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Editoriales | PUBLICADO EL 11 febrero 2022

Sorpresa en Portugal

Portugal, al que hasta ahora muchos países miraban por encima del hombro, se ha convertido en objeto de deseo para miles de latinoamericanos que aspiran a conseguir el tan ansiado pasaporte comunitario por vía express de sus ancestros sefardíes. A la vez, el país luso es por estos días motivo de un análisis intenso por cuenta del revuelo que han causado los resultados de las elecciones celebradas la semana pasada.

Y no es para menos. En noviembre de 2021, el gobierno de Portugal fue derrotado en su esfuerzo de presentar un presupuesto. Agobiado por la presión del ciudadano de a pie, se vio obligado a citar elecciones de urgencia. La reacción fue vista como una acción desesperada y peligrosa. Días antes de los comicios del 30 de enero de 2022, las encuestas pronosticaron un empate entre los socialistas y los conservadores.

Pero se equivocaron por completo y los resultados se convirtieron en una verdadera sorpresa. El socialista António Costa, que fue electo primer ministro en 2015 y luego reelecto en 2019, en vez de quedar por fuera, volvió a ganar: consiguió en las urnas 117 bancas, una más de las necesarias para tener la mayoría absoluta en el Parlamento.

Las razones son dos muy potentes. Por un lado, la división de los socios de izquierda y, por el otro, el temor a la ultraderecha. Estos dos factores hicieron que gran parte de los votantes se volviera a inclinar por los socialistas y le pusiera así freno a la posibilidad de un gobierno conservador. Costa constituye un caso único en la región europea, pues ha dominado el panorama político con un estilo paternalista a la par que efectivo. Su socialismo en acción, eficaz y contundente, ha demostrado lo que significa el verdadero centro, aspecto al que deberíamos prestar mucha atención en Colombia, dada la polarización y el radicalismo de muchos. Los votantes hablaron y demostraron que puede existir un punto medio que aglutine a la mayoría.

Para algunos analistas políticos, Portugal se ha convertido en el país más exitoso del sur de Europa. Pese a haber sufrido una dictadura como la de Salazar, equiparable a la de Franco en España, ha sabido transitar sin divisiones ni regionalismos hasta el presente, a diferencia del caso español, que se enfrenta cada día a un independentismo feroz que manipula el pasado y que no termina de sanar las heridas tras la guerra civil. Los gobernantes portugueses han creído siempre que es necesario escuchar al ciudadano de la calle y la mayoría social está a favor de la distribución de la riqueza a través de las políticas públicas. Pero sin populismos insulsos ni falsas promesas politiqueras.

En estas elecciones anticipadas, a las que se convocó sin que se hubiera cumplido el periodo de Costa, los votantes apoyaron al primer ministro, que, en este país, puede ser reelecto de forma indefinida. Participaron 57,9 % de los votantes, nueve puntos más que en 2019, a pesar de la epidemia del covid-19.

Costa ha convertido al Partido Socialista (PS) en un partido “atrápalo todo” y en el único transversal, que tiene en sus filas a las clases obreras, a la intelectualidad urbana y a las personas mayores.

Los trabajadores de producción todavía representan una parte desproporcionadamente alta de los votantes de Portugal, incluso para los estándares del sur de Europa, y solo alrededor de 55 % de la fuerza laboral del país ha completado al menos la educación secundaria.

La fórmula clave para Costa resultó ser un enfoque con ideas socialdemócratas bastante tradicionales, sólidas y directas (mejores viviendas, mejores salarios) y con la suficiente capacidad para cumplir. El justo término medio que dice que el Estado puede hacer cosas, proteger y ser un ascensor social. El mismo que invalida tanto a la tercera vía por el liberalismo económico como a la izquierda radical.

A ojos de la mayoría, Costa ejemplificó ese “par de manos seguras”, cálidas y carismáticas, pero capaces de cumplir con los salarios y las pensiones sin dejar de promover el crecimiento económico y mantener la disciplina fiscal.

Así las cosas, los resultados de estas elecciones en Portugal constituyen una sorpresa refrescante para Europa y América Latina frente a las amenazas de tantas extremas que pululan por doquier. ¿Cuándo le llegará a Colombia un momento parecido? 

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