Pico y Placa Medellín
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Un sector de El Poblado en donde conviven industrias, discotecas y 17 familias que se rehusan a irse.
En 1938, cuando Marina Pérez llegó con su mamá y sus hermanas al barrio Colombia, solo existían otras tres casas: la de las Taborda, la de las Magolas y la de la suegra de Ester Corrales. “El resto eran mangas, con bestias y vacas”, contó Marina.
Sus canas, que se esconden detrás de una pañoleta colorida, demuestran esos 80 años que intentan ocultarse ante una prodigiosa memoria.
Marina se mantiene muy ocupada: reclama remedios, acompaña gente al Seguro Social, visita enfermos, va a entierros y cobra pensiones.
Aunque permanece en contacto con las 17 familias que aún residen en el sector, Marina afirma que extraña el barrio que era antes. “Por aquí ya se muere alguien y ni se dan cuenta”.
Según ella, antes, cuando fallecía alguien, todos los...