Hablamos de países mucho más equitativos, los nórdicos, y Colombia en contraste es uno de los menos equitativos. Pero hay una constante, por ejemplo, en que los episodios de violencia de género ocurren más en el hogar; es decir, el lugar más inseguro para la mujer, según investigaciones de Naciones Unidas, es su propio hogar. No lo son tanto el lugar de trabajo y la calle.
Y todo ello obedece a hechos de cultura: ideales de cultura patriarcal. Las transformaciones y los cambios culturales son muy lentos, incluso en países más desarrollados económicamente o con legislaciones más completas, como Colombia. Lo que pasa es que la gran brecha está entre lo que hay en el papel y la realidad. Colombia tiene leyes bellísimas en el campo de género y población LGBTI, más que en Francia, por ejemplo.
En todo esto se mantienen vigentes los grandes idearios e imaginarios de la cultura patriarcal y la sumisión de la mujer que se resisten a derrumbarse. Por eso en todos los países, aun en los más desarrollados, existe violencia y discriminación contra la mujer. Todo cambio en este campo es esencial que se dé desde la cultura. En la academia, en los medios. En la difusión de leyes y análisis que hagan entender, por fin, que la mujer es sujeto social de derechos.
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