Portadora del cambio, así podría decírsele a Irene Vélez, quien ha defendido a capa y espada la política de transición energética del presidente Gustavo Petro, aunque le ha costado las críticas de todo el mundo.
Varias de sus salidas en falso han desatado la burla en redes sociales, algo que cae mal en su familia, y desde el sector minero energético se dice que no está suficientemente preparada para el cargo, pues este debería ser eminentemente técnico.
La ministra es filósofa con doctorado en geografía política, y a sus 40 años es una de las más jóvenes del gabinete, quien con desparpajo sorprendió a todo el mundo por usar tenis en eventos diplomáticos, y ello le ha servido para explicar por qué causa molestia en ciertos sectores.
Incluso, en ocho meses de gestión ha sido convocada en dos oportunidades por el Congreso a debates de moción de censura que la han puesto a tambalear.
En esta entrevista, realizada en Marmato (Caldas) a donde fue para la firma del primer contrato de operación con miras a la formalización minera, se le vio muy segura y genuinamente convencida de lo que decía: “Estamos haciendo las cosas bien”.
Ministra, ocho meses en el gobierno y usted ha sido primera página muchas veces, todo lo que dice termina causando gran revuelo. ¿A qué se debe?
“Creo que yo soy una de las ministras que representa cambios importantes en la manera como se ha gobernado el país. Este es el primer gobierno progresista que tiene Colombia en 200 años, y hacer girar este barco requiere mucho esfuerzo, pero también genera miedos, controversias y contradicciones. En este ministerio se están haciendo cambios muy importantes desde la perspectiva de la justicia social, ambiental y económica, y eso tiene sus contradictores. No estamos acostumbrados a ver una mujer joven, que viene de las ciencias sociales, en una cartera que tradicionalmente ha sido manejada por economistas. Y creo también que es un tema de la edad”.
¿Ha sido mal interpretada?
“No, ¿sabes que no creo? Hay una cosa que es como el bullying. Y eso es indeseable en cualquier espacio público y privado. Uno les enseña a sus hijos a no burlarse de los demás y eso es algo que nos falta todavía en la cultura política del país. Porque esas burlas son dañinas y van a desprestigiar a la gente y a la política de ese gobierno sin profundizar en lo técnico. Pero más allá de eso que es la burla, que yo creo que es indeseable y no me la tomo personal la verdad, creo que hay una dificultad de arriesgarnos a cambiar. El cambio genera miedo”.
¿En qué consiste esa idea de que no se firmen nuevos contratos de exploración de hidrocarburos, cuando es de lo que vive el país?
“Esta no es precisamente una propuesta de no firmar contratos, es una propuesta de hacer una transición energética, que es mucho más comprensiva que un tema de contratos. Nuestra política en términos de hidrocarburos tiene un principio que es mejorar en la eficiencia, porque no siempre más contratos significan más reservas. Creemos que la eficiencia se logra desde un mejoramiento tecnológico, el upgrade tecnológico, eso quiere decir que haya técnicas de recobro mejorado que se utilicen de manera más permanente y consistente y que nos permita extraer esos recursos que quedan residuales en los campos que ya están cerrando y nos permitan prolongar la vida de los campos petroleros. Creemos que es necesario un acompañamiento del gobierno en los procesos de exploración y en un momento muy clave de los contratos que se llama la fase cero o fase preliminar, que es cuando los operadores de los hidrocarburos, de los proyectos, tienen que hacer su licenciamiento ambiental y social. Cuando se quedan solos, a veces quedan estancados en unos lugares, en unos procedimientos que si el gobierno está acompañando, podemos impulsar de mejor manera. Para nosotros esto tiene que ver también con dónde están las otras inversiones, y estamos haciendo un esfuerzo tremendo por acelerar las energías verdes, por meternos en los temas de hidrógenos blanco, azul, verde”.
Cuando usted habló de estos recobros mejorados varios expertos dijeron que eran más contaminantes y costosos.
“Eso depende del lugar donde se realicen y las tecnologías que se empleen. A nosotros nos interesan los recobros mejorados donde el agua que se utilice sea la misma que sale de la explotación petrolera. Cuando hay un hallazgo en el subsuelo, muchas veces es agua, ni siquiera es gas ni hidrocarburos líquidos, sino que es agua. Generalmente cuando uno hace una explotación petrolera, lo primero que saca es agua; esa misma agua se puede reinyectar y, con un nivel de presión más importante y una tecnología más sofisticada, utilizar para que haya recobro mejorado. Incluso se habla también de que uno puede utilizar otros gases como CO2 para inyectarlos en el subsuelo y de esa manera hacer recobro mejorado.
Ahora, eso sí es más costoso, pero en este momento el precio internacional que tenemos de petróleo nos permite generar una viabilidad para esa tecnología”.
¿Pero ya se está haciendo?, porque estos precios no los vamos a tener eternamente.
“Se hace, pero se hace muy poco comparado con, por ejemplo, México. Por eso es que nosotros decimos que hay que aprovechar este boom de los precios, lo que tenemos que hacer es hoy sacar lo máximo que sea posible en las infraestructuras de operación petrolera que hay vigentes. No lograríamos nada sacando mañana un nuevo contrato si sabemos que en Colombia el proceso de exploración sobrepasa los ocho años. ¿Qué va a pasar en ocho años con ese contrato que demos? No tenemos ni idea, porque no sabemos en la economía global cómo va a estar el petróleo dentro de ocho años. En cambio, sí sabemos cómo está hoy”.
También se le vino el mundo cuando dijo lo de importar gas de Venezuela. ¿Vamos a llegar a ese punto?
“En este momento nosotros importamos gas, lo cual no es deseable, pero eso sucede porque el gas lo necesitamos para la confiabilidad del sistema eléctrico. Es decir, nuestras termoeléctricas dependen de la utilización de gas”.
¿De dónde se está importando ese gas?
“Sobre todo de Texas. Entonces, nuestra política indica que en la medida de la posible deberíamos mejorar los procesos de exploración y explotación en el país para reducir esa necesidad de importaciones que está proyectada. ¿Cómo hacemos eso? Van a ser muy importantes las reservas y los proyectos que tenemos en este momento en el costa afuera: Gorgón, Orca y Uchuva, e incluso hay por allá, un poco más lejos en el costafuera, un campo que se llama Komodo. Y ahí tenemos recursos prospectivos que pueden ser muy importantes. El desarrollo de esos recursos es la prioridad de la política de gas de este gobierno”.
¿Le preocupan los anuncios que ha hecho Emeral Energy de Exxon de entregar contratos?
“Me preocupa la conflictividad social. Y la conflictividad social es un problema que este país hereda por décadas. Estamos trabajando como gobierno de manera intensa en construir las condiciones de la paz total. Porque en buena medida lo que pasó en el Caquetá, en los pozos, fue el resultado de un acuerdo de paz que no se cumplió. Y donde hay un montón de expectativas de parte de las comunidades campesinas que quedaron ahí, viendo un chispero. Muchas de las comunidades que nosotros nos encontramos allá están en el borde de haber dejado los cultivos de coca y no encontrar una respuesta por parte del Estado e indignarse respecto a una operación petrolera. Para mí la mayor preocupación es la conflictividad social que está asociada al proceso de explotación de hidrocarburos. En ese sentido, tenemos la Estrategia territorial en hidrocarburos, y desde ahí hacemos un acompañamiento que queremos que sea integral, que haya inversiones, diversificación productiva y educación. Este tipo de apuestas son realmente en las que estamos comprometidos como gobierno.
Ahora, Exxon es un caso muy particular porque tiene este contrato que ha dicho que quiere ceder a la otra empresa con la cual comparte la operación. Ese contrato está suspendido hace mucho rato, mucho antes de que llegara este gobierno, por temas ambientales. Eso es una cosa que pasa entre privados, es bastante común en el mundo de los hidrocarburos. Hay que reconocer que Exxon es una empresa que prefiere el fracking porque es ahí donde se concentra su operación petrolera, así lo está haciendo en Texas, en EE. UU. Entonces es más o menos esperable que en el caso de que salga aprobada la ley contra el fracking y contra los yacimientos no convencionales, una empresa que hace fracking ya no vea las oportunidades aquí en Colombia. La participación que tiene en términos de inversiones Exxon en el país es realmente baja. Y en este momento no está operando ningún campo”.
Entonces, ¿bien ida esa empresa si lo que quiere es hacer fracking?
“Claro, porque en este país no queremos hacer fracking. Y este gobierno no quiere hacer fracking. Y por fortuna, la mayoría de los partidos políticos se pusieron de acuerdo, al menos en Senado, en que este país no se merece el fracking por la conflictividad social que genera, por las dificultades que tiene en términos de vibraciones, por el impacto que tiene sobre los recursos hídricos. Entonces creo que es un muy buen mensaje respecto a la prioridad que tiene la protección ambiental en Colombia hoy”.
Nosotros hablamos todos los días con empresarios y es un sentimiento generalizado que este es un gobierno antiempresa, y se siente especialmente en las empresas de este sector. ¿Cómo está haciendo usted para atraer la inversión y para que los que están quieran quedarse?
“Yo creo que nosotros no somos antiempresa, y de hecho, tengo muy buenas relaciones con empresas del sector de hidrocarburos. Me reúno con mucha frecuencia, y en muy buenas condiciones, con Petrobras, con Oxy, con Shell, con Ecopetrol, por supuesto, con SierraCol, con Jocol. Entonces, esa información que tú tienes no es la misma que yo manejo. Los términos en los cuales nos relacionamos con la industria de los hidrocarburos son excelentes. Claro, con unas decisiones de gobierno: no queremos hacer fracking y queremos que la Amazonía no tenga nuevos pozos petroleros. Ese es un sentido político de protección ambiental por sobre otras prioridades”.
Esta semana teníamos a la ministra de Agricultura, Cecilia López, en el Foro de Perspectivas Económicas 2023 de EL COLOMBIANO, donde se expresó con molestia hacia su proyecto de transición energética. Pero también hemos escuchado a otros ministros hacerlo, como a José Antonio Ocampo, de Hacienda, y a otras personas dentro del gobierno. ¿Cómo es esa relación con el resto del gabinete?
“Las decisiones que yo ejecuto en el sector de Minas y Energía son decisiones del presidente Gustavo Petro. Es decir, yo aquí soy una ministra, y una ministra que se debe fielmente a un programa de gobierno, que está apostado por la transición energética justa, que no solamente le corresponde a esta cartera, sino que también tiene extensión y alianzas con otros sectores estratégicos, por ejemplo, con Industria y Comercio, porque todo lo que dejemos de producir aquí es riqueza que tiene que producirse con otros sectores, y también con Agricultura. De hecho, con el viceministro Darío Fajardo, hemos trabajado de una manera muy articulada y muy estrecha en el desarrollo de un programa de soluciones agrofotovoltaicas para las zonas no interconectadas. Estamos llegando con un programa de energización para la agricultura, para que podemos realmente dar el salto que estamos esperando dar en la reforma agraria. Y eso lo estamos trabajando de manera muy estrecha con esa cartera. Entonces, creo que estamos remando para el mismo lado”.
El gran objetivo es la transición energética, ¿hay plata suficiente para lograrla?
“Estamos elaborando una hoja de ruta para la transición energética justa, que nos permitirá definir con completa claridad cuáles son las metas. Nosotros sabemos hoy que la descarbonización de la economía, sobre todo en Europa, se va a acelerar, es lo que está pasando en este momento y son los compromisos que están adquiriendo los gobiernos europeos, que además son nuestros principales compradores de buena parte de los hidrocarburos y el carbón. Entonces, esa descarbonización global implica que nosotros tenemos que acelerar nuestra propia transición”.
Pero, ¿cuánto vale?
“Eso es algo que dependerá de cuáles son las tecnologías y de cuál es la rapidez con la que tomemos las decisiones. Es muy importante decir que esto tiene que venir de una inversión privada, pero también de una inversión pública, sobre todo en el sector eléctrico, donde la mayoría del desarrollo del depende del capital empresarial. Va a ser muy importante esa participación”.
Lleva dos intentos de moción de censura, ¿usted misma se ha cuestionado en el cargo?
“No, para nada. Yo estoy aquí súper convencida, en primer lugar, de estar haciendo todo lo que está a mi alcance: trabajo de manera intensa más entre 14 y 16 horas diarias, veo muy poco a mis hijos y a mi esposo, cosa que también me reclaman de ese lado, y creo que estoy muy bien formada para esto. Claro, mi formación es integral e interdisciplinaria, lo cual puede que a algunos les parezca que es o no es, pero creo que estamos dando la pelea por una agenda de transformación muy importante para el sector minero energético. Y eso me complace muchísimo. Creo que lo estamos haciendo muy bien”.
¿Cómo vive su familia el bullying del que hablaba al comienzo?
“Mis hijos no saben —tienen 8 y 5 años—, y no saben porque no ven televisión. Mi mamá prefiere no enterarse, le dice a la gente, ‘no me digas nada’, porque sufre, obviamente. Los papás sufren mucho. Mi papá está mucho más enterado y se siente, se afecta emocionalmente. Yo también me afecto emocionalmente con la persecución. Pero el hecho de que me afecte no significa que quiera retroceder, ni que esté dispuesta a dar un paso al costado, todo lo contrario. Estoy segura que cuando ladran los perros es porque estamos cabalgando”.
Ya que habla de su papá, también se ha cuestionado mucho el papel de su papá en el Ministerio, y se dice que tiene superpoderes, ¿qué tanto poder tiene?
“Mi papá tiene enorme poder sobre mi corazón. Ha sido para mí una luz en mi formación, buena parte del ambientalismo en el que yo me formé, de la ecología política y de la economía ecológica que aprendí a leer desde muy joven es gracias a mi papá. Los primeros libros de filosofía me los regaló él. Es muy importante para Irene como hija, y con los valores académicos y morales que yo represento y que con mucho orgullo utilizo para hacer mi vida pública hoy. Ahora, en el ministerio, yo soy su cabeza y soy su cabeza pensante y directiva”.
¿Pero él influye en decisiones que usted toma?
“Para nada. No hay ni una sola en la que haya influido”.
¿Cómo quiere ser recordada cuando se acabe este gobierno?
“Como la que se puso los tenis por la transición energética justa en este país”.