Ximena Suárez puede decir que volvió a nacer el 28 de noviembre del 2016. Ella se desempeñaba como azafata del avión de LaMia que se accidentó a 17 kilómetros de su destino, el aeropuerto José María Córdova de Rionegro, cuando viajaba con el club Chapecoense a Medellín para el partido de ida de la final de la Copa Sudamericana.
La azafata boliviana, que ahora es modelo recordó la tragedia que hace un año le dio un nuevo comienzo.
¿Qué ha sido de su vida después del accidente de hace un año?
Gracias a Dios me he repuesto mucho, me acerqué más a Dios, como terapia hago modelaje y escribí mi libro que espero lanzarlo pronto.
¿Hasta cuándo duró el sufrimiento por el accidente o aún persiste?
Hasta ahora persiste, pero menos. Estuve hace dos meses en Colombia y eso me ayudó a aceptar más el accidente. Antes me despertaba y no podía creerlo, pero lo he ido superando.
¿Qué es lo que más le recomiendan después de lo sucedido?
He estado con sicólogos y psiquiatras y lo que más me recomiendan es llenar ese vacío tan grande que siento; le pido a Dios que me dé fortaleza y que me mantenga fuerte para no desfallecer.
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¿Se ha preguntado cómo se salvó?
Yo digo que fue obra de Dios porque seguro quiere que yo haga algo en la tierra, me encomendó alguna misión; yo por ahora me estoy preparando con una empresa en Santa Cruz para dar charlas motivacionales.
¿Casi un año después puede dormir tranquila?
No, algunas noches me dan pesadillas, no puedo dormir; trato de dejar las pastillas, pero no puedo porque me despierto en la noche, entonces debo seguir tomándolas. Son cosas que pasan, pero sé que debo ser fuerte.
¿Recuerda los momentos previos al accidente?
Era un vuelo normal, todo tranquilo, sin novedades; ocurrió todo después, muy rápido, una desgracia increíble. Nadie se imagina lo que puede pasar.
¿No sospecharon de que algo malo estaba ocurriendo?
Ni idea teníamos de que algo malo pasaba; si lo hubiera notado, hubiera actuado de otra forma. Nadie sabe cómo puede actuar cuando se presenta una emergencia, nadie está preparado; a nosotros como tripulantes nos entrenan, hacemos una simulación, pero después que llega todo es difícil.
¿Qué otro detalle le llamó la atención de todo lo que sucedió?
Que no nos hayan avisado nada, que no nos dijeran que estábamos en peligro. Hasta el día de hoy no tengo respuesta sobre eso. Seguro cuando esté arriba con ellos (los pilotos fallecidos) sabré la verdad. Sé que ellos hicieron hasta lo imposible por salvarnos y por llegar a nuestro destino.
¿Ha vuelto a Colombia?
Sí, más que todo para hacer un duelo, para aceptar el accidente, me sentí más tranquila, toda las dudas que tenía me las aclararon.
¿Le da temor subirse de nuevo a un avión?
Sí, se vienen muchas dudas, la turbulencia y esos movimientos bruscos, además el aterrizaje que es lo que más me da miedo, siempre lo ponen a pensar a uno. Para poder volver a la normalidad hay que aceptar todo.
¿Hoy cómo es un día en su vida?
Estoy en contacto con psicólogo y psiquiatra porque yo quiero volver a volar; ahora estoy preparándome para charlas motivacionales, ya estuve en Coritiba y en Colombia es probable que esté también dando una charla. Aprovecharé para recuperarme mejor y para volver a volar que es mi sueño y mi pasión.
¿Su familia ha estado a su lado?
Sí, estoy compartiendo con mi hijo, con mi familia, he aprendido a coger buenas amistades, antes era una muchacha fiestera como son las peladas de ahora. Después de esto tuve un giro de 180 grados, cambié totalmente, me acerqué más a Dios, disfruto de mi familia, voy al gimnasio, estoy modelando. Me propuse varias metas para estar ocupada.