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Columnistas | PUBLICADO EL 06 abril 2019

La vivencia del perdón

Por ALDO CIVICOaldo@aldocivico.com

El corazón es como un jardín en el cual podemos cultivar compasión u odio, hostilidad o amor. ¿Cuál flor eliges para cultivar en tu jardín? Me vino a la mente esta frase de Buda, el jueves pasado, mientras estaba con los miembros del Laboratorio Social de Medellín escuchando la historia del exsoldado Rubén Romero.

Romero pisó una mina antipersonal, por la cual perdió la pierna derecha y el ojo izquierdo, el 22 septiembre de 2008. Solo tenía 19 años y llevaba dos años sirviendo al ejército en la región del Chocó. El accidente pasó a solo unos días de salir a una licencia de descanso por un mes. Pasaron años difíciles, duros, dolorosos. Años de rabia y de rehabilitación. Romero terminó el bachillerato y decidió estudiar cocina. Finalmente, en su camino, encontró a Gloria Valencia, la mamá del chef Juan Manuel Barrientos, quien desde que abrió el restaurante Elcielo lidera la fundación, cuyo propósito es la inclusión social. Allá, Romero se capacitó durante seis meses y finalmente pasó a ser parte de la nómina del restaurante. Hoy es uno de los cocineros de ElcieloClassic, el nuevo restaurante de Barrientos en el Intercontinental de Medellín.

No siempre fue fácil. La rabia que Romero guardaba en el fondo de su corazón le provocaba mal genio. Hasta que un día Juan Manuel Barrientos le puso un desafío difícil: tomar la decisión de perdonar y así sanar su corazón. Romero lo pensó y al día siguiente comunicó que había tomado la decisión de perdonar. El exsoldado cuenta esta historia con una sonrisa, mientras nos muestra una foto. Alguien le señala que estaba más gordo en aquella imagen. “Rebajé de peso, pero el peso más importante me lo quité con el perdón”, comenta.

Entre quienes escuchamos a Romero, estaba también Dulce María, quien fue un miembro de las Farc y que un día decidió volarse de la guerrilla. Hoy Dulce María es también cocinera. El día que llegó a la fundación y se enteró que Romero era un exsoldado, la invadió un gran miedo. Le temía al rechazo y a la vergüenza. Decidió ir a saludar a Romero para pedir perdón y una segunda oportunidad. Romero la abrazó, y le dijo, “Bienvenida”. Dulce María y Romero hoy son colegas y recientemente viajaron juntos a España para una especialización de unos meses en gastronomía. Son dos personas que decidieron cultivar las flores del perdón y de la compasión en el jardín de su corazón.

Por lograr trascender su pasado, Dulce María y Romero son unos líderes auténticos de perdón y paz. También nos muestran que el perdón y la paz se hacen posibles cuando hay empresas como Elcielo que, de la mano de la Agencia de Reintegración, acogen sin prejuicio, capacitando y brindando un trabajo digno, a quienes han dejado las armas. Sobre todo, como escribe David Escobar en el último Informe de Comfama, nos demuestran que el perdón tiene una dimensión fundamental de la conciencia humana que todos podemos cultivar. Antes de ser una dimensión política y social, el perdón es una experiencia vivencial.

Aldo Civico

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