El fallo de ayer no era de fondo, pero la Corte de La Haya abre la puerta para que Nicaragua obtenga sus pretensiones. Y la respuesta del gobierno colombiano no ha sido ni prudente ni eficaz.
Nadie acude a dirimir un pleito a un tribunal con la certeza absoluta de que se le va a dar la razón. Acude con la confianza de que sus argumentos son sólidos, y que contará con el equipo jurídico idóneo para que la defensa de sus tesis sean acogidas por los jueces. Así pasa también, por supuesto, en los tribunales internacionales.
Cuando en el gobierno de Andrés Pastrana se decidió, a fin de cuentas y pese a reiteradas advertencias en contra, que Colombia acudiría a la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) para dirimir sus pleitos con Nicaragua, se tomó una decisión de Estado que implicaba no solo el albur de perder el pleito, sino de asumir las consecuencias de las sentencias adversas. La decisión de aceptar la jurisdicción de la...