Volver después del destierro era una angustia palpitante para la familia Tobón. Saber que la finca estaría llena de monte y que había que abrir paso con machete los llenaba de nostalgia sobre ese tiempo pasado que fue mejor, cuando trabajaban en lo suyo procurando un futuro para las generaciones venideras. La mismas generaciones de nietos y bisnietos que nacieron y crecieron en tierra ajena, porque el conflicto armado y las amenazas de reclutamiento que resonaron en las veredas de Montebello (Suroeste antioqueño) los hicieron huir.
Hoy, quién lo diría, exportan a Japón, España, Australia, Estados Unidos y Canadá su Café Sabanitas, que bautizaron en honor a la vereda de la que nunca quieren volver a salir.