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Sí, está mal contar plata delante de los pobres, pero no resisto la tentación de contar que conocí a Borges en su última visita a Bogotá, hace 38 años.
El sentimiento es el mismo cada vez que recuerdo ese encuentro con “el último delicado”. Es como si la Virgen se me hubiera aparecido como lo soñaba de niño. El otro sueño era volverme invisible.
Siempre que regreso al barrio de La Candelaria, en la ciudad vieja de la capital colombiana (hago la precisión porque de pronto Donald Trump lee estas líneas...
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