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Trump y XI: pocas nueces

hace 37 minutos
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Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com

Con ópticas y orientaciones diferentes, los gobiernos de Pekin y Washington han estado comunicando a la colectividad el positivo resultado de la reunión de Donald Trump y Xi Jinping. No son coincidentes los análisis que adelanta cada una de las dos administraciones, lo que es usual en el terreno de la diplomacia y en el de la política.

Así que lo que hay que observar con detenimiento es lo que lo que de cada lado se ha estado avanzando en los temas centrales del encuentro, todos a cual más trascendentes: los asuntos comerciales bilaterales, el escenario de la guerra con Irán y sus consecuencias, la atracción mutua de inversiones, la contención del tráfico de fentanilo, el acceso a las tierras raras y a los chips y , sin duda , el eje de las tratativas para la China de Xi: Taiwan y la gravitación china sobre la isla.

Aunque el éxito de la Cumbre ha sido altamente ponderado con el estilo propio de cada mandatario, apenas en dos terrenos se han visto ya acciones contundentes de parte de cada uno de los actores.

Pekin se ha manifestado abiertamente a favor de la apertura del estrecho de Ormuz. Hasta ahora China había condenado el uso de la fuerza en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, mientras se mantenía al margen del conflicto. El coloso de Asia nunca ha estado dispuesto a desempeñar el papel de garante de seguridad en regiones inestables como Oriente Medio. Pero no tanto como para hacer que su pretendida neutralidad trastoque sus vínculos con los Estados Unidos.

Así es como no bien concluida la Cumbre el jefe de la diplomacia china declaró que el estrecho de Ormuz “debe ser reabierto lo antes posible”, al tiempo que enfatizó que “la solución fundamental a los problemas relacionados con este paso marítimo reside en la consecución de un cese al fuego permanente e integral”. Ambiguo y escueto en cuanto a una guerra devastadora.

Por su lado Washington tuvo la ocasión de calibrar muy de cerca la relevancia que la isla de Taiwan como parte indisoluble de China tiene para el mandatario Xi. Y fue así como el primer movimiento oficial del gobierno estadounidense se orientó a advertir a Taiwán sobre una eventual declaratoria de independencia de China. No se trató de un acto conminatorio sino de una declaración difusa en lo político. Solo que resulta imposible determinar su alcance al provenir del primer proveedor histórico de armas de Taipei. ¿Es posible presuponer que Donald Trump no atravesará la línea roja claramente trazada por Xi y que se mantendrá en suspenso el suministro de armamento militar a la administración de Lai Chingte? Para Donald Trump lo que estaría en juego no es únicamente la venta de nuevas armas que asciende a la friolera de 14.000 millones de dólares también sino la pausa en la entrega, el entrenamiento y el mantenimiento pendiente de aquellas que están amparadas por un contrato de suministro de diciembre de 2025 de un valor de 11.500 millones.

Los dos ejemplos anteriores describen bien el contenido de la “estabilidad estratégica” con la que los dos mandatarios han calificado la nueva relación bilateral. La realidad es que no han avanzado casi nada en aquello que los divide. Ambas potencias se comprometen en lo público mas no demasiado. Ni Pekín con la mediación en la guerra ni Washington con la no injerencia en la autonomía de Taiwan.

Dos cosas nos quedan claras: la disuasión es negociable y ni Trump ni Xi lograron lo que fueron a buscar.

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