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¡Vamos, Colombia!

La selección nacional, en la era Pekerman, se convirtió en vehículo de integración y nacionalismo. Hoy da otro gran paso en Rusia. Un país lleno de sueños se reúne para hacer fuerza por su triunfo.

03 de julio de 2018
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Infográfico
¡Vamos, Colombia!

Quién puede desconocer el gigantesco fervor que desata la Selección Colombia, que hoy juega un partido crucial contra Inglaterra en el Mundial Rusia 2018. Hay que guardar distancia frente a las euforias vanas que incitan a la violencia o que provocan fanatismos desastrosos, pero es legítimo vibrar e integrarse en torno a un equipo de fútbol que, por la diversidad misma de sus integrantes, logra representar e identificar a la mayoría de los colombianos.

El equipo conecta con el pueblo porque dentro suyo reside la variedad de las culturas y los mestizajes regionales: la Costa, el Valle, el Pacífico, los Santanderes, el Altiplano Cundiboyacense y Antioquia. Una veintena de muchachos que, muy en especial, brilla por su profesionalismo y talento en los mejores clubes del mundo.

Se trata, de verdad, de una Selección de valores excepcionales de superación como Radamel Falcao García, quien a pesar de que no pudo estar en Brasil 2014, trabajó sin desmayo los últimos cuatro años para cumplir su sueño: jugar y marcar goles en una Copa Mundo. Y lo logró. Le demostró al país disciplina, perseverancia, entrega, respeto. Ese tipo de bondades son las que le dan un magnetismo excepcional al equipo y una acogida masiva y afectuosa.

Aunque el papel de Colombia en la ronda de grupos fue de altibajos, en el partido contra Polonia despuntó ese juego brillante que hace de la era del técnico José Néstor Pekerman la más productiva en la historia de los seleccionados nacionales, incluso por encima de grupos tan destacados como los que dirigieron Francisco Maturana en Italia 90 y Estados Unidos 94, y Hernán Darío Gómez en Francia 98.

Hoy, 50 millones de colombianos amanecen, por una u otra razón, tocados por la presentación de Colombia ante una potencia histórica del fútbol como Inglaterra. Un país que desde el mediodía difícilmente podrá ocuparse de otro asunto que del juego en el Estadio Spartak, de Moscú, donde además se espera la asistencia de unos 30 mil connacionales que destacan por su alegría y colorido en la fiesta mundialista de Rusia.

Al margen de si juega el capitán James Rodríguez, afectado por una molestia muscular, o de si Colombia pasa o no a la siguiente fase del torneo, este martes es un día de inevitable expectativa y emoción patria por el papel que cumpla el onceno nacional contra una Inglaterra que está entre los favoritos del campeonato, no obstante su juventud.

Alrededor de esta jornada deportiva, que no debe confundirse ni sobredimensionarse más allá de su rostro positivo de diversión y de competencia futbolística al más alto nivel, el país vive un período estable que se ratificó con unas elecciones presidenciales sin sobresaltos y con un año económico de lentas y leves mejorías.

Este ambiente debe servir, en general, para alentar la unidad y los sueños de construcción de una democracia cada vez más robusta e incluyente, que pueda, como su Selección, afrontar retos y superar adversidades. El partido es un bálsamo de esos pasajeros, pero deliciosos, que permiten la confluencia de todos los actores sociales frente a una meta: que Colombia triunfe ante un rival de refinado currículum.

Cada hogar, cada establecimiento, cada empresa, cada calle y cada parque del territorio amanecen hoy impregnados de amor y esperanza por ese equipo que nos representa tan bien y que hace vibrar y paralizar de emoción y patriotismo a un país que lo sigue.

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