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Aeronaves que superan la barrera del sonido y menos contaminantes es lo que desarrolla este sector.
En la década de 1970, la posibilidad de que un avión pudiera romper la velocidad del sonido con un centenar de pasajeros a bordo pasó de ser una utopía a una realidad y, luego, a un hito que cambió la historia de los cielos para siempre.
Una alianza entre la empresa británica British Aircrafts Corp (BAC) con la francesa Aérospatiale logró lo impensado: crear una aeronave que superara el modelo subsónico –volar a una velocidad inferior a la del sonido– que hasta el momento reinaba en la industria fabricante.
El resultado: el mítico Concorde, ese avión supersónico que el 22 de noviembre de 1977 logró su primer vuelo directo entre Londres y Nueva York en solo tres horas, 30 minutos y a una velocidad Mach 2 –dos veces la velocidad del sonido–, menos de la mitad del tiempo en que las aeronaves subsónicas realizaban este trayecto transatlántico.
La demostración de ese avance tecnológico también quiso cautivar a los colombianos el 26 de octubre de 1974 en un vuelo de ensayo entre Lima y Bogotá...