Uno de los mejores cuentos infantiles es “El traje nuevo del emperador”. Para quienes no lo recuerden, relataba la historia de un par de estafadores que convencían a un monarca de que la seda con que le estaban confeccionando un vestido tenía la especial cualidad de ser invisible para el ojo del estúpido. Por supuesto, todos los súbditos, al enterarse, alabaron la vestimenta, temerosos de aceptar que no veían nada, que el rey estaba desnudo y que, por lo tanto, ellos eran unos tontos. Hasta que un niño se negaba a aceptar la explicación de los adultos y preguntaba en voz alta por qué el emperador estaba empelota.
Sobra decir que la historia quería recordarnos lo extraña que es a veces la “opinión especializada”, que pretende que nos traguemos...