En la última década de mediciones del Indice de Competitvidad Global (2007-2017), el país sigue estancado en la quinta posición en América Latina.
El asunto más crítico está representado por la caída de 38 puestos, del puesto 79 al 117, en el pilar de instituciones en los últimos 11 años. Esta evolución se ha visto particularmente afectada por el agravamiento en el período considerado de los costos empresariales asociados al terrorismo (puesto 132 entre 137).
En los próximos años es previsible un mejoramiento en este indicador si se continúa con la senda de acuerdos de paz con las guerrillas y el sometimiento de las bandas criminales.
Pero hoy el panorama más preocupante se observa en los índices de corrupción. En estos 11 años perdimos 35 puestos en desvío de fondos públicos (posición 131) y 41 posiciones en favoritismo en las decisiones de los funcionarios públicos (puesto 119). Y más grave aún, en materia de comportamiento ético de las empresas, perdimos 66 puestos entre las dos mediciones (puesto 113).
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