Somos muchos los que queremos salir corriendo de Medellín en la semana de Feria de Flores, por una razón sencilla, está pensada para el consumo de alcohol y el descontrol.
Los espacios que promueve la del 2016 apuntan a la rumba y la embriaguez, nada de tradiciones ancestrales sobre la culinaria paisa, la verdadera historia de un pueblo. Lo que de verdad nos identifica ha sido despreciado, o parece que la Alcaldía desestima este aspecto. Los organizadores la proclaman como el centro de las festividades de la ciudad, el más importante, el lugar perfecto para vernos como paisas, como antioqueños de verdad, pura paja, como diría mi abuelo.
La primera inquietud cuando uno sale de casa hacia estas fiestas es ¿dónde y qué vamos a comer? Y esto nos sucede a muchos, solo es mirar alrededor para ver al público con mazorcas en las manos, arepas de queso, picadas de trompa de cerdo, oreja y chinchurria, helados, dulces y toda la variedad de comida grasosa y barata, que usted se pueda imaginar. Ahora bien, si esta feria es para mantener la tradición de tomar aguardiente y succionar cerveza, que es lo que más les preocupa a los patrocinadores, sin importar los estragos siguientes, entonces está bien enfocada. Pero si es un lugar de encuentro para la familia, están más perdidos que Adán en el Día de la madre.
Todavía tienen tiempo de enderezar el camino, no es difícil organizar concursos de arepas hechas a mano, competencias entre barrios al mejor sancocho, los cafés de Medellín, porque alguien debe informarle al alcalde Federico Gutiérrez, que así como trova, tieso y majo, debería preocuparse por la representación de los cafés del barrio La Sierra, de Palmitas, de San Antonio de Prado y otros de alta calidad, cultivados en las montañas de la ciudad, que ya me da pena sacarle en cara y que parecen desconocer, como siempre, los logísticos.
Organizadores de la Feria, muy bonito todo, pero craso error dejar por fuera de la programación un evento central de la cocina antioqueña. El desliz viene de tiempo atrás, pero ustedes pueden enmendar la falla, tienen tiempo, no se atraganten de salchipapas ordinarias o de hamburguesas quién sabe de qué carne, pongan atención en la arepa de choclo, en los platos tradicionales y sobre todo y ojo con esto, en sus exponentes, las cocineras de los barrios, porque no me vayan a salir con que para solventar el problema, van a invitar a cocinar a un masterchef, del gusto del relacionista público, para que nos venda espuma de chorizo o esferificaciones de empanada de parroquia con nitrógeno. Vuélvanse serios, todavía tienen tiempo, no todo puede ser guaro.
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