<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Síguenos en:
Elecciones 2022 | PUBLICADO EL 13 marzo 2022

Llegó el día: De su voto depende que el Congreso se renueve

Este domingo se eligen entre 2.835 candidatos a los 295 legisladores que, en Cámara y Senado, tienen el reto de sacudir al Congreso que se posesiona el 20 de julio.

  • El periodo constitucional del Congreso es de 4 años, que arrancan –para el que se elija este domingo– el próximo 20 de julio. FOTO Colprensa
    El periodo constitucional del Congreso es de 4 años, que arrancan –para el que se elija este domingo– el próximo 20 de julio. FOTO Colprensa
  • El periodo constitucional del Congreso es de 4 años, que arrancan –para el que se elija este domingo– el próximo 20 de julio. FOTO Colprensa
    El periodo constitucional del Congreso es de 4 años, que arrancan –para el que se elija este domingo– el próximo 20 de julio. FOTO Colprensa

A partir de este domingo solo le quedan 129 días de funcionamiento al actual Congreso de la República, que termina con tres factores comunes: una altísima imagen negativa ante la opinión por su desconexión casi que permanente con los temas del país, la falta de grandes debates y la muy escasa figuración de líderes con impacto nacional.

Y si bien es un balance deslucido que se refleja en datos como el 75,1 % de imagen desfavorable que –según la última medición de Invamer (febrero)– tiene el Legislativo, y en hechos como que fue la Corte Constitucional la que terminó despenalizando el aborto hasta la semana 24 –siendo esta una tarea encomendada al Congreso–, también hay que agregarle que con las elecciones de este domingo poco de esto puede cambiar.

Y no es porque no haya gente preparada entre los 2.835 candidatos que buscan cupo en Cámara y Senado este domingo, sino porque la misma falta de peso político de quienes lideran esas listas terminó reflejándose en que la campaña por las consultas opacó la contienda por el Capitolio. El debate se centró casi que en su totalidad en las disputas de Centro Esperanza, Equipo por Colombia y Pacto Histórico.

En todo caso, de ese abanico de casi 3.000 opciones saldrán los 107 senadores y 188 representantes (incluyendo los 16 escaños destinados a las circunscripciones para las víctimas) que tendrán que ser capaces de sacudir la monotonía legislativa que marcó este cuatrienio y asumir de frente discusiones, incluso algunas espinosas, que le permitan al Congreso recuperar parte de su autonomía y credibilidad.

Además, como lo reconoció el propio presidente del saliente Congreso, el conservador Juan Diego Gómez, ese sacudón debe pasar por superar el liderazgo que representó durante las últimas dos décadas en Colombia el expresidente y exsenador Álvaro Uribe, quien –según el legislador antioqueño– opacó con su figura a al menos dos generaciones de nuevas fichas que no pudieron sobrepasarlo o darse un lugar propio en el escenario político.

“Somos el último Congreso con una generación en la que nos tocó gobernar junto a Álvaro Uribe, un hombre que sacrificó al menos tres generaciones de liderazgo, y no voluntariamente sino por su carisma. Ejemplos de ello son, entre otros, Germán Vargas Lleras o el mismo Antanas Mockus. Ahora que Uribe se despide de la política, es el momento de renovar el Congreso y de que surjan nuevas figuras”, le expresó Gómez a EL COLOMBIANO.

Y su análisis también lo reflejan las cifras. Vargas Lleras fue senador cuatro periodos consecutivos (1994-2010) y en su última aspiración, en 2006, fue el congresista más votado con 223.330 sufragios de la época. Pero ese récord lo perdió con el propio Uribe, quien en 2018 decidió volver al Capitolio y obtuvo 870.000 votos solos. Y Mockus, por su parte, en este mismo año se quedó con 539.000 votos.

Pero ni el exalcalde ni el exvicepresidente lograron sobrepasar la figura de Uribe y consolidar sus aspiraciones presidenciales. De hecho, Vargas está listo para intentarlo por tercera vez en este 2022.

Ahora, más allá de los liderazgos que toca ver qué tanto afloran en estos cuatro años, el trabajo legislativo de quienes terminan su periodo en este 2022 generó más dudas que aplausos.

Es cierto que se tramitaron temas por los que el Congreso y el Gobierno sacan pecho, como la reforma al estatuto policial y la Ley de Seguridad Ciudadana, que le dio legalidad al uso de la fuerza letal en defensa propia.

Y se metieron en temas polémicos que van desde la cadena perpetua a violadores de niños, que tumbó la Corte Constitucional, hasta un intento de reforma tributaria que derivó en el estallido del paro nacional que obligó al retiro de la iniciativa. Luego se rebautizó como Ley de Inversión Social y se aprobó con el propósito de recaudar 11 billones de pesos para atender –entre otras cosas– el golpe que dejó la pandemia del covid-19.

De hecho, este Congreso también fue el primero en sesionar virtualmente, lo cual comenzó bajo la presidencia de Arturo Char, de Cambio Radical y quien tiene un proceso pendiente en la Corte Suprema por presunta corrupción electoral. Las acusaciones de ausentismo entre todas las orillas políticas fueron pan de cada día durante los más de 14 meses que se operó por plataformas.

Es por eso que al Congreso que se elige este domingo, y que depende en gran medida de que cada ciudadano vote informado, le corresponderá entrar a debates de fondo como la reglamentación del aborto y la eutanasia como derechos, y hacer un control político firme que permita que la democracia no quede en duda independiente de quien llegue a la Casa de Nariño.

Además, es casi un hecho que la guerra que desató Rusia por la invasión a Ucrania terminará golpeando el bolsillo de los colombianos, en especial por los insumos agrarios que llegaban de esos países y que son claves en la cadena de alimentos, pero también deberá tener la grandeza de elegir cabezas que estén libres de polémica para recuperar su credibilidad.

No en vano la presidenta actual de la Cámara, Jennifer Arias –del Centro Democrático–, se alejó del debate público cuando la Universidad Externado confirmó que había plagiado su tesis de maestría.

Desde el 20 de julio al Congreso le llega una nueva oportunidad de reformarse, como la tiene cada cuatro años, pero este trayecto depende mucho de cómo se vote este domingo. Hágalo informado.

Contexto de la Noticia

Proyección nacional y de liderazgo ante la ausencia de figuras de peso político

A este Congreso de la República, para el cual hay 38’819.901 colombianos mayores de 18 años habilitados para elegirlo, le corresponde dar la batalla por renovarse en cuanto a liderazgo político, independiente de la orilla política a la que pertenezcan quienes ganen una de las 295 curules en juego. Figuras como las de Álvaro Uribe, Gustavo Petro y Antanas Mockus, que dividen opiniones ante su gestión y posturas, ya no van más en el Capitolio.

Por eso, dependiendo de los debates de control político que lideren y de los proyectos y reformas que impulsen pueden salir personas que muestren un perfil nacional capaz de aglutinar grandes masas y que, por lo mismo, tengan hasta una proyección presidencial.

De hecho, el actual presidente, Iván Duque, solo pasó un periodo por el Capitolio (2014-2018) como Senador, y aupado por la figura de Uribe logró aglutinar a la centro derecha y la derecha pura en torno a su nombre para llegar a la jefatura de Estado después de renunciar a su curul como congresista.

Es poco probable que de este domingo salgan votaciones robustas para un mismo candidato como las que se vieron en 2018, pero eso no quiere decir que no logren aflorar liderando temas como la recuperación económica, la ampliación de derechos y dándole visibilidad a los problemas de una juventud cada vez más política.

Puede ser el contrapeso clave para evitar que la democracia termine golpeada

A este Congreso también le corresponde ser el contrapeso directo de una Rama Ejecutiva, independiente de quién llegue a la Casa de Nariño, con el fin de garantizar que los derechos democráticos no se pierdan o menoscaben.

El país ha avanzado en varios frentes, desde lo económico hasta lo social, y los personalismos propios de una contienda presidencial pueden poner en riesgo lo andando hasta ahora.

Por eso, los legisladores que lleguen el 20 de julio tienen la obligación de generar un control político fuerte, no que frene la agenda del Gobierno, sino que la complemente o que le haga notar errores cuando estos aparezcan. Esto último, por ejemplo, faltó cuando en el intento de reforma tributaria de Alberto Carrasquilla no se midió el inconformismo de las calles y estalló el paro nacional en abril de 2021.

Otro sacudón que debe ejecutar el nuevo Congreso está relacionado con su pasividad frente a las iniciativas del Gobierno, y no porque se deba oponer per se, sino porque del análisis juicioso de cada proyecto –algo que poco se realiza– pueden salir complementos idóneos para el correcto avance del país.

Pero, sin el voto informado y con contexto de la ciudadanía –para lo cual es clave que se asista este domingo a cualquiera de los 12.512 puestos de votación que hay en los 32 departamentos–, este paso es imposible de dar.

Está obligado a sumir los debates de sociedad que hasta polarizan

Si hay un común denominador de este Congreso que está de salida es que los grandes temas de sociedad, de esos que generan hasta polarización, los legisladores estuvieron ausentes. No en vano la Corte Constitucional terminó siendo la que despenalizó el aborto, la que frenó la cadena perpetua a violadores de niños por ser un retroceso legal de décadas y hasta la que amplió la eutanasia como un derecho a pacientes no terminales.

Las discusiones del Congreso que llega el 20 de julio deben ser argumentadas, con intención y conocimiento de lo que pasa entre sus electores, y en especial sin miedo a contraponerse al Ejecutivo si la norma en trámite es de interés general.

Ahora, el Congreso tampoco puede ser una piedra en el zapato para el Gobierno que llegue a la Casa de Nariño y, por eso, tiene la obligación de establecer un puente que le permita mantener una fluida comunicación con el Jefe de Estado y sus ministros.

A esto debe sumársele que de la calidad de las leyes y reformas que se tramiten en estos cuatro años, no solo puede salir un político con proyección presidencial sino también la primera cuota para recuperar la mala imagen que el Capitolio tiene en el grueso de la sociedad. Deben demostrar que sí son capaces de reconducirse.

Las alianzas que se conformen tendrán peso en la contienda presidencial

De esta elección, además, saldrá un reacomodo de fuerzas políticas que pueden ser determinantes para los comicios del 29 de mayo (primera vuelta) y 19 de junio (segunda vuelta). La razón es que dependiendo del músculo electoral que muestren los partidos –tanto los tradicionales como los que hasta ahora buscan un cupo en el Congreso– podrán ser determinantes en la elección del sucesor de Iván Duque en la Casa de Nariño.

Las colectividades tradicionales apuestan por tener entre 1,8 y 2,5 millones de votos, que sumadas pueden ser un contrapeso para cualquier orilla política, y los que surgen, en especial en la izquierda, proyectan una votación similar para intentar ser una opción de poder.

De este domingo, además, se desprenderán los juegos de alianzas políticas dependiendo de qué sector político se proyecta con más fuerza y más en un escenario en el que no es un secreto que el nombre de Gustavo Petro –por sus propuestas y campaña– tiene asustado a más de uno.

Y a todo esto se le debe sumar que de cómo quede conformado el Congreso este domingo, también dependerá la gobernabilidad del Jefe de Estado que se posesione el 7 de agosto, pues en el ajedrez que se requiere para conformar mayorías la burocracia, más que la ideología, siempre primera en esta etapa del juego político.

Daniel Valero

Macroeditor de Actualidad

Si quiere más información:

.