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Tendencias | PUBLICADO EL 05 marzo 2022

¿Puede explotar una central nuclear como la de Zaporiyia?

  • Imagen de archivo de la central nuclear de Zaporiyia, en Ucrania. Foto. EFE
    Imagen de archivo de la central nuclear de Zaporiyia, en Ucrania. Foto. EFE
  • Imagen de archivo de la central nuclear de Zaporiyia, en Ucrania. Foto. EFE
    Imagen de archivo de la central nuclear de Zaporiyia, en Ucrania. Foto. EFE
Vanesa de la Cruz Pavas

Esta semana el mundo entero estuvo al borde de una emergencia. Un proyectil ruso impactó contra la mayor central nuclear de Europa y prendió las alarmas.

Afortunadamente, como dijo el director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU, Rafael Mariano Grossi, por suerte no hubo escapes radiactivos.

Fue un incendio localizado que apagaron con rapidez, sin llegar a mayores, y sin daños en ninguno de los reactores de la central nuclear de Zaporiyia. Pero, aún así, fue un ataque, y uno que de todas formas, preocupa, según añadió Grossi.

También añadió la Agencia de la ONU que los edificios sí quedaron dañados, aunque sin afectar su seguridad y operatividad, pero que aún no tienen acceso a toda la planta. “Los sistemas de monitoreo de radiación en el sitio están completamente funcionales”, dijeron.

Pero entonces, ¿qué hubiera pasado si el fuego alcanzaba los reactores? ¿Qué pasaría si uno de estos, o varios, se vieran afectados? ¿Podría explotar la central?

¿Lento pero muy devastador?

Son varias las teorías.

Algunos han afirmado que, de ocurrir algo mayor, se hubiera tratado de una explosión que hubiera afectado a toda Europa por décadas, que hubiera obligado a migrar a muchos ciudadanos o que podría, de hecho, desaparecer el continente entero del mapa.

Dicen que no sería tan rápida como una explosión por una bomba nuclear porque las centrales nucleares funcionan con fisión nuclear en cadena, un proceso similar al de una central térmica, lento.

Pero, aunque fuera despacio, un poco más controlada, hubiera de todas formas sido una explosión devastadora, como las que sucedieron en Chernobyl en 1986 y en Fukushima en 2011, según asegura el ministro de Relaciones Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, por ser la novena central más grande del mundo, los expertos han estimado que esa explosión podría ser hasta 10 veces peor que la de Chernobyl.

Otros, sin embargo, han explicado que sería físicamente imposible que la central explotara, que no hubiera sido ni siquiera cercano a Chernobyl y que mucho menos hubiera afectado a Europa, todo esto por varias razones.

Una es que el uranio utilizado como combustible es muy poco comparado con el de una bomba atómica. La central utiliza entre 3 y 5 % de uranio-235, mientras que la bomba atómica hasta 90 % de uranio-235.

También porque las centrales son muy seguras y para causar la devastación que otros afirman se requeriría más que un misil y, aún así, sería difícil y poco probable. Más bien, tendría que ser un problema desde adentro.

El experto en seguridad nuclear de la Universidad de Harvard, Graham Allison, le dijo a la BBC que lo peor que hubiera podido ocurrir hubiera sido una liberación de radiactividad que contaminaría toda el área cercana, varios países enteros, durante muchos años.

Pero esto tampoco ocurrió. Ya se han estudiado los niveles de radiactividad y no han cambiado y mucho menos ha habido liberación desde la central porque, como ellos mismos han confirmado, los reactores están protegidos por contenedores de altísima calidad.

De hecho, muchos han condenado en redes sociales las palabras del ministro pues las consideran alarmistas y han solicitado que se cancele su cuenta o se retracte porque está esparciendo información falsa y peligrosa.

Lo que sí es verdad es que además de los riesgos físicos que pueda haber, hay riesgos sociales, políticos y económicos. Si otro atentado volviera a ocurrir en la de Ucrania, por ejemplo, se dejaría o interrumpiría el suministro de energía a alguna parte de la población. No sería nada masivo, grave, pero sí generaría descontrol parcial. Además, podrían ponerse en riesgo los sistemas propios de refrigeración de la central y esto sería equivalente al desastre de la japonesa Fukushima.

¿Para qué son estas centrales?

Si el riesgo es tan alto como aseguran algunos, es fácil preguntarse para qué se usan este tipo de centrales. La respuesta es sencilla: es una forma de electricidad que ha sido considerada por muchos expertos como la más limpia, la del futuro, el sinónimo de desarrollo.

Debido al modelo económico actual y a la situación climática del planeta, la humanidad debe encontrar nuevas formas de energía que sean diferentes a las fósiles, aún las más utilizadas, y hacer la transición energética hacia ellas. Porque en unos años se necesitará hasta tres veces más la energía de hoy y, de no migrar, no será sostenible.

Y aunque hay otras opciones, las fuentes de energía fotovoltaica y eólicas, no son las más rentables y eficientes, por lo que no serán la respuesta. La respuesta, ya lo afirman algunos, está en la nuclear.

Esta central de Ucrania, Zaporiyia, por ejemplo, funciona desde 1995 con seis reactores que generan, cada uno, la energía suficiente para cerca de cuatro millones de hogares y hasta el 20 % de toda la electricidad del país.

Lo hace a partir de reacciones nucleares de fisión en cadena de los átomos de uranio (el combustible, usualmente), con el reactor nuclear como elemento central que aloja ese combustible.

Según el Foro Nuclear, se libera energía térmica con la que se calienta agua que se convierte en vapor de alta presión y temperatura y que hace girar una turbina conectada al generador.

No es la primera vez

Son, entonces, plantas generadoras de energía. Pero su forma de obtenerla, un poco más riesgosa, ha sido utilizada varias veces en la guerra como estrategias de control y posesión.

Se sospecha que lo que Rusia quiso al lanzar el misil tan cerca no fue crear una explosión, sino precisamente cortar ese suministro de energía, desestabilizar.

Lo mismo acabó de hacer el ejército ruso, que tomó el control ya de la planta de Chernobyl, que ya está extinta, sin funcionar, a 100 kilómetros de Kiev.

Vanesa de la Cruz Pavas

Periodista de la UPB. Amante de las historias y de las culturas. Estoy aprendiendo a escuchar y a escribir.

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