Don Pedro Luis Daza Mejía no paró de dar la mano durante toda la ceremonia a los hombres vestidos de traje azul oscuro, botas militares y gestos de “caras duras”. Tiene 87 años de vida y una piel curtida por el jornal del campo en su vereda San Isidro, en San Francisco, Oriente antioqueño. Los últimos tres lustros los pasó entre caminos veredales con el temor de una explosión bajo sus pies.
“A uno le daba mucho miedo que de pronto se levantara esa humareda y lo tirara lejos, como pasó con el muchacho Ferney cuando esa bocanada de fuego lo tiró contra la montaña. Ahí anda con un pie de palo hace muchos años”, recuerda don Pedro Luis.
El temor a una mina antipersonal tuvo a Pedro Luis confinado a su patria pequeña, una parcela en la que tiene una...