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Las voces del pasado que habitan las máquinas de La Remington

La corporación universitaria abrió un museo con una de las colecciones más grandes de máquinas de escribir del país.

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Apoyando sus manos tímidamente en el teclado y ubicando su cuerpo menudo junto a un atril que por poco igualaba su estatura, Gabriela Peláez Echeverry posó para ser retratada en uno de los salones de la Escuela Remington hace más de 90 años.

Pese a ser una estudiante inquieta y aventajada, en aquel momento pocos imaginaban que aquella pequeña de once años, nacida en Concordia en 1920, se convertiría en 1944 en la primera mujer colombiana en conseguir el título de abogada, con una tesis laureada titulada “La condición social de la mujer en Colombia”.

El retrato de Peláez es tan solo uno de los diversos tesoros que resguarda un museo abierto recientemente por la Corporación Universitaria Remington.

Situado en el segundo piso del antiguo edificio del Banco de Colombia, en el cruce de Colombia con Bolívar, además de múltiples fotografías de estudiantes y documentos históricos, el recinto resguarda una de las colecciones de máquinas de escribir más completas del país.

El profesor Diego Giraldo Ríos, que desde hace más de cuatro años emprendió un ambicioso trabajo de investigación y catalogación, advierte que en el lugar hay máquinas que datan desde 1910, incluso antes de que la Escuela Remington de Comercio fuera fundada por don Gustavo Vásquez Betancourt en 1915.

A escasos metros del retrato de Gabriela, por ejemplo, el profesor cuenta que la máquina que se aprecia en la imagen es una Remington N°. 12 Standard, que en su momento fue toda una revolución por pesar un poco más de cuatro kilos.

“En su momento, como es el caso de la modelo 12, la máquinas eran toda una novedad, porque pasaron de ser aparatos muy pesados y difíciles de manejar a ser portátiles, lo que implica que cualquier persona podía cargarla en la mano”, explica el profesor.

Este modelo, añade, también tiene una connotación especial para la escuela, ya que fue una de las más usadas por decenas de promociones de estudiantes de la primera mitad del siglo XX, que aprendieron allí la técnica de la mecanografía.

Luego de completar un siglo de existencia, añade con orgullo mientras saca una de estas máquinas de la vitrina, funciona perfectamente.

Aunque la marca Remington fue por muchos años la más popular en Medellín, dándole en consecuencia el nombre a la escuela, el museo también tiene aparatos de muchas otras casas fabricantes.

En otra vitrina, por ejemplo, se preserva un ejemplar de una Smith Corona negra, fabricada entre las décadas de 1920 y 1930 y también muy usada por los estudiantes. Junto a esa máquina, el museo también preserva un antiguo disco de acetato de la misma empresa, que con música clásica y un ritmo marcado fue usado por muchos años en las clases de mecanografía.

En las vitrinas también están exhibidas máquinas más recientes, como unas con partes en pasta de la década de 1960, electrónicas de las décadas de 1980 y 1990 y hasta uno de los primeros computadores que llegaron a la escuela en 1981, de marca NEC y un disco duro de 1.5 megabytes (MB), con el que empezó el ocaso de la escritura a máquina.

Según explica el profesor Giraldo, la idea de crear el museo comenzó un poco antes de 2019, cuando Mario Vásquez, hijo del fundador de la escuela Gustavo Vásquez, decidió materializar la idea de abrir un espacio que reconstruyera la historia de la escuela a través de esos artefactos.

Aunque el museo venía preparándose para inaugurase en 2019, la pandemia dejó todo en suspenso, y solo desde septiembre del 2022 pudo abrir sus puertas de forma oficial.

Pese a estar ubicado al interior de la sede, Giraldo aclara que el museo es un espacio de ciudad y cualquier persona que desee recorrerlo puede comunicarse con la universidad para programar una visita guiada.

“A futuro esperamos que con todo lo que todavía no está en la exhibición podamos a llegar a tener un espacio más grande, donde lo podamos dar a conocer también. En las bodegas hay textos y publicaciones que serían para futuras colecciones”, dice el profesor, que sueña con que este espacio se convierta en todo un referente de ciudad.

Jacobo Betancur Peláez

Comunicador social y periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana, especializado en la investigación de temáticas locales. También cubro temas relacionados con salud, historia y ciencia.

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