<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Tendencias | PUBLICADO EL 25 septiembre 2021

Conozca al Amiguito que vende solteritas en Manrique hace 45 años

  • Eriberto tiene 84 años y su carrito, fiel compañero, tiene 35. Le caben 300 solteritas. FOTOS Edwin bustamante
    Eriberto tiene 84 años y su carrito, fiel compañero, tiene 35. Le caben 300 solteritas. FOTOS Edwin bustamante
  • Eriberto Correa es un rostro conocido por Manrique. FOTO Edwin Bustamante
    Eriberto Correa es un rostro conocido por Manrique. FOTO Edwin Bustamante
  • La canción que toca con su corneta se la inventó de repente. FOTO Edwin Bustamante
    La canción que toca con su corneta se la inventó de repente. FOTO Edwin Bustamante
  • Eriberto tiene 84 años y su carrito, fiel compañero, tiene 35. Le caben 300 solteritas. FOTOS Edwin bustamante
    Eriberto tiene 84 años y su carrito, fiel compañero, tiene 35. Le caben 300 solteritas. FOTOS Edwin bustamante
  • Eriberto Correa es un rostro conocido por Manrique. FOTO Edwin Bustamante
    Eriberto Correa es un rostro conocido por Manrique. FOTO Edwin Bustamante
  • La canción que toca con su corneta se la inventó de repente. FOTO Edwin Bustamante
    La canción que toca con su corneta se la inventó de repente. FOTO Edwin Bustamante
Por Vanesa de la Cruz Pavas

Eriberto Correa sale cada fin de semana a caminar las calles y vender sus famosas solteritas, ahora lo hace acompañado por su sobrino.

No le falta su sombrero blanco que con los años y el sol se ha maltratado, ni sus botas que han soportado lluvias y han caminado incontables kilómetros por las mismas calles de un barrio que cambia con los años. No le faltan, bien puestos, su camisa y su pantalón, ni ese reloj que le marca las horas que le quedan de jornada.

Su piel pareciera tener un lunar, una mancha y una arruga por cada año bajo el cielo destapado y en su caminar se notan los golpes, las caídas y el peso que ha cargado por más de 45 años.

No le falta tampoco, en su mano derecha la corneta con la que, tocando la misma canción, atrae a sus clientes, ni el carrito azul brillante que lo ha acompañado por más de 35 años. Tampoco se le olvida cargar su sonrisa y sus chistes, casi tan antiguos como él, que ahora dan más ternura que risa. “Amiguito, cara de ombliguito. Parcero, cara de ternero. ¿Usted se llama Andrés?, tiene las nalgas al revés”’.

Cualquiera que haya vivido en la comuna 3, Manrique, por más de un par de semanas, puede reconocer a Eriberto Correa. Eso sí, nadie lo conoce con ese nombre. Él es el “Amiguito” de todos, viejos, jóvenes y hasta niños.

Ha visto crecer a la mamá, al hermano, al sobrino y al nieto de cada barrio; ha sido testigo de la transformación de la ciudad atravesando sus calles y hoy, a sus 84 años, todavía vende, cada fin de semana, solteritas con “el toque secreto”.

Eriberto Correa es un rostro conocido por Manrique. FOTO Edwin Bustamante
Eriberto Correa es un rostro conocido por Manrique. FOTO Edwin Bustamante

Un legado, tres generaciones

A don Eriberto le enseñó el negocio una señora. En ese entonces no le daban trabajo porque tenía “la hoja de vida sucia”, así que encontró en las solteritas una forma de sobrevivir.

Fue su esposa Blanca Gabriela, con la que lleva 45 años de matrimonio, la que un día le dijo que “pusiera cuidado a ver cómo se hacían” y él aprendió y se independizó. Se partieron el trabajo: Blanca el día antes preparaba la crema y las galletas y él, de martes a domingo, madrugaba a caminar y vender.

Con el tiempo fue construyendo una base de clientes fieles que, aunque crezcan, le siguen comprando y “plata no tenemos, pero no hemos aguantado hambre y criamos a tres hijos”.

Los años transcurrieron, las solteritas pasaron de valer 10 pesos a 1.500 dobles. El Amiguito y, aunque nadie la conoce, su esposa, crearon una fama que hoy vende sola.

Solo basta un pitido de la corneta para que los niños corran a los balcones y las aceras y griten “Amiguito”, para que las 300 solteritas que carga en su carrito se vendan como pan caliente.

Ahora camina chueco pero conserva el mismo aliento. Su columna se tambalea porque hace cinco años una moto lo pisó mientras trabajaba “y se voló”. Estuvo hospitalizado unas semanas, pero cuando “me alenté un poquito seguí caminando, solo que ya no me da para salir todos los días”. Ahora reparte los barrios de Manrique en dos recorridos: sábados y domingos.

Una vez, incluso, lo mataron. Le dio una hernia que lo obligó a dejar de trabajar por tres meses y todo el mundo lo dio por muerto. Cuando volvió, un día en la noche, tocó su corneta y lo que vio fue una manada de niños corriendo despavoridos. “El Amiguito está espantando”, decían, para luego alegrarse al descubrir que todo había sido un mal rumor.

Ya no sale solo. Lo acompaña su sobrino quien ahora tiene el legado. Él le cedió el carrito, las calles y los clientes, pero todavía sale con él porque nadie lo conoce y no le compran.

Pegó una foto suya en el carrito para los incrédulos, pero todavía cuando el sobrino sale solo “merman las ventas”, cuyas ganancias se reparten entre los dos.

Él sabe que sus fuerzas y sus piernas aún le dan para trabajar otros cinco años más, si Dios se lo permite, y vive agradecido con la gente que lo ha alimentado, con los vecinos de Manrique, “muy queridos todos”, que le ayudan y lo apoyan incluso durante una pandemia.

Testigo de una transformación

¿Quién puede conocer el barrio mejor que el Amiguito? Ni un historiador, ni un antropólogo ha escuchado o vivido, de primera mano, la metamorfosis que Manrique ha tenido desde 1976. Ha visto las montañas poblarse, las calles pavimentarse.

Ha visto a unos nacer y a otros morir y le ha tocado experimentar en carne propia el dolor de la guerra y la pérdida. De los tres hijos que crió solo uno sigue vivo. Uno falleció hace 20 años en un bus de San Cristóbal, su corregimiento hogar, víctima de un atraco y otro, un dolor más reciente, murió hace poco menos de un mes por una puñalada.

Mientras tanto él sigue caminando por su esposa y por su hijo, sigue rezando la oración de la Santísima Trinidad antes de iniciar cada jornada, sigue sonriendo y tocando la corneta y ¡qué Dios, Jesucristo y San Martín de Loba bendito le ayuden a vender esas solteritas que aún le quedan!

$!La canción que toca con su corneta se la inventó de repente. FOTO Edwin Bustamante
La canción que toca con su corneta se la inventó de repente. FOTO Edwin Bustamante

Contexto de la Noticia

Protagonista Cuatro décadas de experiencia

Image
Eriberto Correa
Vendedor de solteritas
En San Sebastián de Palmitas fue bautizado, pero vive en San Cristóbal desde los 10 años. Allí tiene un hogar con su esposa Blanca, su hijo, su nuera y una niña. A ninguno le ha dado coronavirus y ya está vacunado: carga su carné. Como a todos los abuelos ya le dio culebrilla. Le gusta comer arroz con yuca y huevo. Finalmente, se rehúsa a contar la receta secreta que hace únicas a sus solteritas.
Vanesa de la Cruz Pavas

Periodista de la UPB. Amante de las historias y de las culturas. Estoy aprendiendo a escuchar y a escribir.

.