El “Modelo de Indicadores de la Educación” o MIDE, aplicado a universidades e instituciones universitarias, no cumple con ninguno de los objetivos trazados por el Ministerio de Educación Nacional para su desarrollo. Da un duro golpe a la acreditación institucional, modifica la tipología de IES definida por la Ley 30 de 1992, genera malestar en el sector (inclusive entre las “grandes”), es inequitativo, confuso, inconsulto, no promueve la calidad y tampoco viene acompañado de una política pública, seria, que efectivamente fomente la calidad del sistema.
A través del MIDE, el mensaje del Ministerio es que solo las IES mejor posicionadas en el ranquin son las más confiables en calidad, y que las que aparecen en últimos lugares no serían dignas de ser elegidas. Esto constituye una injusticia, pues el modelo está mal estructurado técnicamente, es incompleto y sesgado en la selección de la información, de tal manera que algunas IES reconocidas por su compromiso con la calidad quedaron en posiciones muy rezagadas versus otras que enfrentan serias falencias de calidad y les fue mejor de lo que ellas mismas hubieran esperado. Los cuatro principios que orientan el MIDE, destacados por la ministra (relevancia, objetividad, transparencia y replicabilidad) no se cumplen en la práctica .