A un kilómetro del casco urbano de Vigía del Fuerte, en el Urabá antioqueño, hay una grave amenaza para el majestuoso río Atrato. En la ribera, que luego se convierte en selva, reposan los desechos de todos los habitantes. Es un botadero a cielo abierto que llegó a su límite y escupe bolsas, costales, cajas, botellas y otro revoltijo de desperdicios. El temor entre los habitantes, en algunos más que en otros, es grande y bien fundado: la basura empezó a invadir el agua.
La vida en Vigía del Fuerte depende en alma, corazón y vida del río Atrato. Esa agua abastece, en ella se lava, se pesca, se enamora, se contempla y se transporta. Esto lo sabe muy bien Keiver Palacios Cuesta, uno de los pobladores preocupados porque el botadero ya no da abasto y las características de los residuos están contaminando ese importante río, que es la carretera que tienen, con botes que hacen las veces de carros, para movilizarse por el territorio.
Hasta para llevar la basura al botadero la ruta más fácil es el afluente. Keiver lleva seis años promoviendo estrategias para disminuir los impactos ambientales negativos que han dejado años de falta de conciencia. Antes de 2016 no existía ni la mínima cultura del reciclaje en el municipio.
El botadero a cielo abierto recibía entre cuatro y cinco toneladas de residuos cada mes, que aceleraron el lleno de la celda construida en la tierra para depositarlos. Pero la topografía del lugar no permitió que estas celdas tuvieran una gran profundidad, al ser zona inundable, por lo cual el tope ya se alcanzó.
Piden otro botadero
En el lugar se ve maquinaria amarilla tratando de tapar los residuos. Allí quisieran aplanar y no depositar más basura, como lo obliga el sentido común. Entonces, cuenta Keiver, el problema que tienen es que no cuentan con muchos lugares para construir un nuevo botadero. La tierra que posee el municipio, a enormes distancias del casco urbano, es habitada por comunidades étnicas que también dependen del río Atrato.
Por eso, desde la Asociación para la Sostenibilidad del Río Atrato (Asoriat), de la que Keiver es representante legal, hacen un llamado urgente a las distintas autoridades para que, desde sus competencias técnicas, administrativas o ambientales, busquen con celeridad dónde hacer un nuevo botadero en un terreno apto.
Incluso, proponen que haya una articulación con Bojayá, municipio chocoano hermano de Vigía del Fuerte, que queda solo cruzando el río.
Mientras algo sucede, Keiver y otros 13 jóvenes que componen la asociación, constituida desde 2021, pero que trabaja para proteger el río casi desde 2016, ejecutan un proyecto de la administración municipal para aumentar la cultura de reciclaje. De charla en charla sensibilizaron a la comunidad y un gran porcentaje aprendió a separar bien los residuos.
Hoy tienen un sistema de recolección que los lunes se lleva el reciclaje; los miércoles, los residuos orgánicos para hacer compostaje para huertas caseras; y los viernes, los residuos ordinarios, es decir, los que llegan al botadero. Esto ha permitido que la cantidad de basura que llega al botadero sea menor: hoy es de un tonelada o una tonelada y media al mes.
Por su cuenta, Asoriat realiza otras actividades para sensibilizar a los habitantes, han visitado municipios vecinos, como Bojayá y Murindó, así como las comunidades de Vigía más alejadas. Una de sus iniciativas es “Ecocine”, que permite que los niños vean una película y paguen la entrada con material reciclable.
En el proyecto con la Alcaldía, la asociación hace educación ambiental; tiene una hidrofábrica y plantuladero; y opera una planta de reciclaje donde se procesa el material y se almacena antes de comercializarlo. La plata de la venta es para sostener la asociación. Si todos los días tuvieran electricidad, están en capacidad de sacar hasta cuatro toneladas mensuales (ver Radiografía).
La idea es evitar lo más que se pueda la llegada de más basura al botadero. Pero no parece ser suficiente para proteger a este río que fue declarado sujeto de derechos por la Corte Constitucional en la sentencia TC-22 de 2016. Por eso, no cesan en su llamado a que haya una solución rápido.
La gerente de Servicios Públicos de Antioquia, Nadia Maryori Maya, explica que aunque es el Municipio el de la competencia para la disposición de los residuos y buscar soluciones para el desborde del botadero, desde la Gobernación brindan acompañamiento y sensibilización para disminuir la cantidad de basura, por medio de estrategias como el reciclaje.
La funcionaria considera que Vigía ha hecho bien la tarea en este sentido y que es importante encontrar salidas de fondo porque compactar los residuos sólidos recogidos en el municipio y enviarlos a otros municipios del Urabá es muy costoso, teniendo en cuenta que se deben transportar por agua.
Por el momento, Maya no ha recibido una propuesta de construir un botadero o relleno conjunto con Bojayá y dice que si esta llega la podrían acompañar con recomendaciones técnicas para que sea una solución viable y sostenible.