La migración masiva de venezolanos por ahora genera problemas sanitarios en sus lugares de alojamiento y los alrededores, debido a las condiciones precarias y de informalidad de los asentamientos en parques e invasiones.
Hay problemas sanitarios también con productos alimenticios de contrabando (carne, pollo y productos preparados) que no tienen ningún control de las autoridades venezolanas en su salida.
Es innegable que esta migración masiva, diaria, no puede recibir los controles epidemiológicos y sanitarios, ni los profilácticos necesarios en el caso del trabajo sexual en que hay una población numerosa. Hay asomos de riesgos con el VIH, aunque aún no se sobrepasan los rangos esperados.
El peso de esta migración por supuesto lo siente el sistema de salud, debido a que hay una demanda extraordinaria del servicio público. Los recursos son limitados. En Venezuela no hay medicamentos ni calidad ni cantidad en el servicio. Su capacidad resolutiva es ínfima.
Hay vigilancia intensificada en las EPS y municipios de frontera frente a brotes atípicos y de interés, dado que hay muchas cadenas de transmisión. Es imposible una inspección individual a las personas que cada día llegan, por las limitaciones. Nos desbordan.
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