La última encíclica papal señala obligaciones religiosas, éticas y científicas para que la humanidad de hoy supere el egoísmo, la inconsciencia y la avaricia, y edifique un mundo viable y sostenible.
19 de junio de 2015
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Su nombre y su santo son inspiradores: San Francisco de Asís. Aquel hombre hermanado con los animales y, por extensión de esa simbología, con los seres vivos. La figura del acaudalado hijo de comerciantes de telas que renunció a los lujos para servir a los pobres y luchar contra el hambre de sus pares.
Entre argumentaciones religiosas, éticas y científicas, el Papa Francisco redactó la última encíclica “Alabado seas”. Son 192 páginas de un renovado humanismo que recoge, en la integralidad de la ecología humana y ambiental, las críticas y las perspectivas frente a lo que pueden hacer las sociedades contemporáneas y el sistema económico mundial para luchar contra el cambio climático, la depredación del medio ambiente y la exclusión de millones...