Colombia está apenas en el comienzo de la pandemia del COVID-19 en su territorio y a tiempo para tomar medidas aún más radicales, en medio del cierre de fronteras de muchos países y del recurrente desplome de las bolsas de valores. La experiencia de otros países que están luchando contra la enfermedad (China, Italia, España, Francia) muestra que la estrategia del confinamiento total (o casi total) es efectiva y se deberá tomar en algún momento para Colombia, a medida que el coronavirus se expanda.
El Gobierno con sus decisiones de la semana pasada muestra que va en esa dirección. La gestión por el presidente Duque ha producido medidas fuertes para enfrentar una crisis sanitaria muy grave. La idea, en ese enfoque, es que no hay puntos medios, un contacto menor entre las personas reduce la velocidad de contagio y permite que no se congestionen los servicios de salud para que funcionen mejor y se pueda controlar la enfermedad.
Aunque ya apareció la figura del toque de queda en algunas regiones, todavía en Colombia se está mayoritariamente en una etapa en la que el Gobierno invita a sus ciudadanos a quedarse en casa, una convocatoria que el sector privado apoya con entusiasmo y responsabilidad. Las medidas del Gobierno nacional y de los gobiernos locales propician que eso se dé, con la suspensión de clases en colegios y universidades públicas, y la prohibición de reunirse para conciertos y espectáculos. Cada vez más trabajadores están teletrabajando por sugerencia de sus empresas.
El tema es que una crisis sanitaria (y económica, pero ese es otro problema), como la que se está viviendo no permite salidas individuales, tenemos que cuidarnos para todos y entre todos. La principal medida, quedarse en casa, requiere para que funcione como política de prevención, que se garanticen a los ciudadanos ciertos servicios básicos y el abastecimiento de alimentos y productos de primera necesidad del hogar.
De forma desafortunada, ha aparecido el comportamiento atávico frente a las epidemias, el pánico frente al coronavirus y el comportamiento egoísta del “sálvese quien pueda”. Empiezan a verse imágenes de los estantes vacíos de los supermercados en donde debería haber existencias de jabón, productos de aseo y desinfectantes.
Los empresarios y comerciantes entendieron la necesidad de comunicar que el abastecimiento está garantizado a pesar de las dificultades y que no había razón para acumular víveres u otros productos. Hay que hacer, sin embargo, mucha pedagogía para que las personas comprendan que llevarse un jabón adicional, hará que le falte a otra persona, que también debería desinfectarse. Por esa y otras razones, hay que evitar el acaparamiento, para que esto funcione.
Preocupa, en todo caso, que esos comportamientos egoístas empiecen a darse apenas al comienzo de la lucha contra la expansión del virus. Por eso, hay que tener en cuenta que los problemas de abastecimiento se pueden complicar y debe diseñarse un plan B, que garantice que no sea así, como el que se ha visto en los países que están en esa lucha.
Se están haciendo bien muchas cosas, pero es una situación inédita. Hay protocolos establecidos y eso tranquiliza, pero hay de todas formas eventos inesperados o que no se tuvieron en cuenta cuando se diseñaron aquellos. Se pide mucho a una sociedad que no tiene memoria de algo parecido y que está construyendo su responsabilidad y solidaridad social, pero lo debe lograr con empeño.
Regístrate al newsletter