En mayo, Medellín rompió su récord histórico de temperatura y llegó a registrar hasta 33,8°C. Ese calor de ventanas abiertas y ventiladores encendidos también se siente dentro del Parque de la Conservación. Los osos de anteojos, acostumbrados al frío del páramo, jadean y se tiran sobre el suelo o directamente al agua. Los ocelotes se ponen inquietos con el sol de las tres de la tarde y caminan de un lado a otro. Las aves buscan las bañeras para mojarse. El equipo de etología lo observa todo, y cuando aparecen estos signos de estrés calórico, actúan.
La respuesta son los enriquecimientos fríos: preparaciones congeladas adaptadas a la dieta de cada especie, como salpicones que les cuelgan entre las ramas para que se hidraten. Para los osos y los primates, helados de fruta picada mezclada con su propio jugo. Para los felinos como ocelotes y pumas, paletas hechas con restos de carne. Aunque son helados, no llevan barquillo ni chantilly; son la dieta habitual de cada animal convertida en paleta.
También le puede interesar: Cattleya, la cóndor que nació en Cundinamarca con raíces en el Parque de la Conservación
“En algunos casos la fruta va un poco más licuada para que le dé más sabor al congelado, y en otros lleva la fruta picada para que vayan accediendo a ella a medida que se va derritiendo el hielo y lo van chupando”, explica Carlos Madrid, líder de conservación y bienestar animal del parque.
La estrategia varía según la especie porque las necesidades también son distintas. Los reptiles son felices con las altas temperaturas — son animales de sangre fría y el calor les favorece —. Pero los animales de hábitats de montaña o páramo, con pelajes densos y mayor grasa corporal, acumulan más calor y requieren más atención. Madrid señala que los más afectados han sido los osos de anteojos, que tienen acceso permanente a una pileta y reciben rociados adicionales de manguera.
Las paletas se entregan en los picos de calor del día, generalmente entre el mediodía y las tres de la tarde. A eso se suman otras medidas: rociado del hábitat con agua dos o tres veces al día, acceso a zonas internas donde los animales pueden refugiarse del sol sin estar expuestos al público, y bañeras para las aves y los osos que disfrutan mojarse.
En la jerga de los cuidadores de fauna, estas preparaciones son enriquecimientos ambientales, es decir, técnicas para modificar el entorno de un animal en cautiverio y estimular sus comportamientos naturales. Su propósito va más allá de bajar la temperatura, también es sacar a los animales de la rutina, incentivarlos a explorar y mantenerlos activos. “Los animales se ponen muy activos, juegan con los pedazos de fruta, llegan a lamerlo, a cogerlo con las manitos. Se nota un comportamiento de disfrute”, cuenta el cuidador.
Regístrate al newsletter