No es fatalismo encontrarse, en uno y otro lugar de la ciudad, a numerosos peatones, ciclistas y motociclistas con sus bocas y narices cubiertas tratando de defenderse de la contaminación del aire, problema que ha crecido en las últimas décadas por nuestra densificación urbana, 98 %; la aglomeración de la población, 17.845 hab/km2, y un parque automotor, calculado en 1.200.000 vehículos, entre carros y motos, moviéndose en un valle estrecho por el que difícilmente circula el aire.
Frente a esta situación es pertinente preguntarse, ¿qué tanto afecta esto la salud pública? Un aporte importante a la solución de este interrogante lo desarrollan investigaciones de las más prestigiosas universidades del Aburrá e instituciones como el Área Metropolitana y la Alcaldía de Medellín, las cuales coinciden en que uno de los agentes más nocivos para que hoy, por largas temporadas del año, el cielo aparezca de color plomizo, tiene que ver con sus altas cargas de material particulado, que impactan negativamente a la salud, relacionadas con las emisiones del creciente parque automotor y, dentro de este, el alto porcentaje de carros viejos o “chimeneas rodantes”, las cuales utilizan diésel, combustible al que hoy el mundo desarrollado le fijó plazos para sacarlo de sus motores.
A la polución se suman, con impacto significativo, algunos procesos industriales, que usan calderas y la quema de materiales fósiles, entre otros.
Un estudio de la Facultad Nacional de Salud Pública de la U. de A., que evaluó las necropsias de las personas que fallecieron en Medellín, con nombres, apellidos y lugar de deceso, entre 1980 y 2012, y cuyos resultados son públicos, hasta ahora, es el que mayores pistas proporciona sobre la gravedad de la contaminación en la salud de la ciudad.
El informe sostiene que la mortalidad en Medellín, por enfermedades como las afectaciones pulmonares crónicas, el cáncer de pulmón y los problemas cardiovasculares, provocados por el ingreso a la sangre de los gases tóxicos y las partículas ultrafinas, que contaminan el aire, llega a 3000 casos al año. Aproximadamente, entre un 6 y un 7 % de los fallecimientos.
Precisa que las muertes por causas asociadas con la contaminación del aire son cada vez más altas. Los decesos por enfermedades respiratorias crónicas se quintuplicaron en el periodo en mención, mientras que las de cáncer de pulmón se triplicaron.
Si bien estos episodios también se han relacionado con la exposición crónica de los fumadores al humo del tabaco y la contaminación del aire intradomiciliario, por uso de fogones de leña o petróleo, se prueba que hoy los fumadores han bajado de manera drástica (12 al 18 % de la población, según la OMS), y la cocción de alimentos con leña es insignificante en Medellín, mientras que el parque automotor y los otros contaminantes se multiplicaron.
Al respecto, el pasado viernes, The Lancet, publicación médico-científica de alcance global, con datos de la OMS, realizó una investigación en la que encontró que la contaminación del aire es el mayor asesino de la sociedad moderna, conduciendo a enfermedades del corazón, derrame, cáncer de pulmón, entre otras.
El estudio, considerado el más completo a nivel global, precisa que la polución en las ciudades genera enfermedades que matan a una de cada seis personas, al punto que cada año nueve millones de personas fallecen por esa causa.
La esperanza de la solución del problema en la ciudad es grande y tiene que ver con el compromiso de todos los agentes involucrados en el mismo. Industrias, transporte, alcaldías, comercio, colectivos ambientales, empresas y ciudadanía en general tienen mucho que aportar.
Ojalá y el nuevo pacto por la descontaminación, que será concertado, sea verificable, y sí nos permita volver a disfrutar de todo el horizonte de nuestro valle de Aburrá y respirar con la tranquilidad de que no estamos atentando contra nuestras vidas.
Regístrate al newsletter