El comienzo del problema de los hipopótamos en el Magdalena Medio antioqueño se remonta a 1981, cuando en medio de su apogeo criminal, el narcotraficante Pablo Escobar decidió traerse del exterior cuatro animales para agregarlos a su excéntrico zoológico de la Hacienda Nápoles, ubicada en Puerto Triunfo.
Tras empezar a ser perseguido por las autoridades, el zoológico de Escobar y su lujosa hacienda quedaron a la deriva, incluidos muchos de los animales que allí habitaban.
No obstante, el primer antecedente que puso en la agenda pública que los hipopótamos se habían reproducido y estaban en la vida silvestre tuvo lugar en 2007, cuando varios habitantes de la vereda Bodegas, de Puerto Berrío, alertaron de la presencia de un hipopótamo joven y agresivo que merodeaba por las aguas del río San Bartolo.
El animal, que merodeaba también por la zona limítrofe con Yondó, atacaba pescadores e invadía fincas, lo que obligó a funcionarios tanto de Corantioquia como del Ministerio de Medio Ambiente a visitar la zona.
Pese a que en un comienzo las autoridades intentaron sensibilizar a la comunidad para que guardara distancia con el animal y al mismo tiempo empezaron a buscar en el mundo fundaciones y organizaciones que estuvieran dispuestas a recibirlos, esos planes no rindieron mayores frutos.
Ante el riesgo de más ataques, en 2009 un grupo de cazadores alemanes entrenados recibieron autorización para dar caza al animal, tal como terminó ocurriendo en junio.
No obstante, tras lo ocurrido con el animal, muchos estuvieron en desacuerdo e interpusieron acciones legales, hasta que una juez prohibió volver a avalar ese tipo de cazas.
Pese a que la evidencia científica ya alertaba desde entonces la urgencia de tomar una medida de fondo para controlar esa población de hipopótamos, el Gobierno dejó el tema en veremos y una población que para ese año se calculaba en 20 ejemplares se fue multiplicando paulatinamente hasta llegar a los 169 que se calcularon en un censo realizado en 2022.
En ese diagnóstico de 2022, hecho público en mayo de 2023, se conocieron más datos sobre la situación de los hipopótamos del Magdalena Medio antioqueño, como por ejemplo que estaban organizados en cerca de siete grupos y que abarcaban un área de 43.342 kilómetros cuadrados.
Los municipios en los que más hipopótamos había eran Nápoles, Cocorná y Tolones, en otros otros municipios como Puerto Nare y Puerto Berrío los animales eran autosostenibles y se reproducían a buen ritmo y en Yondó y Momposina había reportes de estos, pero no de reproducción.
Pese a que en 2023 la entonces ministra de Ambiente, Susana Muhammad, prometió entregar un plan para manejar los hipopótamos, esa intervención comenzó a dilatarse.
En marzo de este 2026, tal como lo contó este diario, los esfuerzos oficiales más significativos provenían de entidades como Cornare, que había esterilizado a 35 ejemplares.
Además de estas labores, en los últimos años también trascendieron los intentos de varias organizaciones ambientales que se interesaron por darle morada a los hipopótamos en otras latitudes.
Es el caso de la del santuario animal Vantara, de India, que le propuso formalmente al Gobierno Nacional llevarse a varios animales para un refugio de 12 kilómetros cuadrados.
Sin embargo, allegados a esas conversaciones, como el periodista y activista ambiental Nicolás Ibargüen, aseguraron que las conversaciones fracasaron por cuenta de la inestabilidad del Ministerio de Ambiente, que durante el proceso tuvo la renuncia de Muhammad y luego de la salida de su reemplazo, Lena Yanina Estrada.
“Después de eso no volvimos a recibir ninguna respuesta del gobierno. Tampoco se han vuelto a comunicar ni han adelantado nada en este tema”, dijo Ibargüen.
En los últimos tres años, también se habló de contactos con organizaciones ambientales de México, Filipinas y Ecuador, que tampoco llegaron a ningún lado con el Gobierno Nacional.
Dentro de los principales obstáculos que entonces se mencionaban, se destacaban algunos como la falta de permisos ambientales tipo CITES (que por sus siglas significa Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), trámite indispensable y responsabilidad del gobierno para que los animales puedan salir como una exportación.
No obstante, más allá de las cifras, el problema de la explosión demográfica de estos animales constamente queda retratada en videos de la vida cotidiana de los habitantes del Magdalena Medio antioqueño, en los que han quedado captado cómo terminan chocando con carros que transitan por la Autopista Medellín - Bogotá, dañan cultivos de campesinos, pero también son incorporados a la vida rural como si se tratara de mascotas.
Además de los ataques a personas, el mayor riesgo es el de daños ambientales a largo plazo.
En registros aéreos que se han realizado como parte de los estudios en poder del Minambiente, ha quedado constatado cómo las poblaciones que merodean por Antioquia han abierto canales, alterado drásticamente el hábitat de los ríos y puesto en riesgo a otras especies.
Los análisis del Humboldt, el Instituto Sinchi, Invemar y Universidad Nacional realizados en 2020 señalan, por ejemplo, que la presencia de los hipopótamos se asociaba a la reducción de macroinvertebrados, claves en la cadena alimenticia de los ríos del territorio.
De igual forma, el crecimiento poblacional de la especie se asocia a un agravamiento del compactamiento de los suelos y de más riesgo de ataques para personas y otras especies en escenarios en los que el agua escasea.
Una de las especies más afectadas han sido por ejemplo los chigüiros, que han reducido su población por cuenta de los hipopótamos invasores en los últimos años.
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