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“De niña, no quería ser negra” (La vicepresidenta Francia Márquez, en entrevista con Cnn. Lo decía al ver la discriminación que sufrían los de su raza).
En un paradero de buses me tocó presenciar una bella escena protagonizada por Martín, de 3 años, y su mamá:
Mami, mami, mira la luna.
¿Cierto que es hermosa?
Quiero tocarla, gritó Martín.
No, tesoro, dijo Susana, está muy alta.
Corramos, mami, el abue tiene escalera.
Cuando Vida, de 8 años, y su familia, comieron en la mesa del comedor y no en la tradicional mesita de la cocina comentó: “Mami, cuando comemos en esta parte de la casa parecemos ricos”
Mi sobrino Roberto, de 3 años y medio, es increíble en su razonamiento y en el uso del lenguaje. Un día que salió con algo gracioso, le dije:
Tu eres un cuento.
¿Por qué me dices eso: acaso tengo hojas?
Felipe, de 6 años, dialoga con su padre:
- Tu tío Carlos no come helados.
- ¿Por qué?
- Porque cuando era niño sufrió de bronconeumonía y el frío le hace daño.
- Entonces, ¿a mi tío le calientan los helados?
Jacobo, de 5 años, al escuchar que su abuelo, Pacho Semillas, en estado de coma permanecía sin despertar en la Clínica León XIII, nos propuso pedirle de regalo al Niño Dios un ¡reloj despertador!
“Tú me quisiste desde niño y eso quiere decir para siempre”. (Raúl Gómez Jattin, poeta).
La mamá de Camila, ejecutiva de un banco, llega un poco preocupada por un asunto sin resolver. Su hija de 6 años, al verla, le dice: Mami nos contaron la historia de David y Goliat. ¿Sabes qué pienso? Que el Goliat es un problema difícil, y que hay que buscar el puntico que lo ayuda a resolver. ¡Mañana concéntrate como David en ese puntico!
Catalina, de 3 años, va en el carro con su papá:
Mira va una “gruba”,
Hija, se dice grúa.
No, es que ya le cambiaron el nombre.
David, 4 años, al despedirse de su abuelo, después de celebrar el día de la madre: feliz día del madro.
El niño cogió un pedazo de carbón y escribió en el cemento una palabra fea. La madre que leyó el texto lo reprende: te vamos a lavar la boca con jabón. Respuesta del chiquillo: no dije la palabra, la escribí. No deben lavarme la boca, sino las manos.
Un día en el jardín infantil la lonchera se componía de arepa de garbanzos, lechuga y brócoli. Ante semejante banquete vegetariano, Candelaria, de 3 años, comentó: “Nos están dando la lechuga de las gallinas”.
Mi nieta Ilona, un tsunami de 8 años, le salió con este piropo a su madre: “Mami, eres una estrella fugaz que llegó a la tierra”.