Los ranchos construidos en las faldas de Manantiales, laderas nororientales de Bello, esas que comunican con barrios miseria de Medellín, son ahora ceniza. La historia de la tragedia parece calcada de otras, que una veladora, que un corto circuito, que unos niños jugando... La desgracia alcanzó a 23 familias, que con niños, padres, abuelos, tíos, pasan de 120 personas. Peor aún, la mayoría, son desplazados por guerrillas, paras, narcos... Ayer un niño se lamentaba porque se le quemaron el uniforme y los cuadernos... Es demasiado el sufrimiento y hay que ponerle fin. Todos podemos aportar.
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