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Columnistas | PUBLICADO EL 16 febrero 2015

Dominar el arte de estar satisfecho

  • Dominar el arte de estar satisfecho
  • Dominar el arte de estar satisfecho
Porjuan david escobar valenciajescob20@eafit.edu.co

“Tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor”. Óscar Wilde.

La semana anterior leí un útil e interesante artículo del columnista de Wall Street Journal, Brett Arends, que sugería una lista de mandamientos básicos para las finanzas personales, que recomiendo altamente.

En el texto de Arends, llamó mi atención la frase: “la única manera de tener suficiente es dominar el arte de estar satisfecho”. En ese instante me resultó sabia la propuesta y aunque no era la primera vez que oía una recomendación en esa dirección, concluí que debía ser algo que debería poner en práctica. Pero unos minutos después empezaron a surgir dudas sobre el alcance de lo que significa estar satisfecho.

¿Es posible establecer qué y cuándo se puede estar satisfecho? ¿De verdad sentirse satisfecho es una señal de logro o es una forma anestesiada de resignación? Difíciles preguntas que tienen más difíciles respuestas.

La satisfacción está ligada ineluctablemente a un objetivo propuesto y solo su definición permite su existencia. Entonces alcanzar la satisfacción ¿es el premio al esfuerzo o es el resultado de metas fáciles? ¿Dónde está el límite para decir si la satisfacción es un fruto o es la muerte? ¿Son los satisfechos los victoriosos que alcanzaron su trofeo o quienes sobreviven en el sopor de la costumbre?

¿Son las aventuras la sal de la vida o el salvoconducto para el infierno?

Ni siquiera el filósofo, político y economista John Stuart Mills, que habiendo navegado en tantos saberes, pudo encontrar la respuesta, pues dijo en una ocasión que: “He aprendido a buscar mi felicidad limitando mis deseos en vez de satisfacerlos”, pero parece estar también en la otra orilla del dilema cuando señaló que: “Vale más ser un hombre insatisfecho que un cerdo satisfecho”.

¿Será maligna la búsqueda de la satisfacción porque tal vez nunca termina y la meta final parece correrse voluntaria e involuntariamente? o ¿porque al quedar satisfecha una necesidad o deseo se entra en una espiral indefinida de unos nuevos?

¿O por el contrario, la inalcanzable satisfacción completa, en vez de maldición es un motor que nos invita a seguir en la lucha, a alcanzar niveles superiores? ¿Qué sería de la ciencia en manos de sujetos sin respuestas pendientes? El progreso, lo que sea que eso signifique, ¿se lo debemos a los satisfechos?

¿La felicidad será un efímero pero deslumbrante momento que pueden alcanzar en el último segundo quienes buscan triunfar en una maratón de muchas décadas, o será el premio menos estridente pero grato y sutil de quien puede sentarse a donde haya podido llegar y ver cómo crecen sus hijos y las flores?

No lo sé y seguramente nunca lo sabré. Con los años las cosas cambian. Ahora viejo, o mucho menos joven, a veces pienso que la satisfacción de lo alcanzado, y no necesariamente de lo planeado, era la meta verdadera y no las que ingenuamente pude haberme fijado; pero también cuando veo a mis estudiantes, algunos que quieren comerse el mundo, siento, como dijo Óscar Wilde, que tal vez lo mejor es ser humilde resignándose solo con lo mejor.

Lo lamento, no pude darles una respuesta satisfactoria.

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