Las Contralorías se han vuelto unos fortines politiqueros que desdicen de su función de control fiscal. Miren los hechos de corrupción del Hospital La María. El año pasado la Contraloría de Antioquia le hizo una auditoría a esa entidad. Y dijo que todo estaba normal, a pesar de que era de público conocimiento que allí estaban usando mal los recursos de las estampillas que recaudan las entidades públicas. Los estaban destinando para su flujo de caja, algo prohibido que ameritaría un hallazgo fiscal gravísimo. ¿Y a cuento de qué la Contraloría no halló nada? Pues ya no es solo el problema de las cuotas políticas, sino de los favores cruzados entre los directivos del hospital y el contralor.
Aparte de este asunto, la gestión del contralor Sergio Zuluaga ha sido completamente gris. No iba a la Asamblea, y tiene otros cuestionamientos encima que deben investigarse a fondo. Esto debe hacer pensar sobre la forma de elección de los contralores y para perfeccionar los controles que se les debe aplicar.
También hay un daño muy grande a la credibilidad de la administración municipal con la captura del ex secretario de Seguridad, Gustavo Villegas. ¿Sabía el alcalde Gutiérrez de las andanzas de aquel? El alcalde ha dicho que lo conocía muy bien, ¿y no sabía lo que hacía?.
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