Llega el momento de un nuevo Altavoz, el ansiado momento en cual nos encontramos con el sonido en vivo de Medellín, Colombia y el mundo. Y con esa fecha anhelada por músicos y espectadores, también como es costumbre, llegan las críticas buenas y malas, cosa que en vez de molestarme me alegra, pues al ser un festival público, es necesario que cientos de personas se sientan representadas, y estas mismas puedan comentar y cuestionar, siempre y cuando se haga con criterio, conocimiento y respeto.
Este es un momento particularmente importante para la música colombiana, pues la producción de canciones está en crecimiento y el nombre de agrupaciones nacionales empieza a resonar en diferentes sectores del mundo, y todo esto, quieran o no, es gracias a espacios como este. El Festival está realizando un proceso de curaduría que quiere educar sonoramente a Medellín, sacarla de las montañas y proponerle no solo sonidos clásicos, sino vanguardia y agrupaciones “desconocidas” para muchos. A la ciudad aún le hace falta conocer mucha música, y el Festival año a año, trata de brindarle nuevos descubrimientos, que deberían ser recibidos como un coqueteo casual que pretende ganar en seducción.
Miguel Botafogo, “Don Vilanova” por ejemplo, es una de las bases y raíces de la guitarra y el blues en latinoamérica, su historia hizo grande al rock argentino y al blues en español. Steel Pulse, por su parte, es uno de los referentes más icónicos del reggae mundial. Asphyx, es una agrupación que desde 1987 ha creado death metal desde la oscura escena europea. El Último Ke Zierre, es una banda que no necesita presentación, pues gracias a sus canciones y a sus 17 discos, el punk español sigue vigente.
Gogol Bordello, ha sido catalogado por revistas especializadas en el mundo, como uno de los 20 shows en vivo más impactantes en la historia de la música, y sin hablar de bandas locales y nacionales que se medirán en un mismo escenario con grandes de la música mundial: Rosita y Los Nefastos, Los Petit Fellas, La Fidel, Jaibanakus, Pedrina y Rio, Inwaves, Federico Goes, Mc Kno, entre muchas otras agrupaciones.
Quizá cuando el festival termine y apague sus luces, el público entenderá que lo desconocido es una importante oportunidad de crecimiento. Es precisamente por eso que hay que vivirlo y aprender de el.
Además de esto, el Festival también tiene retos gigantes, como mirar de frente a los demás festivales del mundo, ampliar sus procesos de circulación e intercambio, hacerle entender a los músicos que Altavoz no es un concurso ni el único espacio, proponerle a la ciudad un lugar propicio y fijo para sus conciertos, y exigirle más nivel a la música de Medellín para que pueda ganar de nuevo el lugar que tan orgullosos seguimos exaltando ante el país.
Son 55 agrupaciones para todos los gustos, desde el reggae, rap, pasando por el metal, punk, rock, electrónica y más. Vaya, viva Altavoz, opine sobre su proceso, pero también proponga, pues tener opiniones diversas desde el punto de vista de la música es otra forma de construir ciudad. Con toda seguridad que si usted no solo crítica, sino que también propone, el mismo festival lo va a escuchar y le agradecerá, pues es evidente que Altavoz debe seguir creciendo y evolucionando.
Disco recomendado de la semana:
Historias Mínimas – Los Petit Fellas