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Tras tres décadas y media de diálogos, no estoy de acuerdo con las negociaciones con los violentos y sostengo que no conducen a la paz. En una sociedad democrática y civilizada, lo justo es aplicar la ley a quienes la violan.
Se viene haciendo lo contrario: renunciar al estado de derecho, claudicar en la aplicación del imperio de la ley, arrodillarse frente a los violentos, garantizar la impunidad. Peor, se decidió romper el principio de igualdad frente a la ley para tratar mejor al criminal que al inocente. Los violentos además acceden a beneficios económicos y políticos que el ciudadano de bien jamás tendrá.
En nuestro país el crimen paga. En especial para aquellos que hacen parte de organizaciones delincuenciales, para los que matan mucho. Un terrorista, que asesina a sangre fría, tiene garantizada su impunidad. Los peores, los criminales de guerra y de lesa humanidad, son premiados.
Dos argumentos se esgrimen contra mi posición. Uno, que la negociación tiene precisamente que cese la violencia. Es contra fáctico. Los hechos muestran que las negociaciones no han traído el fin del conflicto ni el cese de la violencia. Hoy no hay paz, el conflicto interno sigue vive. Tampoco han disminuido los homicidios. El año pasado, con una tasa de homicidios de 26,8 por cien mil habitantes, hubo más asesinatos que en el 2016, 24,4 por cien mil.
También se sostiene que el diálogo es el único camino porque el uso de la fuerza no consiguió poner fin al conflicto. Muchos conflictos internos se saldaron con el triunfo de una de las partes. En Colombia derrotamos estratégicamente a las Farc.
Además el argumento es anti ético: primero, que se sigan produciendo asesinatos no significa que se deba renunciar a perseguir a los asesinos ni que haya que premiarlos. Una conducta mala repetida muchas veces no pierde su carácter perverso ni debe renunciarse a su castigo. Segundo, los ciudadanos de bien no deben arrodillarse frente a los asesinos para que rogarles que dejen de matar. Hay que fortalecer la Fuerza Pública para que no puedan seguir asesinando. La impunidad, por el contrario, no es solo anti pedagógica sino que estimula nuevas violencias.
Para rematar, las negociaciones solo han traído un reciclaje de los grupos ilegales y de sus liderazgos. Si algún grupo se desmoviliza, es reemplazado por otro. Y desde las negociaciones con la Corriente de Renovación Socialista, todas las desmovilizaciones han sido parciales.
El reciclaje de la violencia tiene explicación: hoy todos los grupos violentos, sin excepción, son mafiosos. La única manera de poner fin al conflicto y a la violencia es la derrota del narcotráfico. Es devastador que esa lucha, vital, tampoco quiera darse