Cuando los créditos aparecen en la pantalla, el público de Ciro y yo se queda un rato pegado a la silla, mientras pasan los nombres del equipo de producción, intentando definir íntimamente qué es lo que acaban de ver. Por supuesto, es la historia de un colombiano, Ciro Galindo, nacido el 29 de agosto de 1952, que tenía por hogar para él y su familia la Serranía de la Macarena y que lo ha ido perdiendo todo, de a poquitos, como si la vida se empeñara en desgranarlo. También es la historia de otro colombiano, Miguel Salazar, el director, que alcanza aquí ese difícil equilibrio entre la confesión íntima e impúdica y el relato sincero y honesto, que necesita un documentalista cuando relata algo que lo toca personalmente.