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Columnistas | PUBLICADO EL 16 marzo 2022

Una ilusión al sur

La pregunta que ronda hoy al país austral es qué tan drástico será el timonazo de Boric. Los primeros signos de respuesta pretenden calmar las aguas, sobre todo en economía.

Una ilusión al sur
Por David E. Santos Gómez- davidsantos82@hotmail.com
Infográfico

Gabriel Boric Font, de treinta y seis años y con cinco días como presidente de Chile, es una esperanza política en medio del desánimo generalizado que flota por Suramérica. En su posesión, el pasado viernes, el hasta hace muy poco líder estudiantil ofreció un discurso en el que intentó desligarse lo más posible del legado de su antecesor, el centroderechista Sebastián Piñera. Prometió un apoyo irrestricto a la nueva Constitución que se discute, resaltó el enorme reto migratorio que tiene su país en el norte, reconoció el desafío abismal en economía tras la debacle pandémica e insistió, por último, en que el eje de su gobierno será la lucha contra una desigualdad vergonzosa. El gabinete que Boric ha compuesto para que lo acompañe en semejantes tareas es mayoritariamente femenino, en una señal clara de que las cosas ahora son diferentes. Antes de que asome el fondo de la transformación es importante que las novedades se vean en la forma.

Sorteando la ola de impopularidad de los partidos políticos tradicionales chilenos, Boric construyó la campaña que lo llevó a La Moneda aupado en un relato de renovación profunda. Sin embargo, de a poco, y a medida que su candidatura imposible tomó tintes de realidad y los números le obligaron a creer que podría ser el ganador, se hizo evidente que no todo podría ser un borrón radical y tejió una serie de acuerdos con fuerzas a la izquierda y al centro de su espectro. Esa red de compromisos que lo sostiene se une bajo objetivos similares en la ampliación del acceso a la salud, el feminismo y la disminución de la brecha salarial.

La pregunta que ronda hoy al país austral es qué tan drástico será el timonazo de Boric. Los primeros signos para responder la inquietud pretendían calmar las aguas, sobretodo en economía. Países como Chile, ortodoxos en el manejo de la hacienda, son poco receptivos a los cambios y en eso el presidente ha dado tranquilidad al nombrar como ministro de la cartera a Mario Marcel, un viejo conocido de los mercados que ya dirigió el Banco Central y trabajó con los gobiernos de Michelle Bachelet y Ricardo Lagos. Es en este rubro donde recaen las expectativas más inmediatas de un aumento de la capacidad adquisitiva de las clases medias y bajas. Por otro lado, las reformas profundas en el campo social requerirán más tiempo.

Boric promete que el trabajo de su gobierno será ordenado para que perdure. Su juventud, dicen los que lo conocen, no será excusa para la improvisación, pero las palabras tienen que sustentarse en actos. Él lo sabe y lo repite frecuentemente. No quiere ser aplastado por las expectativas. Es consciente de que de sus resultados están atentos los chilenos y buena parte de un continente que desea una nueva imagen del progresismo. Un sector de Latinoamérica que añora enterrar la imagen de la izquierda corrupta y autoritaria que por años se vendió como el cambio para atornillarse al poder 

David E. Santos Gómez
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