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La polémica sobre el rigor en el manejo de las caletas de las Farc exige prudencia y claridad. Ni versiones dañinas que entorpezcan el desarme, ni laxitudes al inspeccionar y clausurar las mismas.
El desarme de las Farc, pero en particular esta última etapa de inspección y clausura de las caletas en diferentes puntos de los territorios que ocupó esa guerrilla, se está dando en áreas con un gran influjo de otros actores criminales. Ello significa que ese proceso y la información que genera demandan de las partes involucradas, directa e indirectamente, un rigor extremo para no afectar el objetivo final: que se desactive y recupere la mayor cantidad de armamento que tenía en su poder el grupo ilegal.
Hay una fuerte presión de las bandas criminales por reciclar y reclutar a exguerrilleros, entrenados y con conocimiento de las lógicas y secretos de terrenos, lugares y apoyos sociales de la disciplinada estructura militar y delincuencial que constituían las Farc.
Ante esa realidad imperante, la institucionalidad colombiana y los apoyos internacionales, más específicamente la Misión de la ONU, no pueden permitirse descoordinaciones ni informaciones distorsionadas. Hay que impedir versiones...