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El rostro de Medellín desde la oscuridad del metal

12 de agosto de 2016
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El metal tiene tatuado el rostro de Medellín; a través de su estética musical planteó otra forma de ver la ciudad desde la oscuridad y lo gutural, desde la agresividad, el radicalismo en contra de la música comercial, la religión y de esa tradición de exclusión y mojigatería que Medellín carga a sus espaldas.

El metal crece en la ciudad paralelamente al punk, influenciado por grupos de Noruega, país exportador mundial del género. Esta subcultura urbana de ritmo fuerte, voces desgarradas, penetra las raíces de la ciudad con una estética oscura y densa, exponiendo las condiciones sociales de la época y el dolor de la tragedia colombiana de una forma visceral, simbólica, poéticamente agresiva y en la mayoría de las ocasiones, sin plantear soluciones definitivas.

Su sonido empezó en las periferias de la ciudad, en los sótanos, terrazas y pasajes anónimos como las casas de “Lucho “Némesis”, el “Vikingo” y “Lety”, en el puente de Belén La Palma, las iglesias de San José y Manrique o en la Estatua de la Nueva Villa de Aburrá. Además se caracterizó por ese matiz criollo de sus instrumentos artesanales y las interpretaciones empíricas.

También, por la evocación nostálgica de las letras y por la licencia para generar metáforas y analogías a través de sus composiciones, que aunque poco explícitas encrudecían la realidad.

La historia del metal medallo, está escrita por bandas como Parabellum, Mierda, Excalibur, Kraken, Reencarnación, Athanator, Masacre, entre muchas otras.

Ellas configuraron ese sonido de influencia extranjera, pero enmarcado en cierta particularidad musical que posiblemente se dio, entre otras cosas, por la desigualdad social, las ganas de expresar un desencanto latente en el diario vivir, por la furia de no tener oportunidades ni un futuro promisorio, y la falta de formación musical. Una batería como metralla, una guitarra acelerada evocando el dolor, un bajo como un corazón en oscuridad y una voz, desgarrada, violenta, fatigada por cada historia.

La llamada “Batalla de las bandas”, ayudó a cualificar en vivo ese sonido metalero de la ciudad, ese metal medallo bien conocido en el mundo. También fue un parche de encuentro de la escena metalera de Medellín. Esa reunión musical e histórica que dio inicio al movimiento underground del metal en Medellín, en el año 1985, tuvo entre su cartel, bandas de ultrametal como Danger, Mierda, Glöster gladiator, Parabellum y bandas de rock o heavy metal como Kraken, Spol, Excalibur y Lasser.

El actual sonido de este divagante género, lejos está de esa semilla ochentera, radical e inspiradora de historias llenas de imágenes oscuras y sangre. Esa actualidad responde a la evolución, al cambio generacional y a la comercialización de la música, excepto algunas propuestas que siguen eternizando ese sonido ruidoso, rápido, sucio y comprometido con una forma de vida.

Éste es solo un fragmento de una Medellín oscura, clandestina, distorsionada, que agita la cabeza, grita y vibra con el metal y su lógica de resistencia. Una forma de vivir la ciudad y contar su historia. Una forma de entender, el rostro de Medellín desde la oscuridad del metal.

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