Ituango debía ser el laboratorio de los cambios que podría traer la desmovilización de las Farc. Pero por ahora solo es un espejo donde no deja de reflejarse la violencia del norte de Antioquia.
15 de julio de 2018
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La violencia no se detiene en Ituango. Lo corroboran las cifras, lo esconde el miedo de sus habitantes, lo certifica la realidad reciente. En sus veredas continúa la presencia de grupos armados ilegales: los que se formaron con los residuos de las Farc, los que comandan el clan del Golfo y “los Caparrapos”. Y para colmo de males, el Eln avanza entre los pliegues de sus montañas, muchas repletas de sembradíos de coca. El de Ituango, como lo describen propios y extraños, es un retorno vicioso a la ausencia de Estado. Una orfandad sin dolientes, sin atención.
Hace apenas unas horas se denunció que el reclutamiento de menores se reactivó en el municipio: los disidentes de lo que antes eran los frentes 18 y 36 de las Farc están incorporando menores...