, por ejemplo”.

Algunos barequeros de la zona se fueron hacia Liborina y Olaya donde aún hay playas con oro, asegura Guillermo González, presidente de la Asociación de Barequeros, Pescadores y Agricultores de Sabanalarga. Sin embargo, explica, el espacio es limitado y no hay para todos allá, así que muchos abandonaron el territorio por completo. “Están jornaleando en otras partes. Hay jóvenes en grupos al margen de la ley porque fue su única opción. Es una pobreza lo más de horrible”.

Ante la presión que se ha generado sobre el recurso, algunos están incorporando otra técnica de minería que consiste en descolgarse de las barrancas que bordean el río para abrir pequeños socavones en los taludes que quedaron al inundar las playas, con los riesgos que eso acarrea, como lo explica Neyla Castillo, antropóloga del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia. Sin embargo, agrega Guillermo, “eso ya no es barequeo porque hay que utilizar motores para lavar el oro y no se encuentra la misma cantidad”.

Lo más difícil, dice, es que no solo perdieron su empleo: “nos quitaron nuestra historia y desintegraron nuestra comunidad cuando nos obligaron a irnos. Esa era la herencia, ¿qué le vamos a dejar a las nuevas generaciones?”.

Más que oro

El barequeo en el río Cauca es una práctica cultural que tiene, por lo menos, 2.500 años de historia, explica Castillo. Es herencia de las comunidades Nutabe que habitaron la zona y “es patrimonio de la gente del cañón, parte de su identidad y su memoria”.

“Estos no son campesinos cualquiera, ni migrantes o colonos del siglo XVIII, XIX o XX. Son personas que tienen un continente transmitido, conocimientos que vienen de mucho tiempo atrás. El río y el oro estructuraban todo su mundo”, y eso no es fácil de indemnizar. E incluso, más allá de eso, la comunidad asegura que el proceso de indemnización que llevó a cabo EPM tuvo errores.

Róbinson Miranda, director social y ambiental de Hidroituango, explica que la empresa llevó a cabo un censo y todas las personas afectadas recibieron una compensación. Entre ellos había 1.400 barequeros. “A quienes vivían en las playas se les pagó por su vivienda y estamos restituyendo su proyecto económico, sus bases sociales y culturales. Los que no vivían allí recibieron una indemnización por los ingresos que recibían del barequeo”, dijo.

El problema es que, según datos del movimiento Ríos Vivos recopilados en talleres con la comunidad, son mínimo 12.000 los barequeros afectados, y las indemnizaciones que entregó la empresa fueron insuficientes. Eugenia, por ejemplo, a pesar de ser hija y nieta de barequeros y de haber vivido toda su vida de esta actividad, no recibió una indemnización.

“Fueron solo por algunos lugares específicos. Además no es justo que a una persona le den $20 millones por el oficio de toda una vida”, dice Guillermo. Al respecto, Castillo explica que la comunidad barequera maneja un sistema de valores que no busca acumular riqueza, lo que hace que un monto limitado de dinero no sea suficiente para compensar.

“El oro es del río y se extrae solo lo que se necesita, así que se usa inmediatamente. No hay una cultura de acumulación”. Se necesitarían, explica, proyectos productivos amplios que vinculen permanentemente a toda la comunidad.

Por otra parte, las versiones se cruzan en cuanto a las afectaciones aguas abajo de la represa, donde no hubo inundación. Mientras EPM asegura que no hubo indemnización en esta zona porque los niveles de oro no disminuyeron, Mauricio Madrigal, vicepresidente de la Asociación de Barequeros, Agricultores y Pescadores de Valdivia, asegura que ahora se consigue solo un 4% del oro que anteriormente se sacaba:

“Nosotros sacamos las partículas de oro que bajan con las arenas del río Cauca. La represa no permite que el río arrastre la misma cantidad de sedimentos y el barequeo ha disminuido mucho”.

¿Entonces en qué quedó la recomendación de la Comisión de Verificación del Gobierno? (ver recuadro). “No han hecho nada. No hay ni siquiera un censo completo”, expresa Eugenia. Y Miranda, por su parte, responde que a una empresa de servicios públicos como EPM “no le corresponde adelantar iniciativas culturales”, y que eso es asunto del gobierno departamental y nacional.

Jorge Jaramillo Pereira, secretario de Minas de Antioquia, manifiesta que el Plan de Desarrollo contempla programas para la regularización y formalización de comunidades con labores de minería ancestral en los cuales quedarían incluidos los barequeros del río Cauca. Sin embargo, ante la posibilidad de realizar un nuevo censo de la población afectada por la hidroeléctrica, asegura que se trata de un asunto de EPM. Y la empresa sostiene que “es uno de los censos más rigurosos que hemos llevado a cabo para agrupar la mayor cantidad de personas afectadas”.

“Hemos escalado la solicitud de un nuevo censo a autoridades departamentales y nacionales, que es el primer paso para ser compensados realmente, pero no hemos obtenido respuesta”, asegura Guillermo. Y sin esta esperanza, no hay resiliencia, como lo expresa Isabel Zuleta, socióloga y líder del movimiento Ríos Vivos. “El ser humano tiene una capacidad increíble de superar adversidades, pero debe proyectar una nueva vida”.

Y sin río, sin oro y sin verse representados en un censo claro, para los barequeros del río Cauca el futuro aún es difícil de imaginar.

2.500
años de historia tiene el barequeo en el río Cauca. Lo iniciaron los Nutabes.
1.400
barequeros de la cuenca del río Cauca recibieron compensación de EPM.
96 %

de reducción en el oro del Cauca reportan barequeros.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS EL CAMINO POR EL RECONOCIMIENTO

Entre 2012 a 2015, la comunidad se postuló ante el Ministerio de Cultura para que la práctica del barequeo del río Cauca fuera incluida en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la nación. Esto le habría permitido tener un Plan Especial de Salvaguarda para proteger la práctica ante riesgos como el proyecto energético, la minería ilegal y el conflicto armado. Como parte del proceso, una Comisión de Verificación del Ministerio recomendó “adelantar acciones concretas que apunten a la salvaguarda de este patrimonio presente en el cañón del río Cauca antioqueño, el cual se halla en una situación de incertidumbre, tal como se pudo constatar”. A pesar de dicho concepto, y de que la práctica cumplía las exigencias del Decreto 2941 de 2009, no fue incluida en la lista. El Ministerio señaló que la solicitud tenía un uso político y que incluir la práctica “podría llegar a interpretarse como una acción adversa a la política del Gobierno”.

Maria Paula Hernández Bergsneider

Periodista del Área Metro. Interesada en pensar y narrar la ciudad desde un enfoque investigativo y humano.

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