Luego de muchos momentos de historia, de canciones, de conciertos, de ser punketos, rockeros, boleristas, baladistas, folcloristas, su trayectoria regresa en flashback, y Aterciopelados nos dice: “Olvídense de nosotros y volvamos a empezar”. Por eso, hoy sus canciones resuenan como un eco y estalla el big bang necesario para que Héctor y Andrea vuelvan renovados.
Y regresan no solo a tocar en los escenarios del mundo, sino a componer y grabar. Ellos, que sabemos son un clásico, afrontan este retorno con valentía y lo hacen así nunca los hayamos olvidado, para romper con el estereotipo del rockero de siempre, el eterno.
Sí, yo esperé mucho para decir esto: Regresan los Aterciopelados, pero ponerme en las botas de ellos me asusta. La crítica, el pasado de su éxito que los persigue, las figuras de fama que crearon a su alrededor; créanme, eso no los representa a ellos. Para entender su nuevo sonido, sus canciones, su regreso luego de mucho tiempo, es el momento de que olvidemos su pasado y escuchemos su nueva propuesta; es el momento de dejarnos sorprender como con los primeros amores, sorprender por la novedad y curiosidad de lo nuevo. Así que olvidemos los Grammy, las listas de The New York Times, La Ciudad de la Furia, la Florecita Rockera y el Bolero Falaz, olvidémonos de todo eso, incluso de la figura de fama por ser los rockeros más importantes del país. Sintamos el impacto de Aterciopelados y estas nuevas canciones frescas y decantadas, añejas y fermentadas, que necesitan oídos atentos y críticos. Escuchemos como si nunca los hubiéramos sentido.
Este, su nuevo disco, llamado Claroscura, es una contradicción, es un volcán en erupción y un remanso de paz; es alegría, esperanza y pesimismo gótico; es arcoíris, vuelo de colibrí, lamento de mujer, y aullido punkero. Su ADN cuenta las historias de una mujer y un hombre, con sus luchas, sus visiones, sus luces y sus sombras.
Sus canciones van desde el folclor, el punk, la ranchera, el rock, el vallenato, el electro, hasta la cumbia y la andina envenenada. Hablan del amor, el despecho, la memoria, la calle, el ser rockero y querer vivir de esto sin pretensiones. Son canciones de una banda madura, que demuestra el terreno recorrido y las pocas ganas de ser radicales; en este disco, por el contrario, hablan de sinceridad y la verdad, les queda muy bien. Sí, es un disco sincero, fue la primera percepción que tuve al escucharlo, tanto, que el mantra espiritual al que nos tienen acostumbrados, se transforma en “Ay hombe”, y eso ya es mucho decir. Cuando lo escuchen lo entenderán. Es por esto que esta es una placa musical sin tanto espectáculo y sin pensar en la industria, es un disco hecho para ellos y quienes quieran de verdad escucharlos.
Los Atercio han vivido la música a punta de manivela, les ha tocado pedalear para lograr lo que tienen, por eso los respetan, porque no necesitan hacer rock para ser rockeros. Son un clásico, sin lugar a dudas, un clásico que nos representa como colombianos, pero por ser clásico no se quedaron atrás, no se endiosaron, no se estancaron. Ellos son hoy, están vivos y vigentes. Así que la invitación es a que abran los oídos a este, su nuevo disco, y aplaudamos al unísono pues los Aterciopelados regresaron.
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